Las exportaciones vitivinícolas argentinas iniciaron 2026 con un desempeño mixto: crecieron en la comparación interanual, pero retrocedieron frente al cierre de 2025. Según datos oficiales difundidos en enero por el Instituto Nacional de Vitivinicultura, el sector exportó 141.681 hectolitros, un 17,9% más que en enero del año pasado, aunque 15% menos que en diciembre. La clave del resultado fue el fuerte avance del vino blanco, que evitó una caída mayor en el total.
El dinamismo estuvo concentrado en los vinos blancos, con y sin mención varietal, que registraron un salto interanual del 134% y crecieron 16,6% frente a diciembre. En enero se despacharon 41.684 hectolitros, unos 6.000 más que el mes previo y 24.000 más que en igual período de 2025. Dentro de ese segmento, se destacó el crecimiento del vino a granel, cuyas exportaciones aumentaron 688% interanual, impulsadas por la demanda de mercados que priorizan precio y volumen.

El contraste fue el vino tinto, que continuó mostrando debilidad. Las ventas externas de variedades de color cayeron 2,3% interanual y más de 24% respecto de diciembre, perforando el umbral de 100.000 hectolitros exportados en el mes. La menor tracción del tinto explica buena parte del retroceso mensual del sector y refuerza una tendencia que se viene observando en los últimos trimestres.
En términos de destinos, el mapa exportador mantuvo su concentración. Reino Unido, Estados Unidos, Brasil y Canadá reunieron más de la mitad de las compras externas de vino argentino en enero, consolidándose como los principales motores del comercio exterior del sector.

En valores, las exportaciones generaron ingresos por unos 40 millones de dólares, en línea con el nivel interanual, aunque por debajo de los registros habituales. Durante 2025, el piso mensual se ubicó en 38 millones y el promedio no descendió de 55 millones, lo que deja margen para una mejora en los meses siguientes si se consolida el envión de los blancos y se estabiliza el desempeño del tinto.
El inicio de 2026 deja así una señal clara: el cambio en la composición de la demanda internacional empieza a reordenar el mix exportador. Con el vino blanco ganando protagonismo, el desafío para el sector será sostener volúmenes y valor agregado en un contexto externo más competitivo.