Una empresa familiar nacida hace poco más de dos décadas en la Patagonia argentina logró consolidarse como exportadora de cerezas de alta calidad y hoy vende al exterior cerca de 800 mil kilos por año, en un mercado exigente y altamente concentrado. Se trata de Frutos del Valle Patagónico, una pyme con base en Chubut y Santa Cruz, que emplea hasta 240 personas en temporada y enfrenta ahora el desafío de ampliar su infraestructura para sostener el crecimiento. La historia fue reconstruida por Clarín a partir del testimonio de sus protagonistas.
El proyecto comenzó en 2003, cuando Viviana Bircher, contadora pública, y Omar Salinas, entonces empleado del Banco Nación trasladado a Trelew, decidieron incursionar en la producción de cerezas como actividad complementaria. Con asesoramiento técnico, plantaron cuatro hectáreas de cerezos y aguardaron los primeros resultados. Con el tiempo, ese ensayo se transformó en una pyme integrada, con producción propia, empaque y llegada a mercados internacionales.

Según informó Clarín, uno de los puntos de inflexión fue la decisión de sumar el proceso de empaque. En los primeros años, la falta de infraestructura local obligaba a tercerizar esa etapa, lo que reducía márgenes y restaba control sobre la calidad. En 2010, la familia optó por hacerse cargo de todo el circuito productivo. “Decidimos abrir el empaque, de manera rudimentaria y 100% a pulmón, aprendiendo y sin conocimiento, con una máquina que no es la que tenemos ahora ni la que esperamos tener en un futuro”, explicó Sofía Salinas, hija de los fundadores e integrante de la conducción de la empresa.
Actualmente, Frutos del Valle Patagónico cuenta con 79 hectáreas implantadas: 33 en Chubut —en las chacras Cielos del Sur, Glyn y Las Santinas— y 46 en Santa Cruz, en la zona de Los Antiguos. La producción total oscila entre 900 mil y 1 millón de kilos por campaña, de los cuales entre 600 mil y 700 mil kilos se destinan a la exportación.

La empresa apunta a colocar alrededor del 70% de su producción en el exterior, siempre que existan conexiones aéreas y protocolos fitosanitarios habilitados. Sus principales destinos son China, Estados Unidos, Medio Oriente —con foco en Dubái— y el Sudeste Asiático, especialmente Singapur. Parte de la fruta también se comercializa en el mercado interno, que en los últimos años ganó relevancia por la mejora en la relación de precios.
Sofía Salinas remarcó que el negocio de la cereza es particularmente complejo. “Es una fruta muy delicada”, señaló, al detallar que trabajan con siete variedades que se cosechan en distintos momentos y presentan requerimientos específicos. Desde las tempranas, como Santina, hasta las tardías, como Staccato y Sweet Heart, el manejo agronómico y logístico resulta clave para garantizar calidad y firmeza.

El proceso incluye cosecha manual en totes de cuatro kilos, enfriado rápido, clasificación por calibre y calidad, y empaque en bolsas de atmósfera modificada para exportación aérea. Todo el circuito busca preservar un producto que apunta a un segmento premium.
De acuerdo con Clarín, el principal desafío estratégico está en la escala. El mercado internacional de cerezas está dominado por Chile, que concentra la mayor parte de la oferta hacia Asia. “Argentina llega tarde, porque no tenía abiertos los protocolos con China, al punto que hoy la cereza se considera chilena. Es muy difícil hacerle entender al consumidor que el argentino también produce cerezas”, advirtió Salinas.

En ese contexto, la empresa evalúa ampliar su empaque y sus cámaras de frío, hoy insuficientes para el volumen que manejan, lo que los obliga a trabajar en tres turnos durante la temporada. La concreción de un predio más grande en el parque industrial de Trelew aparece como una decisión clave para definir el futuro inmediato.
“Estamos muy orgullosos de lo que hacemos y queremos seguir creciendo. Creemos que la única solución es para arriba”, sostuvo Sofía Salinas. Con una producción que representa apenas una fracción de la chilena, la apuesta es clara: nichos de calidad, cumplimiento con los clientes y eficiencia operativa para que la cereza patagónica gane un lugar propio en el mercado global.