Una nueva generación de robots agrícolas con inteligencia artificial comenzó a incorporarse a explotaciones rurales de distintas regiones del mundo, con el objetivo de optimizar el monitoreo de cultivos, reducir costos operativos y responder a la creciente escasez de mano de obra. El avance de estas tecnologías marca un punto de inflexión para el sector agropecuario, históricamente más lento en la adopción de innovaciones, en un contexto de mayores exigencias productivas y presión sobre la rentabilidad.
El desembarco de estas soluciones se explica por varios factores concurrentes: el aumento sostenido de los costos laborales, la reducción del número de trabajadores rurales disponibles y el respaldo de políticas públicas orientadas a la automatización. De acuerdo con estimaciones del mercado tecnológico, el negocio global de los robots agrícolas podría superar los 100.000 millones de dólares en los próximos ocho años.

Entre los desarrollos recientes se destaca un robot autónomo con forma de perro, creado por la empresa Frutas AI, diseñado para recorrer cultivos de baja altura y recolectar información clave sobre el estado de las plantas. El dispositivo reemplaza tareas que hasta ahora requerían recorridas manuales de agrónomos y técnicos, fila por fila, con un alto consumo de tiempo y recursos.
El director ejecutivo de la compañía, Kedar Iyer, explicó que los desafíos actuales del agro exigen herramientas capaces de automatizar procesos básicos sin desplazar el conocimiento humano. El robot, denominado Agronomist Robot Dog, puede desplazarse de manera autónoma entre hileras, identificar sectores problemáticos, registrar datos productivos y regresar por sí mismo a su base para recargarse.
Gracias a sistemas de visión por computadora y análisis tridimensional de las plantas, el equipo procesa información de cientos de ejemplares en pocos minutos. A diferencia del muestreo tradicional, que suele cubrir apenas una fracción del lote, el robot permite analizar la totalidad del cultivo, mejorando la precisión de los diagnósticos y la toma de decisiones. Esto se traduce en un uso más eficiente de insumos, menor desperdicio y mayor previsibilidad en los rendimientos.
Las primeras pruebas de campo se realizaron en septiembre de 2025 en viñedos de uva de mesa en Chile, donde se registraron reducciones significativas en errores de ajuste y altos niveles de precisión en variables como tamaño, color y uniformidad del fruto. Según los desarrolladores, la integración del robot a las rutinas diarias fue rápida y bien aceptada por los equipos de trabajo.

El sistema puede operar de manera completamente autónoma o bajo control remoto mediante una aplicación móvil, lo que permite planificar recorridos, supervisar el avance en tiempo real y acompañar las inspecciones humanas. Su movilidad bioinspirada le permite avanzar sobre superficies irregulares o fangosas, aunque aún presenta limitaciones frente a obstáculos grandes o terrenos con infraestructura mal despejada.
La conectividad es otro de los desafíos pendientes en zonas rurales con baja cobertura. En esos casos, el robot continúa trabajando sin conexión y carga los datos una vez que retorna a su base. Pese a estas restricciones, los desarrolladores sostienen que el aprendizaje continuo del sistema mejora su desempeño campaña tras campaña.
La llegada de robots agrícolas autónomos anticipa una transformación profunda del trabajo en el campo. Lejos de reemplazar al agrónomo, estas herramientas apuntan a liberar tiempo de tareas repetitivas y fortalecer la gestión basada en datos, en una agricultura cada vez más tecnificada y orientada a la eficiencia.
