La Patagonia argentina y chilena concentra algunas de las especies vegetales con mayor capacidad antioxidante del mundo, según estudios académicos recientes que analizan la composición bioactiva de frutos y semillas nativas. Investigaciones de universidades de Argentina, Chile y España destacan que el maqui, el calafate, el piñón de araucaria, la rosa mosqueta, hongos comestibles australes y las cerezas del sur presentan niveles elevados de polifenoles, vitamina C y otros compuestos con potencial impacto nutricional y terapéutico. El fenómeno adquiere relevancia en un contexto de expansión del mercado de alimentos funcionales y de creciente interés por productos con respaldo científico.
De acuerdo con informes de la Universidad de Sevilla, la Universidad de Chile y la Universidad Nacional del Comahue, la adversidad climática del extremo sur —bajas temperaturas, alta radiación solar y amplitud térmica— actúa como un estímulo para la síntesis de compuestos fenólicos en especies adaptadas a ese entorno. Estos metabolitos secundarios cumplen funciones defensivas en las plantas y, en el consumo humano, se asocian con efectos antioxidantes y antiinflamatorios, de acuerdo a lo consignado por LMNeuquen.
El maqui (Aristotelia chilensis) es señalado como uno de los exponentes más destacados. Un estudio liderado por investigadores del Departamento de Farmacología de la Universidad de Sevilla y publicado en 2024 determinó que este fruto presenta los niveles más elevados de fenoles entre los frutos sudamericanos analizados y una de las mayores actividades antioxidantes registradas en la región.

El maqui (Aristotelia chilensis) es considerado el mayor tesoro biológico de la región debido a que posee la actividad antioxidante más alta entre los frutos sudamericanos
Los análisis identificaron concentraciones significativas de antocianinas, flavonoides y ácidos fenólicos, compuestos vinculados con la neutralización del estrés oxidativo celular. En modelos preclínicos, el extracto de maqui mostró efectos antiinflamatorios, antimicrobianos, antidepresivos y fotoprotectores frente a radiación UVB. Los investigadores también observaron indicios de regulación de parámetros metabólicos, lo que abre líneas de estudio sobre su posible aplicación en patologías inflamatorias intestinales.

Otro producto destacado es el piñón de la Araucaria araucana, árbol emblemático del sur andino. Base histórica de la alimentación mapuche, este fruto se caracteriza por su alto aporte energético y por ser naturalmente libre de gluten, condición que facilita su inclusión en dietas para personas celíacas.
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El piñón de la araucaria, base milenaria de la dieta mapuche, destaca por ser un alimento energético naturalmente libre de gluten, ideal para dietas celíacas.
Desde el punto de vista nutricional, la harina de piñón contiene aproximadamente 75% de carbohidratos, 6,5% de proteínas y 5,7% de grasas totales. Investigaciones citadas por la Universidad Nacional del Comahue indican además que la cáscara, habitualmente descartada, posee hasta 404 microgramos equivalentes de ácido ascórbico por miligramo, una concentración superior a la de la pulpa. El piñón también aporta fósforo, potasio, magnesio, hierro, cobre y zinc en niveles relevantes para la dieta humana.
El calafate (Berberis microphylla), arbusto espinoso característico de la región, completa el trío de berries patagónicos con mayor proyección. Investigadores de la Universidad de Chile identificaron en este fruto un elevado contenido de polifenoles con potencial para prevenir la obesidad y la resistencia a la insulina en estudios experimentales.

Como arbusto espinoso, el calafate produce frutos que superan en contenido de antioxidantes a la mayoría de los berries tradicionales.
Su perfil antioxidante supera al de varios berries tradicionales y lo posiciona como materia prima de interés para la industria de alimentos funcionales y suplementos. Al igual que el maqui, el calafate concentra antocianinas responsables de su color intenso y de parte de su actividad biológica.
La rosa mosqueta suma otro componente al listado de superalimentos patagónicos. Estudios agronómicos reportan concentraciones de hasta 1653 miligramos de ácido ascórbico por cada 100 gramos en plantas sometidas a poda controlada. Su aceite es ampliamente utilizado en la industria cosmética por sus propiedades regeneradoras cutáneas.

La región también alberga más de 30 especies de hongos comestibles. Entre ellas, las gírgolas se destacan por su contenido de proteínas con todos los aminoácidos esenciales, en niveles comparables a la carne vacuna. Este atributo refuerza su potencial como alternativa proteica en dietas vegetarianas o flexitarianas.
En el extremo sur de la provincia de Santa Cruz, las cerezas del valle de Valle de Los Antiguos completan el panorama. La amplitud térmica y el prolongado período de formación —que puede superar los 100 días— favorecen una mayor acumulación de azúcares y materia seca, parámetros asociados a calidad y densidad nutricional.
El interés por estos productos se enmarca en el crecimiento global del mercado de nutrición funcional, que combina atributos alimentarios y beneficios potenciales para la salud. La diferenciación por origen geográfico y por perfil fitoquímico ofrece oportunidades para la exportación con mayor valor agregado.
Sin embargo, especialistas consultados advierten que la validación clínica en humanos es un paso necesario para consolidar aplicaciones terapéuticas específicas. La evidencia actual, en muchos casos, proviene de estudios preclínicos o de análisis de laboratorio.
La convergencia entre biodiversidad, condiciones ambientales extremas y desarrollo científico posiciona a la Patagonia como un reservorio estratégico de compuestos bioactivos. En un escenario donde los consumidores demandan alimentos con respaldo científico y trazabilidad, estos superalimentos del sur comienzan a ganar espacio en la agenda productiva y comercial.