Alfalfa más resistente al exceso de agua: investigadores logran aumentar hasta 60% la biomasa con mejoramiento genético

El INTA y el Conicet desarrollaron poblaciones más tolerantes al anegamiento tras tres ciclos de selección, con mejoras clave en biomasa y vigor

Alfalfa más resistente al exceso de agua: investigadores logran aumentar hasta 60% la biomasa con mejoramiento genético
jueves 19 de febrero de 2026

Un equipo de investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) logró incrementar la tolerancia al anegamiento en alfalfa mediante mejoramiento genético, tras aplicar tres ciclos de selección fenotípica recurrente sobre materiales comerciales. El avance, dado a conocer este 19 de febrero de 2026, permite desarrollar alfalfas más robustas y adaptadas a suelos con mal drenaje, un factor que limita la producción forrajera en amplias regiones del país y afecta directamente la sostenibilidad de los sistemas ganaderos y lecheros.

El estudio partió de la necesidad de enfrentar uno de los principales condicionantes ambientales del cultivo: el exceso de agua en el suelo. Cuando el terreno permanece saturado, disminuye la disponibilidad de oxígeno y se afecta el desarrollo radicular, lo que reduce el crecimiento y el rendimiento. Frente a ese escenario, el equipo evaluó si la tolerancia a la hipoxia podía mejorarse a partir de la observación y selección sistemática de plantas con mejor desempeño.

“El rendimiento de la alfalfa se reduce de manera marcada cuando el suelo permanece saturado de agua, porque se afecta el desarrollo radicular”, explicó Maria Andrea Tomás, investigadora del Instituto de Investigación de la Cadena Láctea (INTA–Conicet). Según detalló, “mejorar la tolerancia a hipoxia mediante mejoramiento genético puede favorecer el cultivo en suelos con mal drenaje”.

Selección y resultados consistentes

El trabajo se desarrolló a partir de materiales liberados por el INTA y ampliamente adoptados por los productores, como Traful PV INTA y Limay PV INTA. Estas poblaciones fueron sometidas a condiciones controladas que simulan el anegamiento, con el objetivo de identificar las plantas con mejor comportamiento bajo estrés.

En cada ciclo, los investigadores seleccionaron el 10% superior de las plantas, aquellas que mostraron mayor vigor y mejor respuesta en términos de crecimiento. Luego, avanzaron con nuevos ciclos de selección sobre esa base. Tras tres generaciones, los resultados mostraron avances sostenidos.

Las poblaciones seleccionadas registraron un aumento superior al 60% en biomasa aérea seca y más del 40% en biomasa radicular seca respecto del material original. Además, se observó una mayor proporción de raíz en relación con la parte aérea, un rasgo vinculado a la capacidad de adaptación frente a condiciones restrictivas.

Estos valores indican plantas con mayor vigor general y mejor crecimiento en ambientes con exceso hídrico, lo que se traduce en una mayor estabilidad productiva en contextos donde el anegamiento representa una limitante estructural.

Alfalfa más resistente al exceso de agua: investigadores logran aumentar hasta 60% la biomasa con mejoramiento genético

“La respuesta observada confirma que existe variabilidad genética aprovechable y que la selección fenotípica permite capturarla”, señaló Tomás. La heredabilidad estimada, de valor moderado, respalda que el progreso alcanzado no es circunstancial y que es posible sostener avances genéticos dentro de las poblaciones evaluadas.

Evaluación en sistemas controlados

Para garantizar que los resultados fueran atribuibles exclusivamente al factor estudiado —la falta de oxígeno en el sistema radicular— el equipo utilizó sistemas experimentales de hidroponia. Esta metodología permitió reducir de manera controlada el contenido de oxígeno en el medio de cultivo y reproducir lo que ocurre en suelos anegados.

“Estos sistemas permiten verificar que todas las plantas estén sometidas a la misma condición”, explicó la investigadora. De este modo, fue posible evaluar un gran número de individuos bajo igualdad de condiciones ambientales y comparar con precisión sus respuestas fisiológicas y productivas.

Los hallazgos se complementan con ensayos previos realizados por equipos del INTA, que ya habían demostrado que el anegamiento reduce la producción de biomasa aérea y radicular en distintos cultivares, aunque con diferencias en la forma en que cada material distribuye esa biomasa.

En esos estudios, por ejemplo, Traful mostró mayor producción total y una asignación más elevada de recursos hacia el sistema radicular, un comportamiento asociado a una mayor plasticidad frente al estrés hídrico. Esa diferencia en la partición de biomasa ayuda a explicar por qué la selección basada en desempeño fenotípico resultó eficaz para avanzar en tolerancia.

“La diferencia en partición de biomasa sugiere que algunos materiales tienen mayor capacidad de ajuste frente a estas condiciones”, indicó Tomás. Esa capacidad es la que el programa de mejoramiento busca consolidar y amplificar en sucesivos ciclos.

Impacto productivo y articulación público-privada

El programa forma parte de un convenio de investigación y desarrollo vigente entre el INTA y la empresa Palo Verde SRL. La coordinación técnica está a cargo de Ariel Odorizzi, del INTA Manfredi, en el marco de una estrategia de articulación público-privada orientada a generar materiales con mayor adaptación a ambientes con limitantes.

La alfalfa es uno de los principales cultivos forrajeros del país y base de la alimentación en sistemas lecheros y de carne. En muchas regiones productivas, los suelos presentan problemas de drenaje o atraviesan períodos de lluvias intensas que generan saturación hídrica. En esos contextos, la pérdida de rendimiento impacta de manera directa en la oferta de forraje y en los costos de producción.

El desarrollo de poblaciones con mayor tolerancia al anegamiento ofrece una herramienta concreta para sostener la productividad en escenarios variables y frente a eventos climáticos extremos cada vez más frecuentes. Si bien el trabajo continúa en etapas de evaluación y validación a campo, los resultados obtenidos en condiciones controladas marcan un paso relevante en la consolidación de estrategias de mejoramiento orientadas a la adaptación.

En un escenario donde la estabilidad productiva es clave para la competitividad del sector agropecuario, la posibilidad de obtener progresos genéticos efectivos mediante selección fenotípica recurrente abre nuevas perspectivas para la alfalfa y otros cultivos forrajeros expuestos a estrés por exceso hídrico.

 



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