La industria vitivinícola de Argentina y Chile acelera su reconversión hacia los vinos NOLO (no and low alcohol), una categoría que gana terreno entre consumidores jóvenes y que obliga a las bodegas a rediseñar portafolios, procesos y estrategias comerciales. El fenómeno, que se consolida desde 2024 y proyecta mayor expansión en 2026, responde a un cambio en los hábitos de la Generación Z y los Millennials, quienes priorizan salud y bienestar sin resignar el ritual social del vino. Así lo señalan informes publicados por Forbes Chile e Infobae, con aportes de Redacción +P.
La tendencia NOLO no implica la desaparición del vino tradicional, sino la incorporación de alternativas con cero o baja graduación alcohólica que mantienen la experiencia sensorial y el contexto social del brindis. El avance de esta categoría se apoya en nuevas tecnologías de desalcoholización, inteligencia artificial aplicada al diseño de perfiles aromáticos y estrategias de marketing orientadas a públicos que buscan menor impacto calórico y mayor claridad mental.
En la Argentina, especialmente en Mendoza, varias bodegas históricas comenzaron a adaptar sus líneas. Nieto Senetiner presentó el primer espumante 0% alcohol del país, elaborado con uvas Pinot Noir del Valle de Uco y con un aporte estimado de 15 calorías por copa. La iniciativa apunta a captar consumidores que desean participar del ritual del vino sin consumir alcohol.
Por su parte, Catena Zapata incursionó en el segmento con su línea Domaine Elena, que utiliza verjus —jugo de uva sin fermentar— para desarrollar bebidas sin alcohol y espumosos de baja graduación, en torno al 7%. La propuesta combina investigación enológica con una narrativa centrada en la innovación científica aplicada al viñedo.
Otras bodegas mendocinas también ajustaron su oferta. Domaine Bousquet lanzó LoCa Malbec, con 9,5% de alcohol y certificación orgánica; Finca Flichman y Susana Balbo Wines incorporaron blancos de menor graduación, como Crios Sustentia Chardonnay, con 8,9% de alcohol. Estas iniciativas buscan ampliar el espectro de consumo sin romper con la identidad varietal.
En Chile, el movimiento tomó impulso con emprendimientos pioneros como Sinzero, fundada en 2017 por Andrés Duval tras detectar la falta de opciones desalcoholizadas de calidad en el mercado local. Según consignó Forbes Chile, la empresa inició operaciones con una inversión cercana a los $30 millones y apoyo de la Corporación de Fomento (Corfo), desarrollando tecnología propia para desalcoholizar variedades como Cabernet Sauvignon, Chardonnay y País.
El desempeño internacional de la firma reforzó la viabilidad del segmento: Sinzero obtuvo 96 puntos y Medalla de Oro en el International Wine & Spirit Competition (IWSC) de Inglaterra y actualmente exporta a 14 países, con un crecimiento anual estimado del 20%.
El interés por estos productos coincide con una caída sostenida en el consumo tradicional de alcohol. De acuerdo con datos del Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda), citados por Infobae, la prevalencia mensual de consumo en Chile descendió del 39,2% en 2022 al 34,6% en 2024. En paralelo, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) informó que en 2025 se produjeron 838,6 millones de litros de vino, el nivel más bajo en una década y un 10% inferior al año anterior.
Estos indicadores reflejan un cambio estructural en la demanda, que empuja a las empresas a explorar segmentos con mayor proyección de crecimiento. La categoría NOLO también se asocia a nuevos formatos, como latas y envases de menor volumen, y a mensajes centrados en la moderación.
Los principales conglomerados vitivinícolas también avanzan en esta transición. VSPT Wine Group lanzó en 2024 Donnaluna, un cóctel de vino con 5,5 grados de alcohol. Viña Concha y Toro reportó un crecimiento del 224% entre 2023 y 2025 en sus líneas de menos de 11 grados, entre ellas Casillero del Diablo Belight. A su vez, Viña Santa Rita informó que sus líneas 120 Zero y 120 Delight superaron las 39.000 cajas de nueve litros exportadas en 2025 y proyectan alcanzar 47.000 cajas en 2026.
La expansión de estos productos no solo responde a cambios culturales, sino también a oportunidades comerciales. Mercados como Estados Unidos y Europa muestran una demanda creciente de bebidas con menor graduación, impulsada por regulaciones más estrictas, campañas de consumo responsable y preferencias generacionales.
En este escenario, la industria enfrenta el desafío de sostener la calidad enológica en procesos de desalcoholización que históricamente implicaban pérdida de aromas o estructura. Los avances tecnológicos permiten hoy preservar mejor el perfil sensorial, lo que amplía la aceptación del segmento.
El auge de los vinos NOLO redefine así el mapa competitivo del sector en el Cono Sur. Mientras el consumo tradicional muestra signos de desaceleración, la categoría de bajo y cero alcohol emerge como una alternativa estratégica para mantener relevancia en un mercado que valora cada vez más la moderación y la innovación.