Lucas Llach, uno de los economistas más influyentes de la actualidad, advierte sobre los riesgos de un tipo de cambio "dudoso" y los peligros de un proteccionismo económico que ha marcado la historia reciente de Argentina. El académico de la Universidad Di Tella y polemista activo en las redes sociales ofreció una visión crítica sobre los recientes desafíos de la economía nacional, el rol del gobierno de Javier Milei, y los problemas que enfrenta el país con su historia de protección industrial y tipo de cambio atrasado. La entrevista fue una oportunidad para presentar su nuevo libro, Ved el trono a la noble igualdad, escrito junto al economista Pablo Gerchunoff, que aborda las raíces de los problemas económicos y políticos que han frenado el desarrollo del país.
En el marco de la presentación de su libro, Llach destacó que uno de los mayores riesgos para la economía argentina es intentar abrirla al mundo con un tipo de cambio "dudoso o atrasado". Según él, la Argentina ha sido históricamente un país tentado por el proteccionismo, con una mentalidad de cerrarse al comercio internacional, una tendencia que se remonta a los años 30 o 40, pero que sigue presente hoy. Esta política, sostiene el economista, ha perjudicado el desarrollo económico y ha generado un "capitalismo rentístico", donde la economía está muy vinculada al Estado y las expectativas de una industria local protegida.
"Es una tentación que complica el crecimiento económico", afirmó, explicando que tanto la protección industrial como el dólar barato son mecanismos utilizados para mantener salarios artificialmente altos, lo que a su vez limita la competitividad. Para Llach, esta lógica ha permeado todas las gestiones, desde los regímenes militares hasta los gobiernos kirchneristas y el actual modelo de Javier Milei.
Si bien Llach reconoció que el diagnóstico de Javier Milei para solucionar la economía es eminentemente fiscal, con la idea de equilibrar las cuentas para resolver los problemas del país, fue muy crítico con la implementación de las políticas que se están llevando a cabo. En particular, cuestionó el enfoque de desregulación y la intervención en el mercado del dólar. "Si yo estuviera ahí, soltaría el dólar, que vaya donde tenga que ir", expresó Llach, apuntando a la "fatal arrogancia" de querer fijar el valor del dólar, algo que considera incompatible con un modelo liberal de economía de mercado.

En su análisis de la gestión económica reciente, el economista advirtió que, a pesar de que en 2025 se proyectó un crecimiento del 4% del Producto Bruto Interno (PBI), este número es en gran parte un efecto de la comparación con un año de recesión, y no una mejora estructural significativa. "2026 será el verdadero test de la tesis Milei", declaró, proyectando que será el año clave para ver si la economía realmente despega o si la inflación sigue siendo un obstáculo importante. Sin embargo, advierte que abrir la economía en estas condiciones podría generar turbulencias económicas adicionales si no se ajustan adecuadamente las políticas monetarias y cambiarias.
Otro tema que se tocó durante la entrevista fue la causa judicial de Vicentin, donde Llach defendió las acciones realizadas por el Banco Nación durante su gestión. Según el economista, la acusación de que el banco hizo un "rollover" de la deuda a la empresa en plena crisis financiera de 2019 no tiene sustento, ya que otros 15 bancos, tanto nacionales como internacionales, hicieron lo mismo con la misma empresa en ese período crítico. "Es una construcción política alejada de la realidad operativa", afirmó sobre las acusaciones de corrupción y negligencia.
Llach defendió que las decisiones tomadas en el Banco Nación fueron coherentes con la situación del mercado, donde la reestructuración de deuda del Estado argentino afectó a todos los actores económicos, no solo a Vicentin. A pesar de las críticas recibidas, Llach no escatimó en resaltar su orgullo por haber impulsado la digitalización de la entidad, que hoy tiene más de 10 millones de usuarios en su aplicación BNA+.

A medida que la entrevista avanzaba, Llach mostró una visión optimista sobre el futuro de la economía global, especialmente respecto a la tecnología y su impacto en el trabajo. Contrario a las visiones apocalípticas sobre el desempleo masivo generado por la inteligencia artificial, Llach esbozó un escenario en el que la reducción de la población global y el aumento de la riqueza generarán un crecimiento en sectores de alta demanda de mano de obra, como los servicios de gastronomía y arte.
Inspirado por la obra de John Maynard Keynes, quien en su ensayo Las posibilidades económicas para nuestros nietos visualizó una era donde el trabajo se reduciría a unas pocas horas al día debido al progreso tecnológico, Llach destacó que el futuro podría estar marcado por un mayor "ocio creativo". Esta idea lo lleva a imaginar una sociedad donde el emprendedurismo y el afán por acumular riqueza económica ya no sean la máxima aspiración, sino que se dé paso a una valoración del arte, la cultura y la creatividad.
Finalmente, el economista reflexionó sobre su vida personal, mencionando que su mayor orgullo no son sus logros profesionales, sino ser padre. Recordó a su padre, fallecido el año pasado, y enfatizó que los momentos con su familia, como los almuerzos y los asados, son los que realmente han marcado su vida. "Que te digan 'abrázame papá' de noche, eso no tiene precio", concluyó Llach, dando una nota emocional al final de una conversación cargada de análisis técnico y político en Forbes.