El presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, Mario Grinman, afirmó que el empresariado está dispuesto a asumir sacrificios en el actual contexto económico, tras reunirse con el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en representación del denominado G6. El encuentro se realizó en la Casa Rosada, en medio de las reformas estructurales impulsadas por el Gobierno del presidente Javier Milei, y en un escenario marcado por la retracción del consumo, la desaceleración inflacionaria y la reconfiguración del mercado interno. La reunión tuvo como eje central analizar la situación de los sectores productivos y ratificar el respaldo empresarial al programa económico oficial.
“Algunos vamos a quedar en el camino, pero ese es el precio que hay que pagar para que nuestros nietos, nuestros hijos, tengan una Argentina normal”, sostuvo Grinman al evaluar el impacto social del ajuste y los costos de la transición económica en declaraciones radiales. La frase sintetizó el clima del encuentro entre los principales referentes empresarios y el jefe de Gabinete, luego de varios intentos fallidos por cuestiones de agenda y en un contexto de profunda transformación del esquema macroeconómico.
Según explicó el dirigente, la reunión se extendió durante casi una hora y media y permitió exponer la realidad heterogénea de los sectores que integran el G6, entre ellos comercio, industria, construcción y entidades financieras. Allí se abordaron tanto las primeras señales de recuperación macroeconómica como las dificultades coyunturales que aún atraviesan distintas actividades.
Grinman describió el escenario como complejo. “No es fácil, no se está atravesando un momento fácil”, señaló, aunque destacó que existen “señales interesantes en el crecimiento económico”. En ese sentido, planteó que el empresariado entiende que el rumbo adoptado implica costos en el corto plazo, pero sostuvo que el sector privado está dispuesto a acompañar el proceso si conduce a un esquema de estabilidad duradera, con reglas claras y previsibilidad para invertir.
En la reunión, Adorni garantizó que el Ejecutivo no implementará soluciones sectoriales aisladas. De acuerdo con el titular de la Cámara, el funcionario aseguró que el modelo no repetirá esquemas de “parches” destinados a resolver problemas puntuales que luego generen nuevos desequilibrios. La apuesta oficial, transmitió, apunta a un ordenamiento integral de la economía, con equilibrio fiscal, disciplina monetaria y eliminación de distorsiones acumuladas.

El presidente de la Cámara reconoció que el comercio y los servicios atraviesan una etapa de menor dinamismo en las ventas, con una caída del consumo respecto de los niveles del año pasado. “No la estoy pasando bien, porque el consumo ha caído”, admitió. No obstante, rechazó que exista un derrumbe generalizado y prefirió hablar de un “amesetamiento” de la actividad, vinculado a la normalización de precios.
Para explicar la caída, recordó que en 2023 el mercado estuvo impulsado por medidas expansivas que estimularon el gasto. “Había anabólicos, que era el plan Platita. Todos sabíamos que eso no podía durar”, señaló, en referencia a políticas que —según su visión— generaron una expansión transitoria basada en estímulos fiscales y monetarios.
En contraste, describió que en la actualidad los precios muestran mayor estabilidad y que la demanda dejó de estar marcada por la urgencia de desprenderse del dinero ante la inflación. “Hoy eso no sucede, los precios están estables y, es cierto, el consumo ha mermado”, afirmó. Sin embargo, subrayó que existen expectativas positivas, una mejora gradual en la confianza y una proyección de crecimiento económico si se consolida el rumbo actual.
Respecto al impacto en el empleo, indicó que en el sector comercio no se registran caídas significativas. “Entre las altas y bajas de personal, no hay caída, eso se mantiene estable”, afirmó, al destacar la estabilidad en los puestos de trabajo registrados dentro de la actividad. Aclaró, de todos modos, que no existen estadísticas exhaustivas sobre cierres de pequeños negocios, ya que muchos son emprendimientos familiares que no siempre formalizan su baja. Esa situación dificulta medir con precisión la reconfiguración del entramado comercial.
Grinman distinguió la situación del comercio frente a la industria y la construcción, actividades que —según explicó— se encuentran más afectadas, en particular por la paralización de la obra pública y la caída de proyectos vinculados al Estado. “En la industria puede haber, en la construcción también, que está mucho más afectada por la falta de obra pública, pero en el sector comercio no se ve”, indicó, marcando una diferencia sectorial en el impacto del ajuste.
Uno de los ejes centrales del planteo empresario fue la necesidad de sostener reformas estructurales de largo plazo en lugar de medidas focalizadas. Grinman sostuvo que no es viable aplicar soluciones diferenciadas según la actividad. “No se puede ir con parches para un sector sí y para el otro no”, afirmó, al respaldar una estrategia económica integral que evite distorsiones.
En materia de comercio exterior, describió la tensión histórica entre exportadores e importadores en torno al tipo de cambio. “El sector exportador siempre quiere un dólar alto y el importador uno más bajo”, resumió, al exponer uno de los dilemas clásicos del modelo productivo argentino. Además, aseguró que el país mantiene elevados niveles de protección arancelaria y que las importaciones representan apenas entre el 2% y el 3% del consumo total, lo que —según planteó— limita su incidencia directa en la dinámica interna.
El dirigente también puso el foco en la alta carga tributaria y en las restricciones fiscales que enfrenta el Gobierno. Señaló que el nivel de impuestos continúa siendo elevado y reconoció que su reducción no resulta sencilla por la estructura del gasto público. “El ochenta por ciento del gasto son cuestiones sociales: jubilaciones, seguridad, salud, educación”, detalló, al explicar los límites para avanzar con una baja impositiva más profunda sin afectar partidas sensibles.
En cuanto a las perspectivas, se mostró optimista. Indicó que algunas proyecciones ubican el crecimiento de este año en torno al 4%, mientras que para 2026 estimó que podría superar el 5%, si se consolida el actual programa económico y se sostienen el equilibrio fiscal, la estabilidad cambiaria y la recuperación de la actividad privada.
Grinman también advirtió sobre el impacto del contrabando, especialmente en el mercado de teléfonos móviles. “Uno de cada tres celulares que se venden en la Argentina son de contrabando”, afirmó, y subrayó que la extensa frontera del país dificulta los controles y favorece la competencia desleal.
El fenómeno, explicó, afecta la competitividad de las empresas formales, distorsiona precios y reduce la recaudación. Según señaló, el Gobierno está al tanto de la problemática y deberá adoptar medidas en el marco de una estrategia integral contra la economía informal y el comercio ilegal.
Las declaraciones del dirigente fueron publicadas por Infobae y reflejan el posicionamiento de una parte del empresariado frente al proceso de reformas en curso. En ese marco, Grinman insistió en que la transición hacia un esquema económico más estable tendrá costos inevitables, pero reiteró que el objetivo es alcanzar un país con estabilidad macroeconómica, reglas previsibles y crecimiento sostenido a largo plazo, aun cuando el camino implique sacrificios en el corto plazo.