En La Pampa, una empresa que siembra 73.000 hectáreas en campos arrendados puso en marcha un modelo de alquiler agrícola basado en contratos de mediano plazo y certificación de suelos para enfrentar la degradación y los rindes estancados en girasol, según informó Clarín. La iniciativa es liderada por Pelayo Agronomía, en alianza con Gente de La Pampa y la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de La Pampa, y busca introducir un esquema de producción sustentable con respaldo técnico y validación externa.
El planteo surge en un contexto en el que los rendimientos del girasol muestran escasa evolución en las últimas dos décadas. “Los rendimientos de girasol están planchados hace 20 años. Esto tiene que ver con una degradación del suelo, como consecuencia del régimen de tenencia y uso de la tierra, y con el contexto político-económico (de las últimas décadas)”, describió Fernando Herzel, gerente de Producción de Pelayo.
La empresa, con base en General Pico, propone reemplazar el tradicional contrato anual por acuerdos de tres años como mínimo, con seguimiento técnico y certificaciones que acrediten el manejo del suelo. En algunos casos, los convenios iniciales se extendieron a cinco y hasta siete años.
El modelo se aplica en establecimientos como La Reserva, un campo familiar ubicado al sur de Catriló. Allí comenzaron a trabajar con Pelayo en 2016 bajo un esquema de mayor plazo y monitoreo sistemático.
“Con las certificaciones (AgSus e ISCC Plus), siempre está la idea de mirar a futuro. No vamos a ser los que destrozamos la tierra, nos importan nuestros hijos y lo que vendrá; lo importante es ver lo viva que está la tierra y la apuesta a trabajar de una manera diferente es el aliciente diario”, sostuvo María García Álvarez, una de las propietarias del establecimiento.

El sistema incluye la realización de calicatas y evaluaciones visuales del suelo en ambientes georreferenciados para medir la evolución de su estructura y salud. Pelayo siembra principalmente girasol, aunque también produce semillas fiscalizadas de soja y trigo.
Herzel, que comenzó su carrera profesional en la década de 1990, reconoció el cambio de enfoque dentro del propio sector técnico. “Para la nueva camada de agrónomos, es la oportunidad para mejorar a tiempo. Un integrante joven de mi equipo me dijo hace poco que no quiere ser de la generación de profesionales que haya contribuido a la degradación de los suelos; es hora de darles la razón y acompañarlos en ese proceso”, afirmó.
La transformación productiva también responde a demandas de la cadena comercial. Gente de La Pampa, firma agroindustrial que procesa más de 250.000 toneladas de granos en su planta de Catriló, abastece a Pepsico con aceite de girasol. La compañía internacional comenzó a requerir certificaciones de sustentabilidad tanto en la producción primaria como en el proceso industrial.
En ese marco, Pelayo y Gente de La Pampa integraron la certificación ISCC Plus —orientada a gestión y trazabilidad— con la de Agroecosistemas Sustentables (AgSus), un equipo multidisciplinario de la Facultad de Agronomía de la UNLPam.
La Dra. Elke Noellemeyer, directora de AgSus, explicó que el sistema se basa en evaluaciones visuales del suelo con metodología validada por la FAO. “Consiste en un esquema de muestreos de suelo y en la determinación de 12 parámetros como textura, estructura, porosidad, color, macrofauna, profundidad de raíces, y compactación, entre otras), y propiedades que varían con su manejo, a partir de los cuales se puede evaluar el estado de salud del suelo y su aptitud, y busca mostrar que el productor puede regenerar y preservar la calidad del suelo con buenas prácticas”, detalló.
Según precisó, los muestreos se realizan cada cinco años e incluyen mediciones de stock de carbono, lo que permite generar bonos vinculados al secuestro de carbono. “Si el suelo no está muy degradado la mejora se ve a partir del primer año”, aseguró.
Actualmente, alrededor del 20% de las 73.000 hectáreas que trabaja Pelayo están bajo este esquema certificado.

El nuevo formato convive con un mercado de arrendamientos altamente competitivo. Germán Guastella, gerente general de una empresa dedicada a agronegocios, sostuvo que “todos los negocios están finos y no hay un negocio para que subsidie a otro. Estamos en un sistema de mercado en el que nos toca competir. Y va a aparecer siempre alguien que paga un poco más por alquilar un campo”.
Aun así, desde las empresas involucradas aseguran que el esquema llegó para quedarse. Tomás Lorda, gerente general de Gente de La Pampa, afirmó que el objetivo es impulsar un cambio estructural en la agricultura provincial. “Estamos proponiendo organizarnos como cadena de valor para tratar de hacer un cambio de paradigma en la manera que desarrollamos la agricultura en la Argentina y en nuestra provincia. Queremos pasar no solo a una agricultura que conserve los suelos, sino que los mejore año a año, pasando a una agricultura sustentable y regenerativa”, expresó.
Aunque las certificaciones no implican por ahora un beneficio económico directo, los impulsores del sistema sostienen que mejoran la valorización futura de los campos y responden a exigencias crecientes del mercado internacional.
Con este esquema, La Pampa se convierte en escenario de una experiencia que combina contratos más largos, respaldo académico y demanda industrial, en un intento por modificar la lógica tradicional del alquiler agrícola y recuperar la salud de los suelos.