El economista Luciano Laspina, actual director ejecutivo de CIPPEC, analizó el impacto del programa de shock económico impulsado por el Gobierno y sostuvo que el nuevo escenario macroeconómico generó ganadores y perdedores entre los distintos sectores productivos. Según explicó, el cambio en las reglas de funcionamiento de la economía provocó un reordenamiento profundo en la actividad empresarial, con rubros que hoy crecen con fuerza y otros que todavía registran caídas.
De acuerdo con el economista, el enfoque de shock responde a la decisión política de implementar transformaciones rápidas en la economía argentina, ante la experiencia histórica de programas graduales que no lograron sostenerse en el tiempo. Sin embargo, ese proceso implica una transición abrupta para muchas empresas, especialmente aquellas que operaban bajo esquemas de regulación, subsidios o protección del mercado interno.
“El Gobierno cree que las cosas se hacen de shock porque, después, no ocurren o no se sostienen. En la Argentina hay muchas experiencias en las que el gradualismo quedó truncado. Pero, al mismo tiempo, existe una situación en la que un conjunto de empresas operaban con reglas muy distintas y pasaron de Disneylandia a Guantánamo sin escala”.
En su diagnóstico, la economía argentina muestra actualmente una recuperación, aunque con diferencias muy marcadas entre sectores. Laspina señaló que actividades vinculadas a la exportación y a los recursos naturales, como energía, bancos y agro, aparecen entre los principales beneficiados por el nuevo esquema macroeconómico.
Según su análisis, estos sectores acumulan una expansión cercana al 16% en los últimos dos años, impulsados por mejores precios relativos, mayor actividad y expectativas de inversión. En cambio, otras ramas de la economía vinculadas principalmente al consumo interno todavía enfrentan un escenario más complejo.
Entre ellas mencionó especialmente a la industria manufacturera y a la construcción, que registran una caída aproximada del 7% en su nivel de producción durante el mismo período. Para el economista, esta brecha refleja el proceso de reconfiguración económica que atraviesa el país tras los cambios en la política fiscal, monetaria y cambiaria.
Además del impacto sectorial, Laspina advirtió que la recuperación también presenta fuertes contrastes regionales. Algunas provincias con fuerte desarrollo energético o exportador muestran niveles de crecimiento más dinámicos, mientras que en los grandes centros urbanos la percepción económica continúa siendo más negativa.
En ese sentido mencionó el caso de Neuquén, donde el impulso de la industria energética generó mejoras en los ingresos y en la actividad económica, a diferencia de lo que ocurre en varios conurbanos urbanos, donde la recuperación todavía resulta menos visible.
Finalmente, el economista remarcó que el proceso de estabilización macroeconómica aún enfrenta desafíos importantes, especialmente en relación con la inflación, que continúa siendo uno de los principales problemas de la economía argentina.
“La inflación es una batalla que todavía no se ganó”, afirmó Laspina y agregó: “Hay toda una reconfiguración que tiene ganadores y perdedores. La gente antes corría para llegar a fin de mes con inflación de 5% o 6% mensual; hoy hay un alivio. Antes éramos pobres y desesperados, ahora somos pobres”.