Antonio “Toni” Bianco es hoy uno de los protagonistas de la comercialización frutícola en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, donde lidera junto a su familia la empresa Dole National Company SA, dedicada al empaque y venta de frutas. Su historia comenzó mucho antes, cuando vendía frutas en el Mercado Central de Buenos Aires para poder pagar sus estudios universitarios.
La trayectoria de Bianco refleja el recorrido de una parte importante de la fruticultura argentina: empresas familiares que nacieron en los mercados mayoristas y terminaron construyendo redes de producción, empaque y comercialización que hoy abastecen a supermercados de todo el país.
El empresario recuerda que su vínculo con el sector comenzó incluso antes de empezar a trabajar. Su familia ya estaba ligada al negocio desde mediados del siglo pasado. Su padre y sus tíos habían creado Frutícola Bianco en Cinco Saltos, en la provincia de Río Negro, donde tenían chacras, frigoríficos y galpones de empaque.
Sin embargo, ese proyecto familiar terminó cerrando entre los años 80 y principios de los 90, en medio de dificultades económicas y la muerte de varios de sus fundadores.

“Imaginate que ves una empresa grande en la que soñás trabajar y de repente no la tenés más. Fue un golpe duro. Pero también te llena el tanque de combustible para salir a buscarlo”, recuerda Bianco.
Bianco había comenzado a estudiar Ingeniería Electrónica, pero la enfermedad de su padre lo obligó a empezar a trabajar temprano. Fue entonces cuando se incorporó al Mercado Central de Buenos Aires.
“Cuando papá se enferma, había que salir a trabajar, así que me fui al Mercado Central en 1984”, contó.
Allí empezó desde abajo, vendiendo frutas en la feria mientras continuaba sus estudios. Según explicó, lo hacía para sostenerse económicamente y no cargar más gastos sobre su familia.
“Empecé muy de abajo, vendía frutas en la feria para pagarme la facultad. No me faltaba nada en casa, pero vendía fruta para estar un poco mejor”, relató.
En ese período apareció una figura clave en su historia: Agustín Raimondo, comerciante frutícola del mercado mayorista que años más tarde se convertiría en su suegro.
En 1986 Raimondo le propuso trabajar con él en su puesto. Esa oportunidad terminó siendo el punto de partida de su carrera empresarial.

Con el tiempo, Bianco comenzó a manejar el negocio junto a Pablo Lioni, su concuñado. El crecimiento coincidió con la expansión de los supermercados en Argentina durante los años 90.
El empresario explica que ese cambio en el consumo fue clave para el desarrollo del negocio.
Los supermercados exigían continuidad en la oferta, calidad y logística, algo que los puestos tradicionales del mercado mayorista no siempre podían garantizar. Bianco y su equipo apostaron a cubrir esa demanda.
Así comenzaron a importar frutas y a ampliar el volumen de ventas.
“Nos dimos cuenta de que los clientes querían continuidad, calidad y servicio. Fuimos creciendo a la par de los supermercados”, explicó.
Con el tiempo, el emprendimiento adoptó el nombre Productores Empacadores Argentinos (PEA) y empezó a expandirse hacia las zonas productivas del país.
A mediados de los años 90, Bianco tomó una decisión estratégica: instalarse en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, una de las regiones frutícolas más importantes de Argentina.
El objetivo era tener fruta con marca propia y controlar una mayor parte de la cadena productiva.
La empresa comenzó a alquilar galpones de empaque y a desarrollar sus propias cajas y marcas comerciales. Con el tiempo, la estructura se amplió con frigoríficos, centros de distribución y puestos en distintos mercados concentradores del país.

Uno de los momentos más importantes en la historia del emprendimiento llegó en 2004, cuando comenzaron a trabajar con Dole, la multinacional frutícola más grande del mundo.
Dos años después formalizaron la alianza y crearon Dole National Company SA, una sociedad entre la empresa familiar y la firma internacional.
El modelo de negocio consiste en comprar frutas a productores del Alto Valle, procesarlas y comercializarlas principalmente en el mercado interno.
Actualmente la empresa trabaja con entre 40 y 45 productores y procesa cerca de 30.000 toneladas de fruta al año, equivalentes a más de 1,1 millones de cajas.
Además comercializan bananas, kiwis, paltas, uvas y otras frutas provenientes de distintos países.
Bianco resume el impacto de la alianza con una comparación futbolera.
“Pasamos de jugar en Primera B a jugar en Primera A”.
Hoy la compañía mantiene un fuerte perfil familiar. Entre los accionistas se encuentran integrantes de la familia Raimondo, socios históricos y representantes de la empresa internacional.
Además, una nueva generación comenzó a incorporarse al negocio en distintas áreas, desde finanzas hasta producción.
Mientras tanto, el sector frutícola enfrenta desafíos importantes, como los altos costos impositivos frente a competidores internacionales.
Bianco sostiene que, a pesar de esas dificultades, el objetivo es seguir creciendo e incorporar tecnología.
La empresa ya implementó sistemas de trazabilidad digital, robots para selección de fruta y nuevos proyectos comerciales, como la venta digital y el desarrollo de ensaladas envasadas con marca Dole.
A más de cuatro décadas de sus primeros pasos vendiendo frutas en el mercado mayorista, el empresario sigue vinculado al mismo negocio que lo vio empezar.
“La fruta a veces te da mucho, pero exige mucho sacrificio”, afirma.