El joven cocinero Federico Vázquez, bisnieto de Blanca Cotta, abrió en 2026 un restaurante a puertas cerradas en Quilmes, donde propone un menú casero de cuatro pasos inspirado en la cocina de su bisabuela. La iniciativa recupera recetas tradicionales y responde al auge de experiencias gastronómicas íntimas. Según informó Clarin.
En una casa familiar de Quilmes, un proyecto gastronómico busca rescatar sabores clásicos y convertirlos en experiencia. Se trata de Cotta Restó, un restaurante a puertas cerradas que combina cocina casera, tradición familiar y un formato íntimo para pocos comensales.
El emprendimiento está liderado por Federico Vázquez, quien decidió rendir homenaje a su bisabuela, Blanca Cotta, una de las figuras más reconocidas de la cocina hogareña argentina. Su legado marcó generaciones con recetas simples, pensadas para cocinar con lo que hay en casa y sin excesos.
“Mi pasión y todo lo que siento por la gastronomía nace por ella. Me crié con sus recetas, con su comida y la verdad que es algo muy muy lindo y especial para mí”, expresó el joven cocinero.

El proyecto funciona en la vivienda de la familia de su pareja, donde el living fue transformado en un salón con capacidad para 26 personas. La propuesta se completa con un jardín interno y una ambientación cálida que refuerza la idea de comer como en casa.
El equipo lo integran también Fabián Gago —quien se volcó a la gastronomía tras perder su trabajo en 2025— y su hijo Tomás, encargado de la atención y la gestión del salón.
El formato es claro: menú fijo de cuatro pasos, con reserva previa y pago anticipado parcial. El valor incluye entrada fría, entrada caliente, plato principal a elección, degustación de postres y bebida.

La identidad del lugar gira en torno a la cocina casera tradicional. Todo se elabora en el día: el pan, las pastas y las preparaciones que integran cada servicio. No hay nombres complejos ni técnicas sofisticadas: el foco está en el sabor y la memoria.
Entre los platos se destacan conservas caseras, empanadas fritas, tortilla, fainá y pastas frescas con rellenos como calabaza o osobuco. En invierno, la carta sumará clásicos como guiso de lentejas, goulash o bagna cauda.
Pero el momento más esperado llega al final. El menú incluye una degustación de postres donde sobresale el salame de chocolate, una de las recetas más emblemáticas de Blanca Cotta.
“Lo primero que quise hacer fue poner en el menú el salame de chocolate de Blanca Cotta. Lo comí de chiquito, fue la primera receta que empecé a hacer yo solo. Tengo recuerdos de hacerlo con ella y lo que quedaba me lo llevaba escondido a mi cuarto. Era hermoso”, recordó Federico.

El espíritu del proyecto sigue una idea central: recuperar el valor de lo cotidiano. Blanca Cotta defendía una cocina accesible, sin pretensiones, y ese concepto se replica en cada detalle del restó.
“Blanca era una cocinera, no era una chef, no por desprestigiarla, ella misma lo decía. Ella cocinaba para la familia y con lo que había”, explicó el bisnieto.
El boca a boca impulsó el crecimiento del lugar. Lo que comenzó con amigos y conocidos hoy suma reservas de vecinos y visitantes que buscan una experiencia distinta, lejos de los circuitos gastronómicos tradicionales.

El fenómeno de los restaurantes a puertas cerradas crece en el Área Metropolitana de Buenos Aires, impulsado por quienes buscan propuestas más personalizadas y con identidad propia.
En ese contexto, Cotta Restó se posiciona como una opción que combina historia, cercanía y cocina real. La capacidad limitada, el contacto directo con los anfitriones y la narrativa detrás de cada plato generan una experiencia que trasciende la comida.

Con una propuesta que mezcla tradición, familia y cocina casera, el proyecto de Federico Vázquez no solo revive recetas del pasado, sino que las proyecta hacia nuevas generaciones.