Lo que comenzó como una búsqueda personal para ayudar a su madre a aliviar dolores crónicos terminó convirtiéndose en un proyecto productivo con proyección nacional e internacional. Fabián Barrios, fundador de la cooperativa Gota de Esperanza, lidera desde Luján una iniciativa que pasó del desarrollo de aceite de cannabis medicinal a la construcción de una estrategia para impulsar la industria del cáñamo en Argentina junto a empresas extranjeras.
La cooperativa, integrada por unas diez familias, logró recientemente un paso considerado fundamental para sus planes de expansión. Según explicó Barrios, se convirtió en la primera cooperativa del país en obtener tanto la licencia agrícola como la licencia industrial, habilitaciones que permiten avanzar en el desarrollo productivo y comercial del cáñamo.
El proyecto apunta a introducir y desarrollar localmente una actividad con múltiples aplicaciones industriales. A diferencia de la marihuana, el cáñamo contiene niveles muy bajos de THC y no produce efectos psicoactivos. Su potencial abarca desde la producción de alimentos hasta la elaboración de textiles, materiales para la construcción, cosméticos y productos medicinales.

La estrategia diseñada por Gota de Esperanza contempla varias etapas. Inicialmente buscarán importar semillas y productos derivados para abastecer al mercado argentino. Luego avanzarán en el desarrollo de cultivos adaptados a las condiciones locales y, finalmente, apuntarán a exportar productos elaborados en el país.
“Somos la primera cooperativa del país que cuenta con las dos licencias, agrícola e industrial”, afirmó Barrios, quien considera que esas habilitaciones son la base para construir una nueva cadena productiva.
Canadá aparece como uno de los principales socios estratégicos del proyecto. Ese país acumula más de dos décadas de experiencia en el desarrollo del cáñamo y puede aportar tanto material genético como conocimiento técnico. El objetivo es aprovechar esa experiencia para acelerar el proceso de adaptación local, conocido como tropicalización, que permite desarrollar variedades adecuadas para las condiciones productivas argentinas.
“Con la licencia industrial podemos importar CBD para hacer medicamentos acá en el país, o estructuras para hacer casas, o traer aceite para hacer bebidas energéticas. Vamos a hacer ahora la primera importación para abastecer a la Argentina, y mientras tanto vamos a ir desarrollando los cultivos para luego hacer la proteína en el país y ser nosotros exportadores”, explicó Barrios.

La cooperativa dispone actualmente de dos hectáreas destinadas al desarrollo de esta actividad. Además, trabaja junto con el área de Ingeniería en Alimentos de la Universidad Nacional de Luján para avanzar en la investigación y elaboración de subproductos derivados del cáñamo.
Detrás del proyecto existe una historia marcada por el compromiso social y los desafíos regulatorios. Gota de Esperanza nació con el objetivo de producir cannabis medicinal y ayudar a pacientes que necesitaban tratamientos alternativos. Con el tiempo, la organización amplió su mirada hacia una industria con potencial para generar empleo, agregar valor y diversificar la matriz productiva.
“Le vamos a dar paso a una industria nueva en Argentina, que es saludable, produce salud, genera trabajo y encadena el agregado de valor”, sostuvo Barrios.

El referente también recordó las dificultades atravesadas para obtener las autorizaciones necesarias. Durante años, la cooperativa enfrentó demoras administrativas y obstáculos regulatorios que limitaron el desarrollo de la actividad. Sin embargo, asegura que las recientes licencias abren una nueva etapa para el sector.
Mientras avanza el proyecto de cáñamo, la organización mantiene su trabajo vinculado al cannabis medicinal. Uno de sus próximos objetivos es obtener la habilitación operativa dentro del sistema Reprocann para poder abastecer a pacientes autorizados dentro del marco legal vigente.
Para Barrios, el crecimiento de esta actividad no sólo representa una oportunidad económica. También considera que el desarrollo formal de la industria contribuye a generar empleo registrado, ampliar el acceso a tratamientos medicinales y reducir los espacios para los mercados ilegales.

“Con estas licencias nosotros generamos puestos de trabajo, lo hacemos por derecha y sacamos al narcotráfico desde la raíz. Estamos para hacer el bien, somos una ONG y no somos millonarios, somos 10 familias que queremos salir adelante”, concluyó.