La familia Prunier, oriunda de San Jacinto, partido bonaerense de Mercedes, logró convertir una tradición familiar en un negocio apícola profesional que ya atraviesa su cuarta generación. Según informó Bichos de Campo, la firma Prumiel combina la producción de miel con la cría de abejas reinas y el desarrollo de productos derivados como cosméticos, suplementos naturales y licores.
Gastón Prunier, actual referente del emprendimiento familiar, explicó que la profesionalización fue clave para sostenerse en una actividad marcada por la baja rentabilidad, el escaso consumo interno y las dificultades ambientales que afectan a las abejas. “Voy a las colmenas desde que estaba en el vientre de mi madre”, contó el productor, que hoy continúa el camino iniciado por su bisabuelo.
La empresa trabaja en dos grandes áreas: la producción tradicional de miel y la genética apícola. En este último segmento, Prumiel se especializa en la cría y comercialización de reinas, una actividad estratégica para mantener la productividad de las colmenas.
“El recambio sistemático de reinas es fundamental porque para poder llegar a la miel primero tenemos que tener abejas de calidad”, señaló Prunier, según informó Bichos de Campo.

La producción genética se realiza en el marco del Programa de Mejoramiento Genético Apícola (MeGa) del INTA Proapi. Allí, las cabañas reciben líneas madres seleccionadas que luego utilizan para desarrollar nuevas reinas con trazabilidad y características productivas específicas.
La cabaña apícola “La Primavera”, perteneciente a la familia, integra la Asociación de Criadores de Material Vivo Certificado, entidad que nuclea a productores de abejas reinas, núcleos y paquetes certificados.
Gastón Prunier explicó que el objetivo principal es fortalecer la supervivencia y productividad de las colmenas. Las reinas tienen una vida útil productiva limitada y, después de dos años, disminuyen la cantidad de huevos diarios que ponen, lo que impacta directamente en la cantidad de abejas pecoreadoras y en la producción de miel.
“Lo ideal es un recambio sistemático de reina cada 2 años. Hay productores que nos compran de a 500 y otros que sólo se llevan 1 o 2”, detalló.
Además de la genética, la firma desarrolló una estrategia de valor agregado para ampliar mercados y mejorar la rentabilidad. Actualmente comercializa miel multifloral, miel con frutos secos, cosméticos derivados de la colmena, velas artesanales, suplementos naturales y licores a base de miel.
La producción se concentra en San Jacinto, aunque también poseen colmenas en La Pampa y en las islas de Villa Paranacito, Entre Ríos.
Para la familia, el eje central sigue siendo el cuidado de las abejas. “Nosotros priorizamos el bienestar de la abeja, para que el mundo pueda seguir teniendo a su mayor polinizador”, sostuvo Prunier.

El productor también advirtió sobre los desafíos que enfrenta el sector, como el avance de la frontera agrícola, el uso de agroquímicos y la reducción de floraciones naturales, factores que afectan directamente la producción melífera.
Más allá del negocio, Prunier destacó el aprendizaje humano que encontró en la apicultura. “Cuando entré en contacto directo con este ser tan noble, empecé a conocer cómo trabaja, el rol que cumple y cómo es la organización dentro de una colmena. Ahí me di cuenta de cuánto debe copiar el ser humano de este ser”, afirmó.
Y resumió la filosofía familiar con una frase que atraviesa generaciones: “Hay que copiar a la abeja y hacer las relaciones más humanas”.