La economía argentina creció 4,4% en 2024, impulsada por sectores como petróleo, gas, minería y agro, pero ese repunte no se refleja en el día a día de la población: el consumo masivo cayó 14%, se perdieron 200.000 empleos formales y aumentó la morosidad en créditos, configurando un escenario de tensión entre los datos macroeconómicos y la percepción social.
Según analizó el medio La Nación a partir de la última columna de Guillermo Oliveto, especialista en consumo, esta aparente contradicción responde a una “triple dualidad” que atraviesa a la economía, el humor social y las decisiones de consumo. “Una macroeconomía con algunos motores encendidos muy fuertes”, describió Oliveto, en referencia al dinamismo de sectores exportadores, que contrastan con el deterioro de indicadores vinculados al mercado interno.
El informe destaca que, pese al empuje de actividades clave, los últimos meses mostraron señales de alerta en el sistema financiero. La morosidad en créditos personales y prendarios superó el 11% en enero de 2026, lo que refleja dificultades crecientes en los hogares para sostener sus compromisos y un aumento del endeudamiento.

Este fenómeno se traduce en un clima social marcado por la incertidumbre, el malestar y la pérdida de poder adquisitivo, relevado en encuestas y estudios cualitativos recientes. La desconexión entre crecimiento económico y bienestar cotidiano impacta tanto en las expectativas de consumo como en la planificación de empresas y marcas.
Oliveto advierte que esta dinámica también condiciona el escenario político de cara a las elecciones presidenciales de 2027, en un contexto donde la clase media, eje de su último libro, enfrenta una tensión entre sus aspiraciones históricas y una realidad económica más restrictiva.
La coexistencia de variables positivas en la macro y negativas en la vida cotidiana plantea un desafío central: cómo lograr que el crecimiento económico se traduzca en mejoras concretas para la mayoría de la sociedad.