Un estudiante de 18 años, Franco Leonardi, detectó una particularidad en la producción de pasta de maní industrial, lo contó en redes sociales en 2026 y, desde su casa, convirtió esa observación en un emprendimiento propio. El caso se volvió relevante por su rápido crecimiento, la validación en redes y un modelo de producción que ya genera demanda.
Todo empezó con un video. En redes sociales, Franco Leonardi explicó un dato que llamó la atención de miles de usuarios: gran parte de la pasta de maní industrial se elabora con maní que no se comercializa en otros formatos por cuestiones de calidad o estado.
El contenido se viralizó en pocas horas. Pero lo que comenzó como una publicación informativa derivó en algo más. Según contó en diálogo con TN, ese momento marcó el inicio de su propio emprendimiento.

A los 18 años y mientras cursa el secundario técnico, decidió probar una alternativa: producir una pasta de maní natural, utilizando materia prima seleccionada y sin agregados. El proceso comenzó en su casa, con herramientas básicas y una lógica de ensayo y error.
“Arranqué haciéndola para mí. Compraba maní y lo procesaba, pero la primera vez fue un desastre”, recordó. En esa etapa inicial, los principales problemas eran técnicos. No conocía el proceso adecuado y tuvo que experimentar hasta lograr una textura aceptable.
Uno de los aprendizajes clave fue el tostado del maní, fundamental para liberar los aceites naturales. “Procesaba un rato y después tenía que meter la minipimer en el freezer diez minutos porque se recalentaba muchísimo”, explicó sobre las primeras pruebas.

El punto de inflexión llegó cuando decidió documentar el proceso. Publicó un video contando lo que había descubierto sobre la industria y cómo intentaba hacer su propia versión. La respuesta fue inmediata.
“El primer día ya tenía mil seguidores nuevos. Para mí era una locura. Ahí dije: ‘no puedo dejar esto’”, afirmó.
A partir de ese momento, empezó a organizar el proyecto como un negocio. Compró una procesadora más potente, frascos y materia prima, y comenzó a producir pequeñas tandas. En paralelo, su comunidad en redes siguió creciendo hasta alcanzar cerca de 20 mil seguidores en pocos meses.

Las primeras ventas llegaron a fines de diciembre. El esquema fue simple: producciones reducidas de entre 60 y 100 frascos que se agotaban rápidamente. En cuatro meses, estima haber elaborado alrededor de 100 kilos.
“Habré facturado alrededor de medio millón de pesos, pero reinvertí casi todo”, explicó. La estrategia apunta a consolidar el crecimiento sin perder calidad.
La marca se llama Giapura, un nombre que remite a la idea de “energía pura”. Según su creador, el diferencial está en el producto: maní de buena calidad, sin agregados y con un enfoque en la alimentación natural. “La idea es que, a diferencia de muchas pastas industriales, la nuestra ofrece maní puro, de buena calidad, sin agregados”, señaló.

Además de la producción, el contenido en redes juega un rol central. Franco no solo muestra el proceso de elaboración, sino también su rutina vinculada al entrenamiento y la alimentación.
“Mi idea no es solo construir una marca alrededor de un producto, sino alrededor de un estilo de vida”, explicó. En ese sentido, el proyecto también funciona como una plataforma de inspiración para otros jóvenes.
El emprendimiento cuenta con apoyo familiar. Su padre colaboró en la compra de maquinaria inicial y su entorno cercano participa en distintas tareas. También forma parte de un grupo de amigos que desarrollan proyectos propios, lo que genera un ecosistema de aprendizaje compartido.

De cara al futuro, el principal desafío es aumentar la capacidad productiva. Actualmente, produce cerca de un kilo por hora, una limitación que busca resolver con nueva maquinaria.
“Estoy evaluando comprar una máquina que produzca entre 15 y 30 kilos por hora”, detalló. En paralelo, trabaja en soluciones propias, como la adaptación de un sistema de tostado casero.
El objetivo es escalar el negocio y ampliar la distribución. “Mi objetivo es llegar a todo el país. Primero con envíos y lanzamientos online, y después a través de dietéticas o revendedores”, sostuvo.
También analiza implementar estrategias comerciales poco habituales en el rubro, como lanzamientos limitados o “drops”, inspirados en marcas de indumentaria.
Aunque el futuro del proyecto aún está en construcción, Franco tiene claro su propósito: “Capaz no termino viviendo de la pasta de maní, pero quiero inspirar a otros, mostrar el proceso y ayudar a que más personas se animen a crear algo propio”.
El caso refleja una tendencia creciente: jóvenes que combinan redes sociales, conocimiento técnico y hábitos de consumo para detectar oportunidades y transformarlas en negocios concretos.