Agro Alimentos / Promoción Comercial / Promoción Comercial Externa

La geopolítica redefine el mercado global del jugo y posiciona a Argentina como proveedor clave

Tensiones comerciales y conflictos internacionales alteran precios y logística; el país gana relevancia en EE.UU

La geopolítica redefine el mercado global del jugo y posiciona a Argentina como proveedor clave
jueves 26 de marzo de 2026

El mercado global de jugos concentrados atraviesa en 2026 una transformación marcada por tensiones geopolíticas, guerras arancelarias y conflictos internacionales, que impactan en la producción, los precios y la logística. Según un análisis publicado por LM Neuquén, la combinación de medidas comerciales impulsadas por Estados Unidos y la inestabilidad en Medio Oriente reconfigura el negocio y abre oportunidades para Argentina, que gana protagonismo como proveedor confiable en mercados clave como el estadounidense.

De acuerdo con ese medio, el sector dejó de responder exclusivamente a variables agrícolas o industriales y pasó a depender de decisiones políticas y estratégicas a escala global. La industria del jugo concentrado —especialmente de manzana y pera— se volvió altamente sensible a factores como aranceles, sanciones y conflictos internacionales.

Un mercado en transición tras el retroceso de China

Durante dos décadas, China dominó el comercio global de jugos concentrados, con una producción de manzanas que llegó a los 50 millones de toneladas y una industria capaz de generar hasta un millón de toneladas de jugo. Ese liderazgo presionó los precios internacionales y desplazó a otros productores.

Sin embargo, ese modelo comenzó a mostrar límites. El crecimiento del consumo interno elevó el precio de la materia prima y redujo la rentabilidad del negocio exportador. Como resultado, la producción cayó a niveles estimados entre 300.000 y 400.000 toneladas, generando un reordenamiento del mercado.

Ese retroceso abrió espacio para nuevos actores, como Turquía y Polonia, aunque también dio lugar a un escenario más fragmentado y menos previsible.

El impacto de la guerra arancelaria

El punto de inflexión llegó con la política comercial impulsada por Donald Trump, que estableció aranceles de hasta el 40% para productos chinos. El objetivo fue reducir la dependencia de importaciones, pero el efecto derivó en distorsiones en el comercio global.

Según detalló LM Neuquén, uno de los fenómenos más relevantes fue la triangulación de exportaciones a través de terceros países, especialmente Turquía. Este mecanismo complejizó la identificación del origen de los productos y obligó a incorporar sistemas de trazabilidad más sofisticados, incluso con análisis genéticos.

El resultado fue un mercado más regulado, con mayor incertidumbre y menor transparencia. A su vez, la volatilidad en las decisiones comerciales de Estados Unidos alteró la dinámica tradicional de contratos anuales, que fueron reemplazados por operaciones de menor volumen y corto plazo.

Este cambio impactó en toda la cadena: los flujos comerciales se desaceleraron, los stocks aumentaron y los precios comenzaron a mostrar mayor dispersión.

Medio Oriente y el factor de riesgo adicional

A la tensión comercial se sumó la inestabilidad en Medio Oriente, con foco en Irán y el Golfo Pérsico. Irán, con una producción de manzanas superior a los 2 millones de toneladas, tiene un rol relevante en el mercado, aunque con exportaciones de jugo más acotadas.

El problema, según el análisis citado, no radica tanto en el volumen como en el riesgo geopolítico. Las sanciones internacionales y los conflictos abiertos generan incertidumbre sobre la continuidad de sus exportaciones.

Además, existe la posibilidad de triangulación de producto iraní hacia mercados sensibles como Estados Unidos, lo que podría derivar en sanciones comerciales. Este escenario llevó a los compradores a adoptar una postura más cautelosa, revisando operaciones y priorizando proveedores con menor riesgo.

Un negocio más caro y complejo

La combinación de estos factores redefinió el funcionamiento del mercado. La logística, por ejemplo, dejó de basarse en envíos a granel en grandes buques y pasó a un esquema más fragmentado, con mayor uso de contenedores. Esto mejora la flexibilidad, pero incrementa los costos.

A su vez, la volatilidad en los fletes —influida por el precio del petróleo y las disrupciones en rutas comerciales— agrega presión sobre la rentabilidad. El componente financiero también se vuelve más relevante, ya que las empresas deben sostener mayores niveles de stock durante más tiempo.

En términos de precios, el mercado muestra señales de inestabilidad. Tras subas previas, los valores en Estados Unidos se ubican en torno a los 10 dólares, con variaciones significativas según origen y calidad.

Argentina gana espacio, pero enfrenta límites

En este contexto, Argentina emerge como un proveedor estratégico. Aunque su participación global es relativamente baja —entre el 5% y el 10%—, su valor crece por su condición de origen confiable en un mercado marcado por la incertidumbre.

La ausencia de conflictos geopolíticos directos y la necesidad de diversificación de los compradores favorecen su posicionamiento, especialmente en Estados Unidos, donde existe una demanda sostenida de abastecimiento alternativo.

Sin embargo, el potencial argentino enfrenta restricciones estructurales. La producción de frutas en regiones como el Alto Valle se redujo significativamente en las últimas décadas, pasando de cerca de 2 millones de toneladas a poco más de 1,1 millones.

Esta caída impacta directamente en la industria del jugo concentrado, que depende en gran medida de la fruta descartada del mercado fresco. Como consecuencia, la capacidad industrial también se redujo: de más de diez plantas operativas, hoy quedan apenas cuatro, con alta concentración.

Según fuentes del sector citadas por LM Neuquén, la oferta exportable argentina de jugo de manzana y pera se ubica entre 40.000 y 60.000 toneladas anuales.

La geopolítica redefine el mercado global del jugo y posiciona a Argentina como proveedor clave

A esto se suma una tensión estructural: la mejora en la calidad de la fruta —clave para aumentar ingresos en el mercado fresco— puede reducir el volumen disponible para procesamiento industrial.

Un mercado condicionado por la política global

El escenario actual plantea un desafío inédito para el sector. La industria del jugo concentrado depende cada vez más de variables externas a su lógica productiva, como decisiones comerciales, conflictos internacionales y regulaciones.

La previsibilidad, que históricamente sustentaba el negocio, fue reemplazada por un entorno de alta volatilidad. Las empresas operan con mayor cautela, diversifican riesgos y priorizan flexibilidad.

Para Argentina, el contexto representa una oportunidad y un desafío simultáneo. Por un lado, puede capitalizar su posicionamiento como proveedor confiable. Por otro, necesita resolver limitaciones productivas para ampliar su participación.

El futuro del mercado, coinciden los actores del sector, estará determinado en gran medida por la evolución de la política internacional. En ese marco, la capacidad de adaptación será clave para sostener competitividad en un negocio donde la geopolítica dejó de ser un factor externo y pasó a ser el eje central.

 



Invertí en periodismo de calidad

En Agroempresario trabajamos para acercarte contenidos que agregan valor.
Quiero suscribirme

Todas las Categorías

¡Envianos tus Contenidos!

Difundí tus Ideas, Conocimientos, Experiencias, Opiniones y Proyectos.


¡Juntos el Campo es más fuerte!




















¡Juntos por la eliminación
de las Retenciones!

Te invitamos a contarle a todos los argentinos por qué es bueno eliminar las Retenciones.

¡Sumá tu Stand!

Publicá tu marca en la plataforma líder del agro y aumentá tus ventas hoy.

Recibí los mejores contenidos

Suscribite a nuestro Newsletter y sigamos agregando valor.

Agroempresrio

¡Contenidos que agregan valor!