El Banco Central de la República Argentina (BCRA) volvió a intervenir con saldo positivo en el mercado cambiario este jueves al adquirir USD 57 millones, en una jornada que extendió a 55 ruedas consecutivas su racha compradora. La operación se dio en el mercado local, en un contexto de calma cambiaria, y consolida una acumulación cercana a los USD 4.000 millones en lo que va de 2026, aunque las reservas internacionales registraron una caída diaria que las llevó a su nivel más bajo desde enero.
Desde el inicio del actual esquema monetario, en enero, la autoridad monetaria acumula USD 3.989 millones, cifra que representa aproximadamente el 40% del objetivo anual. Este desempeño se apoya en un escenario de estabilidad del tipo de cambio y en el ingreso de divisas provenientes, principalmente, de la liquidación del sector agroexportador y de emisiones de deuda de empresas y provincias.
Sin embargo, pese al saldo comprador sostenido, las reservas brutas del BCRA descendieron a USD 43.536 millones, tras una caída diaria de USD 296 millones. Según fuentes oficiales, el retroceso se explica por factores financieros, entre ellos la baja en la cotización de activos que integran el stock del organismo, especialmente el oro, que registró una caída de 3,43% en su precio internacional.
El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, señaló que la dinámica de acumulación dependerá de variables clave como la demanda de pesos y el flujo de ingreso de dólares al mercado. En ese marco, las proyecciones oficiales estiman compras netas de divisas para 2026 en un rango de entre USD 10.000 y USD 17.000 millones.
La estrategia del BCRA para sostener las compras incluyó una mayor emisión monetaria, sin esterilizar completamente los pesos inyectados mediante instrumentos tradicionales. En paralelo, el Ministerio de Economía absorbió parte de esa liquidez a través de colocaciones de deuda en el mercado local.
En las últimas licitaciones, el Tesoro evitó incrementar la cantidad de dinero en circulación, con el objetivo de contener tanto la inflación como la presión sobre el tipo de cambio. Este esquema coordinado busca mantener el equilibrio macroeconómico entre acumulación de reservas y estabilidad.
No obstante, la intervención del Tesoro en la compra de divisas también limitó el ritmo de acumulación del Banco Central, ya que parte de los dólares adquiridos se destinaron al pago de vencimientos de deuda. Desde las elecciones legislativas de octubre de 2025, las emisiones de bonos y obligaciones negociables superaron los USD 11.000 millones, aportando financiamiento pero también generando demanda de divisas.
En el mercado cambiario, el dólar mayorista registró su tercera caída consecutiva. Este jueves retrocedió $9,50 (0,7%) y cerró en $1.368, el valor más bajo desde mediados de octubre del año pasado. En marzo, el tipo de cambio acumula una baja de $29 (-2,1%), mientras que en el primer trimestre del año la caída alcanza los $87 (-6%).
La cotización oficial se mantiene además muy por debajo del techo de la banda cambiaria, fijado por el Banco Central en $1.647,61. La brecha actual, de 20,4%, es la más amplia en nueve meses, lo que refleja el margen de intervención con el que cuenta la autoridad monetaria.
El volumen operado en el segmento contado fue de USD 316,4 millones, en una jornada de actividad moderada, en línea con la estabilidad que viene mostrando el mercado en las últimas semanas.
En paralelo, el Banco Central anunció una reducción de 5 puntos porcentuales en los encajes bancarios a partir de abril. La medida apunta a incrementar la liquidez del sistema financiero y fomentar el crédito, en un contexto de desaceleración inflacionaria y señales de recuperación económica.
La decisión implica no renovar una disposición transitoria vigente desde agosto, que había elevado los encajes hasta niveles máximos en tres décadas. Con este cambio, el esquema monetario adoptará un perfil más flexible, alineado con la estrategia oficial de remonetización de la economía.
Los encajes son una proporción de los depósitos bancarios que las entidades deben mantener inmovilizados en el BCRA. Su reducción libera fondos para préstamos, aumenta la circulación de dinero y puede tener impacto tanto en la actividad económica como en la inflación.
Hasta ahora, la política monetaria había mantenido un sesgo contractivo. En febrero, la base monetaria cayó 1% en términos reales, reflejando la cautela del Banco Central en un contexto de recesión sectorial.
El escenario actual muestra un equilibrio delicado entre la acumulación de reservas, la estabilidad cambiaria y la necesidad de sostener la actividad económica. Mientras el Banco Central logra consolidar su posición compradora en el mercado, factores externos y financieros continúan condicionando la evolución de las reservas.
El desempeño de las próximas semanas estará atado a la evolución del ingreso de divisas, especialmente del sector agroexportador, y a la capacidad del Gobierno para sostener la demanda de pesos sin generar presiones. Según datos publicados por Infobae, este proceso será clave para definir la dinámica cambiaria en el corto plazo.