Tres amigos de La Plata transformaron antiguos puestos de diarios de la Ciudad de Buenos Aires en cafeterías de especialidad y construyeron un negocio que ya factura cerca de US$ 1 millón al año. El proyecto se llama Canillita Café, nació en 2024 con una inversión inicial de US$ 10.000 y hoy cuenta con cuatro locales, acuerdos con grandes marcas y un modelo de franquicias que busca expandirse por el país. Según informó Forbes, el emprendimiento ya comenzó a modificar el mercado histórico de los kioscos de diarios porteños.
Los fundadores son Lautaro Loguzzo, Gerónimo Messineo y Julián Cerati, quienes tenían 26 años cuando inauguraron el primer puesto sobre Junín y Paraguay, en agosto de 2024. La idea surgió luego de un viaje por Europa, donde observaron puestos de diarios reconvertidos en cafeterías en ciudades como Barcelona y Madrid.
En Argentina, el modelo no estaba permitido hasta la publicación de la Resolución 1481 del Ministerio de Trabajo, en noviembre de 2023, que habilitó a los titulares de puestos de diarios a vender café. A partir de ese cambio normativo, los socios comenzaron un proceso de habilitaciones y trámites que demoró casi un año.

Según informó Forbes, el primer local se volvió viral apenas abrió. La repercusión en redes sociales y medios impulsó rápidamente la marca, aunque también enfrentaron inspecciones e intimaciones del Gobierno porteño. “Ese fue un momento duro de incertidumbre”, recordó Loguzzo. “Eran nuestros ahorros, toda la ilusión del proyecto”.
Lejos de retroceder, los fundadores decidieron exponer públicamente el proyecto y explicar el modelo de negocio. Con el tiempo, la relación con el Gobierno de la Ciudad cambió: a fines de 2025, Canillita recibió un reconocimiento oficial al mejor diseño arquitectónico de Buenos Aires.
Actualmente, la empresa tiene puestos en Facultad de Medicina, Facultad de Derecho, Retiro y Tribunales. Cada local funciona en apenas 6 metros cuadrados y vende entre 400 y 500 cafés diarios. El ticket promedio ronda los $7.000 por café y medialuna.

Además del café, la marca desarrolló otra fuente de ingresos clave: las activaciones comerciales con empresas. Entre el 20% y el 30% de la facturación total proviene de acuerdos con firmas como Adidas, Binance, Mubi, Dermaglós, Cher y Universal Music.
“Nos habló la brand manager de Adidas, que le había encantado la propuesta. Desde ese día no lo podíamos creer”, contó Loguzzo sobre el primer gran acuerdo comercial.
Según explicó Forbes, todo el crecimiento fue financiado con ganancias reinvertidas y sin inversores externos. Incluso, los socios aseguraron que rechazaron ofertas para vender la empresa porque consideran que el proyecto todavía tiene un amplio margen de expansión.
Durante los primeros meses, el crecimiento acelerado también generó problemas operativos. Los fundadores reconocieron que no tenían experiencia gastronómica y que llegaron a quedarse sin stock de leche o vasos por falta de espacio de almacenamiento. “Fue un proyecto que nació con lo mínimo indispensable”, admitieron.
Uno de los errores más costosos ocurrió durante unas vacaciones de invierno, cuando instalaron puestos móviles en el Planetario y el Teatro Colón. El público esperado no apareció y la inversión terminó generando pérdidas. “Fue una pérdida de tiempo y de plata muy grande”, reconoció Loguzzo.

El fenómeno también comenzó a impactar en el mercado de los tradicionales puestos de diarios. Según informó Forbes, estructuras que antes se vendían entre US$ 5.000 y US$ 6.000 ahora llegan a ofrecerse hasta por US$ 100.000 en zonas estratégicas de la Ciudad de Buenos Aires.
Mientras tanto, el modelo ya empezó a replicarse en provincias como Córdoba, Mendoza y Mar del Plata. Los fundadores incluso avanzan en un nuevo proyecto junto al Gobierno porteño para instalar cafeterías en plazas y parques públicos.
El próximo paso será un local en Barrancas de Belgrano, inspirado en la arquitectura de la glorieta histórica de la plaza. La apuesta apunta a integrar el diseño urbano con la identidad barrial y consolidar una marca que busca expandirse a otras ciudades del país y del exterior.

“Nosotros somos el rock and roll en la circulación”, resumió Loguzzo al describir el espíritu del proyecto que convirtió un negocio en crisis en una nueva tendencia urbana.