En el norte de Salta, cerca del límite con Bolivia, Graciela Ortíz, una productora de 66 años, logró recuperar antiguos cafetales en Argentina abandonados y desarrollar un modelo de café argentino sin intermediarios, que hoy comercializa en dos cafeterías propias. El proyecto, reactivado tras décadas de abandono, se consolidó luego de más de 20 años de trabajo y busca capturar valor en origen y evitar pérdidas económicas en la cadena productiva.
La historia comenzó hace más de cinco décadas, cuando la familia de Ortíz participó de un plan para impulsar el cultivo de café en Jujuy y el norte del país. Sin embargo, en los años 90, tras la muerte de su padre y en un contexto económico adverso, los cafetales quedaron abandonados y fueron cubiertos por la selva. Según informó LA NACION y el autor Belkis Martínez, décadas después Ortíz decidió retomar ese legado y reconstruir la producción de café en Salta desde cero.

El proceso implicó limpiar terrenos, recuperar semillas y desarrollar nuevos plantines. “Volví a empezar; en ese momento implicó 20 años de trabajo de nuevo”, afirmó. Actualmente, la finca cuenta con 30 hectáreas en producción dentro de un predio total de 1400 hectáreas, donde se cultivan variedades de café catuai rojo y amarillo. En temporadas favorables, la producción puede alcanzar hasta 20 toneladas.
Uno de los ejes centrales del proyecto es el control total de la cadena productiva. Ortíz decidió eliminar intermediarios para evitar pérdidas económicas y asegurar la rentabilidad. “Tengo que cerrar el círculo”, explicó sobre su estrategia dentro de la economía regional. Esa decisión derivó en la creación de Café Baritú, la marca con la que comercializa el producto.
El modelo incluye dos cafeterías propias, una en Jujuy y otra en Salta, donde el café se ofrece tanto preparado como en formato molido o souvenir. El proceso se completa en Jujuy, donde el grano llega en pergamino y se realiza el trillado y tostado antes de su comercialización, consolidando un esquema de café sin intermediarios.

Las condiciones climáticas de la región aportan características particulares al cultivo. La amplitud térmica, con noches frías y días cálidos, favorece un desarrollo similar al de los cafés de altura. Este factor influye en la calidad del grano y en su perfil final.
A pesar de los avances, el proyecto enfrenta desafíos logísticos significativos. El acceso a la finca depende en parte del ingreso por Bolivia y del cruce de ríos que, durante crecidas, pueden aislar la zona durante meses. Además, la falta de infraestructura limita el ingreso de maquinaria y complica la operación.

Ortíz sostiene que su producto puede considerarse café argentino por su adaptación al territorio durante más de cinco décadas. “Hace 55 años que está en el país, está aclimatado”, señaló. El caso refleja tanto el potencial del cultivo en regiones no tradicionales como las dificultades estructurales que enfrenta el desarrollo productivo en zonas alejadas.