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Del durazno en fresco a conservas: historia de Zopilote

Desde los 80, una chacra patagónica transformó fruta en marca propia sin perder identidad

Del durazno en fresco a conservas: historia de Zopilote
viernes 24 de abril de 2026

En el Valle Inferior del río Negro, una familia que comenzó en los años 80 pelando duraznos a mano logró construir Zopilote, un proyecto productivo que hoy elabora conservas, jugos y frutos secos, con foco en el valor agregado en origen y una escala artesanal que prioriza identidad y sostenibilidad, según reconstruye Diario Rio Negro en una nota firmada por auribel zuarce.

La historia de Zopilote resume un modelo productivo que combina tradición, innovación y decisiones estratégicas. En una chacra de 20 hectáreas, la familia Leiza produce duraznos, pelones y nueces, y desde fines de los años 80 decidió no depender solo de la venta en fresco. El objetivo fue claro desde el inicio: agregar valor a la producción primaria. La primera etapa incluyó pruebas caseras de industrialización, con distintos productos derivados del durazno, hasta que uno se consolidó como emblema: el durazno en almíbar en mitades.

Del durazno en fresco a conservas: historia de Zopilote

“Zopilote nace a fines de los 80 con el objetivo de darle valor agregado a lo que se producía, sobre todo durazno”, explicó Andrés Leiza, hoy al frente del emprendimiento junto a su esposa Josefina. El proyecto surgió también como respuesta a un problema estructural del sector, la estacionalidad, ya que la elaboración permitió generar ingresos durante los meses sin cosecha y diversificar riesgos, tal como detalla diario rio negro en el artículo de Auribel Zuarce.

Los inicios estuvieron marcados por el esfuerzo familiar. “Pelábamos los duraznos a mano, con pelapapas, toda la familia”, recordó Andrés. Ese proceso cambió cuando uno de los hijos desarrolló una máquina para pelar duraznos mientras estudiaba ingeniería, marcando un primer salto en eficiencia sin perder el carácter artesanal. Ese espíritu innovador se mantiene, y hoy tanto Andrés como Josefina, con formación en diseño gráfico, trasladan esa mirada a cada producto.

Del durazno en fresco a conservas: historia de Zopilote

Actualmente, la empresa sostiene una escala acotada, con una producción anual cercana a 2.500 frascos, pero con una oferta diversificada que incluye duraznos en almíbar, pickles, conservas de morrones y ajíes, jugos, frutos secos elaborados y licores artesanales. En los últimos años, el foco se desplazó parcialmente hacia la nuez, un cultivo con mayor capacidad de almacenamiento y proyección para el agregado de valor, lo que dio lugar a desarrollos como nueces tostadas saladas, garrapiñadas y bebidas derivadas.

A diferencia de otros emprendimientos que buscan escalar rápidamente, Zopilote prioriza un crecimiento controlado. La marca logró ingresar en cadenas de supermercados y comercios específicos, pero mantiene una estrategia selectiva. “No se trata de estar en todos lados, sino en los lugares que tienen sentido para nosotros”, sostuvo Andrés. Este enfoque responde a una realidad del sector: los alimentos envasados presentan márgenes ajustados, y crecer implicaría inversiones importantes en infraestructura y cambios en la estructura productiva. “Envasados es un negocio muy justo. Crecer implicaría cambiar completamente la estructura”, explicó.

Del durazno en fresco a conservas: historia de Zopilote

En paralelo, la familia avanza en la diversificación productiva. Actualmente cuenta con ocho hectáreas de nogales y proyecta incorporar almendros, con el objetivo de consolidar una línea con mayor estabilidad comercial. La chacra mantiene además una lógica de integración local, combinando producción propia con la compra de hortalizas a productores de la zona, que luego se transforman en conservas elaboradas en origen.

El nombre Zopilote tiene un origen familiar y refleja la identidad del proyecto, que se sostiene sobre la combinación de historia, calidad y coherencia productiva. En un contexto desafiante para las economías regionales, afectado también por eventos climáticos como heladas recientes, la familia proyecta con cautela pero con objetivos definidos: consolidar su línea de frutos secos, avanzar en nuevos cultivos y sostener su presencia en mercados seleccionados. “Siempre buscamos evolucionar, pero sin perder la esencia”, resumió Andrés.

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