En Luján de Cuyo, Mendoza, tres amigos desarrollaron MAAL, una bodega construida con materiales reciclados que se convirtió en un caso singular de arquitectura sustentable y producción vitivinícola. El proyecto fue presentado como una experiencia que combina vino, diseño y reutilización extrema de materiales. Según informó La Nación, en un artículo firmado por Andrea Calderón, la iniciativa creció de manera progresiva hasta transformarse en una bodega reconocida por su enfoque innovador.
El emprendimiento está encabezado por Matías Fraga, Alfredo Merlo y Daniel Merlo, quienes comenzaron en 2010 con una producción reducida de vino para consumo cercano. Con el paso del tiempo, el proyecto evolucionó hacia una bodega propia instalada en una finca de seis hectáreas en Las Compuertas. Allí, cuatro hectáreas están plantadas con Malbec, variedad exclusiva del proyecto.

La construcción del espacio utilizó alrededor de 500 toneladas de chatarra, incluyendo restos de demoliciones, contenedores marítimos, caños industriales y estructuras metálicas reutilizadas. El resultado es un edificio de aproximadamente 900 metros cuadrados que integra producción vitivinícola, turismo y hospitalidad.
El concepto arquitectónico fue desarrollado junto al estudio Mora Hughes, que trabajó sobre la idea de una bodega lineal: la uva ingresa por un extremo y el vino sale por el otro. El diseño busca reflejar el proceso productivo a través de la estructura del edificio, combinando funcionalidad y sustentabilidad.
La obra incluye una nave principal, sala de degustación, espacios para turismo, áreas de eventos y sectores de producción. También incorpora elementos recuperados de antiguas construcciones, como maderas, estructuras de bodegas de adobe y piezas industriales en desuso.

Uno de los ejes centrales del proyecto es su enfoque ambiental. La bodega fue concebida para reducir la huella de carbono mediante el uso de materiales reciclados y la reutilización de estructuras existentes. Sus creadores destacan que no existen referencias similares en el mundo con un nivel de reutilización tan amplio aplicado a una bodega en funcionamiento.
El proyecto también se consolidó en términos productivos. MAAL trabaja exclusivamente con uvas Malbec y desarrolla un portfolio de 16 etiquetas. Además de la producción de vino, el espacio funciona como centro de experiencias con visitas guiadas, degustaciones y eventos culturales.

La propuesta incluye actividades sociales y culturales como el ciclo MAAL Max, que combina música electrónica, arte e intervenciones en vivo. El evento, surgido durante la pandemia, se convirtió en una de las experiencias más reconocidas del proyecto.

En paralelo, la bodega continúa en proceso de expansión, incorporando áreas de fraccionamiento, almacenamiento y logística.
El caso de MAAL refleja una tendencia creciente en la industria vitivinícola de Mendoza, donde la innovación, la sustentabilidad y el turismo del vino se integran como parte del desarrollo productivo regional.

El proyecto posiciona a Luján de Cuyo como uno de los polos vitivinícolas más dinámicos del país, combinando tradición, arquitectura contemporánea y economía circular.