La industria cárnica argentina atraviesa un escenario crítico en 2026, con plantas frigoríficas que cesan operaciones, fábricas que ajustan su producción y crecientes dificultades financieras en toda la cadena. Así lo advirtió el presidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (FIFRA), Daniel Urcía, el 27 de marzo, en declaraciones difundidas por el medio especializado TodoAgro, donde alertó sobre el impacto de los costos, la caída de la actividad y el deterioro del sistema de pagos en el sector.
Según el dirigente, varias empresas comenzaron a reprogramar su producción como estrategia para reducir gastos operativos, lo que tiene consecuencias directas sobre el empleo. “Hay fábricas reprogramando su producción para reducir gastos, afectando turnos de trabajo y a la cadena de pagos”, señaló Urcía a TodoAgro, en referencia a una tendencia que ya se observa en distintas regiones del país.
El ajuste no es aislado. Entre fines de 2025 y los primeros meses de 2026, al menos tres frigoríficos con habilitación para exportar dejaron de operar. Se trata de plantas ubicadas en Bahía Blanca, Bernasconi y General Pico, que en conjunto habían procesado más de 172.000 cabezas durante el año pasado. El cierre de estos establecimientos refleja la magnitud de las dificultades que enfrenta el sector.
Los datos de faena muestran una tendencia a la baja. En febrero, la actividad volvió a caer, aunque con menor intensidad que en enero. El mes tuvo solo 18 días hábiles, debido a los feriados de carnaval y a los efectos indirectos de un paro general, lo que contribuyó a la retracción.
Sin embargo, el problema estructural va más allá de la cantidad de días operativos. La industria enfrenta una fuerte presión de costos, impulsada por el aumento de la hacienda, los combustibles, la energía eléctrica, el gas y los salarios. En este contexto, los precios de la carne vacuna y del ganado destinado a faena acumularon subas cercanas al 70%, duplicando la inflación, un nivel que, según el sector, resulta difícil de sostener en el tiempo.
Desde FIFRA advierten que este incremento erosiona el capital de trabajo de las empresas. A medida que suben los costos, los frigoríficos encuentran mayores dificultades para financiar la compra de hacienda, en un contexto donde el acceso al crédito bancario es limitado o inexistente.
A esto se suma el alargamiento de los plazos de pago en la cadena comercial, que genera descalces financieros y, en algunos casos, pérdidas. El sistema funciona con financiamiento interno entre los propios actores del sector, lo que amplifica el impacto de cualquier demora.
Otro factor señalado por Urcía es el atraso en la devolución de reintegros de IVA por parte de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), lo que añade una carga adicional sobre las finanzas de las empresas. Este retraso, en un contexto de aumento del valor de la hacienda, reduce la capacidad operativa y limita las posibilidades de sostener el ritmo de actividad.
El encarecimiento de la carne vacuna también está modificando los hábitos de consumo. De acuerdo con datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) citados por el sector, la relación de precios entre la carne vacuna y el pollo alcanzó niveles cercanos a máximos históricos.
Actualmente, con el valor de un kilo de asado se pueden adquirir 3,94 kilos de pollo, una proporción similar a la registrada en 2022. En el caso del cerdo, la relación es de 2 a 1, también en niveles elevados respecto de los últimos años.
Esta brecha favorece el crecimiento del consumo de carnes alternativas, especialmente en un contexto de pérdida de poder adquisitivo. Sin embargo, desde el sector advierten que las estadísticas oficiales aún no reflejan plenamente este cambio, debido a que la estructura del índice de precios al consumidor mantiene una ponderación histórica que subestima el peso de estas proteínas.
Otro fenómeno que preocupa a la industria es el crecimiento de la faena marginal, tanto de bovinos como de porcinos, destinada al circuito comercial informal. Según Urcía, esta práctica se expande ante la falta de controles efectivos por parte de distintos niveles del Estado, lo que genera una competencia desigual para las empresas que operan dentro de la legalidad.
La expansión de este circuito no solo afecta la recaudación fiscal, sino que también pone en riesgo el empleo registrado y las condiciones sanitarias de la producción.
En este escenario, el dirigente remarcó la necesidad de extremar la prudencia en la gestión empresarial. “Este será un año para revisar y estar atento a todos los costos”, sostuvo, en referencia a la necesidad de tomar decisiones estratégicas en un contexto de alta incertidumbre.
De cara a los próximos meses, el sector observa cierta estabilización en los precios de la hacienda, que habrían alcanzado un techo tras las subas recientes. Sin embargo, esta moderación no implica una mejora inmediata en la rentabilidad, dado que los costos acumulados siguen en niveles elevados.
La combinación de menor actividad, presión de costos, dificultades de financiamiento y cambios en el consumo configura un panorama complejo para la industria cárnica en 2026. En este contexto, el cierre de plantas y los ajustes productivos aparecen como señales de un proceso de reacomodamiento que podría profundizarse si no se revierten las condiciones actuales.
La evolución del consumo interno, el acceso al crédito y las políticas públicas vinculadas al sector serán factores determinantes para definir si la industria logra estabilizarse o enfrenta una crisis más profunda en los próximos meses.