Una finca productora de cerezas ubicada en Luján de Cuyo obtuvo por primera vez en el país una certificación sanitaria que la declara libre de la Mosca del Mediterráneo, pese a encontrarse en una zona donde la plaga está presente con baja prevalencia, en un avance clave para la fruticultura argentina, según informó Bichos de Campo.
La certificación fue otorgada por el Senasa tras un proceso técnico que incluyó monitoreos, estudios y validaciones en campo. El establecimiento certificado es la finca Santacroce, de 100 hectáreas, perteneciente a Southern Crops by Rio Alara SA, uno de los principales exportadores de cerezas de la provincia de Mendoza.
El logro marca un precedente en la producción frutícola nacional porque habilita a establecimientos ubicados en zonas no completamente libres de la plaga a demostrar su condición sanitaria individual, lo que abre nuevas oportunidades comerciales. Hasta ahora, este tipo de certificaciones dependía exclusivamente del estatus sanitario regional.

La iniciativa fue posible gracias a la articulación entre el Iscamen y el Senasa, que desarrollaron un protocolo específico para validar estos casos. Según explicó el titular del organismo provincial, José Orts, “Lo importante de esta nueva certificación es que aquellos productores que se animen a conseguirla podrán ser más competitivos en el mundo”.
El impacto es directo sobre las exportaciones. La certificación permite acceder a mercados más exigentes como Estados Unidos, China o Chile, que requieren estrictos controles sanitarios. En el caso de la finca mendocina, la limitación anterior impedía exportar por vía aérea fruta temprana, lo que reducía su competitividad internacional.
El proceso para alcanzar este reconocimiento demandó varios años de trabajo técnico. Incluyó monitoreo intensivo, sistemas de trampeo y análisis de trazabilidad que demostraron la ausencia de la plaga en el establecimiento. Además, se aprovechó una ventaja biológica: la cosecha de cerezas ocurre antes del inicio del ciclo reproductivo de la mosca, lo que reduce el riesgo de infestación.

Un factor central en la estrategia sanitaria es la bioplanta del Iscamen, que produce insectos estériles para controlar la plaga. En esa instalación se generan millones de moscas del Mediterráneo que, tras ser esterilizadas, se liberan en el ambiente para interrumpir su reproducción. Actualmente, se liberan alrededor de 300 millones de ejemplares por semana, con una capacidad máxima de producción que alcanza los 7 mil millones.
Este sistema permitió avances significativos en la provincia. Regiones como el Valle de Uco y el oasis Sur ya fueron declaradas libres de la plaga, mientras que otras zonas, como el norte y el este provincial, alcanzaron niveles de baja prevalencia superiores al 70%.

El desarrollo tecnológico también avanza en paralelo. El Iscamen comenzó a implementar un sistema de monitoreo inteligente basado en inteligencia artificial que permite detectar plagas en tiempo real mediante cámaras instaladas en el campo. Esta herramienta busca mejorar la precisión del control sanitario y podría alcanzar niveles de detección cercanos al 98%.
El caso de la finca Santacroce abre la puerta a que otros productores puedan seguir el mismo camino. De hecho, ya existe un antecedente similar en la producción de kiwis en Balcarce, lo que refuerza el potencial de esta nueva herramienta.

Para el sector frutícola, el impacto es estratégico. La posibilidad de certificar predios individuales mejora la competitividad, facilita el acceso a mercados internacionales y permite capturar mejores precios. En un contexto donde las exigencias sanitarias son cada vez más estrictas, este tipo de avances se convierte en un diferencial clave para la exportación argentina.
