La inflación en Argentina mostró una aceleración en el tramo final de marzo, impulsada por un repunte en los precios de alimentos y bebidas, mientras el Gobierno nacional apuesta a que el congelamiento de los combustibles por 45 días, encabezado por YPF y acompañado por otras petroleras, contribuya a moderar el índice durante abril. La dinámica se registró en las últimas semanas del mes, en un contexto atravesado por la suba internacional del petróleo debido al conflicto en Oriente Medio, lo que elevó las tensiones sobre los precios internos.
De acuerdo con relevamientos privados, el comportamiento de los precios no fue lineal durante marzo. Tras dos semanas de desaceleración, con caídas en los valores de alimentos, el cierre del mes evidenció un cambio de tendencia. Según la consultora LCG, los precios de alimentos y bebidas subieron 1,5% en la quinta semana, revirtiendo las bajas previas de 1,1% y 0,6% registradas en la tercera y cuarta semana, respectivamente.
El informe, basado en el seguimiento de 8.000 productos en supermercados, mostró que el aumento estuvo liderado por rubros sensibles para el consumo masivo. Entre ellos se destacaron panificados, cereales y pastas, con una suba del 4,4%; lácteos y huevos, con 2,6%; y bebidas e infusiones, con 1,7%. Las carnes, por su parte, avanzaron 0,8%. Estos sectores explicaron gran parte de la presión sobre el índice general.
A pesar del repunte semanal, el promedio de las últimas cuatro semanas reflejó una inflación del 2,3%, lo que implicó una leve desaceleración respecto de períodos anteriores. Sin embargo, el dato no alcanzó para compensar el impacto del cierre de mes, que terminó condicionando las proyecciones generales.
Las estimaciones privadas ubican la inflación de marzo en un rango de entre 2,7% y 3%. Algunas consultoras, como Orlando J. Ferreres & Asociados y C&T, prevén una leve baja frente a febrero, mientras que otras, como Analytica y Eco Go, anticipan una aceleración. En tanto, la Fundación Libertad y Progreso estima un nivel cercano al 2,9%.
El propio ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció públicamente que el dato inflacionario podría mostrar un deterioro. En el marco de una presentación en la Bolsa de Comercio de Rosario, el funcionario señaló: “Por ahí la inflación del mes pasado, producto de la nafta y la educación, da más alta”, y remarcó que esos movimientos no alterarán la estrategia económica del Gobierno.
En este escenario, el Ejecutivo nacional centró su atención en el impacto de los precios regulados, en particular los combustibles, como herramienta para contener la inflación en el corto plazo. La decisión de YPF de no aplicar aumentos en las naftas durante 45 días se transformó en un eje clave de esa estrategia.
La medida fue tomada en medio de la volatilidad del precio internacional del petróleo, que registró fuertes subas a partir de la escalada del conflicto en Oriente Medio. Según explicó el presidente y CEO de la petrolera estatal, Horacio Marín, la situación responde a un fenómeno excepcional. “La guerra es algo transitorio, un cisne negro que no justifica un aumento tan violento de precios”, sostuvo.
El acuerdo alcanzado en el sector contempla la participación de los distintos actores de la cadena: productores de petróleo, refinadoras y empresas integradas. Entre ellos se encuentran compañías como Tecpetrol, Pluspetrol, Fénix, Raízen, Trafigura y Pan American Energy. La iniciativa también podría ser acompañada por otras firmas del mercado, como Puma Energy.
El esquema establece que el valor del crudo correspondiente a marzo se utilizará como referencia para las operaciones internas. De esta manera, mientras los productores facturan según la cotización internacional vigente, los refinadores pagan un precio congelado. La diferencia se acumula en una cuenta compensadora que se ajustará en el futuro.
En términos prácticos, esto implica que el precio de los combustibles en los surtidores permanecerá estable durante el período acordado. Incluso, en caso de una eventual baja del petróleo, los precios locales no se reducirán inmediatamente, ya que deberán compensar los desfasajes generados durante la vigencia del esquema.
Desde el Gobierno consideran que esta decisión permitirá evitar un traslado directo de la suba internacional del petróleo a los precios internos, lo que podría haber generado un impacto significativo en la inflación y en el nivel de consumo.
Marín defendió la postura adoptada por la compañía al señalar que trasladar completamente el aumento del crudo —que pasó de 70 a 120 dólares por barril en el mercado internacional— habría tenido efectos negativos. “Íbamos a generar una baja de consumo tan grande que iba a ser peor el remedio que la enfermedad”, afirmó.
El congelamiento de los combustibles aparece como un intento de anclar expectativas en un contexto de inflación aún elevada y con señales mixtas en su evolución. La incidencia de los combustibles en el índice de precios es directa, pero también indirecta, a través de los costos logísticos y de producción.
Sin embargo, analistas advierten que el efecto podría ser limitado si no se consolida una desaceleración sostenida en otros rubros, especialmente en alimentos, que continúan mostrando alta volatilidad.
Además, el esquema acordado implica una acumulación de costos que deberán resolverse en el futuro, lo que podría trasladar presiones inflacionarias a los meses siguientes si no se logra una estabilización del contexto internacional.
En este marco, el Gobierno busca ganar tiempo y evitar una nueva aceleración inflacionaria en abril, tras un marzo que cerró con señales de alerta. La evolución de los precios en las próximas semanas será clave para determinar si la estrategia logra su objetivo o si, por el contrario, se trata de un alivio transitorio en un escenario aún incierto. Según consignó Infobae, la decisión de las petroleras se enmarca en una coordinación impulsada por el Ejecutivo para contener el impacto de los precios regulados.