Ecuador registró un superávit comercial de USD 62 millones frente a Colombia en el periodo comprendido hasta marzo de 2026, un giro significativo respecto al persistente déficit bilateral que rondaba los USD 1.000 millones, según datos oficiales del gobierno ecuatoriano. El cambio en la balanza coincide con la entrada en vigor de un arancel del 30% a productos colombianos, implementado por Quito con el argumento de proteger sectores productivos locales y enfrentar riesgos asociados a seguridad fronteriza.
La medida, aplicada desde febrero de 2026, encareció las importaciones provenientes de Colombia, reduciendo su volumen en el mercado ecuatoriano y alterando el equilibrio comercial entre ambos países andinos. El resultado inmediato fue un saldo a favor de Ecuador, aunque expertos señalan que este superávit responde más a una contracción de las importaciones que a un aumento sustancial de las exportaciones nacionales.

El anuncio del superávit se produce en medio de un incremento de tensiones diplomáticas entre Quito y Bogotá, que respondió con la imposición de aranceles recíprocos a más de 50 bienes ecuatorianos, medidas que se ampliaron a otros sectores estratégicos y se complementaron con restricciones temporales al suministro de energía eléctrica, así como con gestiones en la Comunidad Andina de Naciones (CAN).
El Ministerio de Comercio Exterior de Ecuador destacó que el resultado comercial positivo es “un primer efecto de las acciones orientadas a equilibrar la balanza bilateral”, aunque advirtió que la medida es de carácter temporal y sujeta a la evolución del conflicto arancelario. Por su parte, fuentes colombianas catalogaron las acciones ecuatorianas como discriminatorias y contrarias a los principios de libre comercio dentro de la CAN.
El arancel del 30% generó una reducción rápida y significativa de las importaciones hacia Ecuador, especialmente en manufacturas, alimentos procesados y bienes industriales, donde Colombia históricamente ha sido un proveedor central. Este descenso fue el principal factor que volcó la balanza comercial a favor de Quito en el primer trimestre del año.
Sin embargo, representantes del sector exportador ecuatoriano reconocen que hasta ahora no se ha observado un incremento proporcional en las ventas hacia Colombia que justifique un cambio estructural en la balanza. Para algunos economistas, “el superávit es un efecto contable derivado de menores importaciones, más que un fortalecimiento de las exportaciones ecuatorianas”.
El gobierno de Colombia responsabilizó a Quito por una “ruptura injustificada del flujo comercial histórico” y anunció la aplicación de aranceles recíprocos a productos ecuatorianos, junto con otras medidas para presionar por una solución negociada. Bogotá también ha señalado que estas acciones podrían ser discutidas en el marco de la CAN, organismo que busca garantizar la libre circulación de bienes entre sus miembros.
Analistas de comercio internacional advierten que estas decisiones unilaterales podrían tener efectos negativos en la integración económica andina, ya que la relación entre Ecuador y Colombia ha sido tradicionalmente dinámica, con un intercambio anual cercano a USD 5.000 millones. La CAN, que promueve la eliminación de barreras arancelarias, enfrenta un desafío sobre cómo manejar disputas comerciales sin recurrir a medidas proteccionistas.
Sectores productivos y empresariales de ambos países han expresado preocupación por las distorsiones que estos aranceles pueden generar. En Ecuador, empresas que dependen de insumos colombianos temen un aumento de costos de producción que afecte su competitividad. En Colombia, exportadores afectados por la contracción del mercado ecuatoriano señalan una pérdida de oportunidades comerciales en sectores clave.
La evolución de la balanza comercial en los próximos meses dependerá de si las partes optan por un diálogo bilateral para reducir tensiones o mantienen una escalada de medidas arancelarias. Un endurecimiento del conflicto podría disminuir significativamente el volumen comercial entre ambos países andinos.
“El superávit de USD 62 millones puede presentarse como un logro coyuntural, pero no necesariamente constituye un cambio estructural en el comercio exterior ecuatoriano”, afirmó un analista de comercio exterior que pidió anonimato a Infobae.