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Carne de burro: una prueba piloto en la Patagonia se agota en horas y abre debate sobre nuevas alternativas de consumo

Un emprendimiento en Chubut sorprendió al mercado: vendió toda su producción en un día en medio de precios altos de la carne vacuna.

Carne de burro: una prueba piloto en la Patagonia se agota en horas y abre debate sobre nuevas alternativas de consumo
jueves 16 de abril de 2026

En un contexto de precios elevados de la carne vacuna y cambios en los hábitos de consumo, un emprendimiento en la provincia de Chubut logró captar la atención del mercado al introducir carne de burro en una carnicería de Trelew, donde se agotó en apenas un día tras su lanzamiento el 15 de abril de 2026. La iniciativa, impulsada por el productor Julio Cittadini bajo el proyecto “Burros Patagones”, resulta relevante porque plantea una alternativa productiva y comercial en regiones con limitaciones para la ganadería tradicional.

Según informó iProfesional, la experiencia comenzó como una prueba piloto autorizada por el Ministerio de Producción local, con controles bromatológicos, y rápidamente generó una respuesta positiva del público. Los cortes se ofrecieron inicialmente a $7.500 por kilo, un valor competitivo frente a la carne vacuna, el pollo y el cerdo, en un escenario de alta inflación en alimentos.

“El dueño de la carnicería pensó que iba a tardar una semana en venderlos y se llevaron todo en un día”, afirmó Cittadini en declaraciones consignadas por el medio. El productor destacó que la aceptación superó las expectativas, lo que abre interrogantes sobre el potencial de esta carne en el mercado argentino.

Una alternativa productiva en la Patagonia

El origen del proyecto está vinculado a las dificultades estructurales que enfrenta la producción ganadera en la región. De acuerdo con Cittadini, la crisis de la actividad ovina y las limitaciones de los campos patagónicos para la cría de bovinos impulsaron la búsqueda de alternativas adaptadas al ambiente local.

“En la Patagonia, históricamente se produjeron ovejas, pero esa actividad se está perdiendo”, explicó el productor, quien agregó que muchos campos no son aptos para ganado vacuno. En ese contexto, el burro aparece como una opción viable por su capacidad de adaptación a la estepa y menor requerimiento de recursos.

La iniciativa se inscribe en una tendencia más amplia de diversificación productiva en regiones con restricciones agroecológicas, donde la incorporación de especies alternativas puede mejorar la sustentabilidad económica de los establecimientos rurales.

Características del producto y percepción del consumidor

Desde el punto de vista del consumo, la carne de burro presenta características que, según sus impulsores, podrían facilitar su inserción en el mercado. Cittadini señaló que se trata de un producto de buen sabor y calidad, comparable con la carne vacuna, tanto en textura como en tipo de cortes.

“La carne es muy buena, de muy buen sabor y calidad. Es comparable a la carne de vaca. Los cortes son iguales”, sostuvo. También destacó que su color es más claro y rojizo que el de otras carnes alternativas como el ciervo o el guanaco.

Además, el productor remarcó que en algunos países europeos este tipo de carne tiene una tradición de consumo consolidada, asociada a un perfil nutricional magro y beneficioso para la salud. Este antecedente podría contribuir a su aceptación en mercados donde se valoran alimentos diferenciados.

Sin embargo, reconoció que en Argentina persisten barreras culturales, especialmente en torno al consumo de especies no tradicionales. “Más allá de la figura del asado, la figura del burro como alimento es una barrera que el argentino tiene que levantar”, señaló.

Precio y proyección comercial

El precio inicial fue definido como parte de una etapa experimental. Según explicó Cittadini, el valor podría ajustarse una vez que el producto obtenga una autorización definitiva, aunque aclaró que se mantendría como una opción más económica.

“Nunca va a superar el 50% del valor de la carne de vaca”, afirmó. Esta diferencia de precio es uno de los factores clave que explican el interés de los consumidores, en un contexto donde el poder adquisitivo condiciona las decisiones de compra.

El rápido agotamiento del stock en Trelew sugiere que existe una demanda potencial para alternativas más accesibles, aunque su sostenibilidad dependerá de factores como la escala de producción, la logística y la regulación sanitaria.

Un mercado en transformación

La experiencia se produce en un escenario de cambios estructurales en el consumo de carnes en Argentina. En los últimos meses, la carne vacuna registró aumentos significativos que impactaron en la canasta básica, mientras que el consumo per cápita continúa en descenso.

Datos recientes del INDEC indican que los alimentos mantienen subas por encima del promedio general, con incrementos destacados en cortes bovinos. En paralelo, el pollo y el cerdo ganaron participación como opciones más económicas, aunque también muestran aumentos, pero de menor magnitud.

La relación de precios refleja esta dinámica: con el valor de un kilo de carne vacuna, los consumidores pueden adquirir varios kilos de pollo o cerdo, lo que impulsa un cambio en los hábitos alimentarios.

En este contexto, la aparición de nuevas alternativas, como la carne de burro, se inscribe en un proceso de diversificación del consumo, impulsado tanto por factores económicos como por la búsqueda de opciones diferentes.

Desafíos regulatorios y de escala

Más allá del interés inicial, el desarrollo de esta actividad enfrenta desafíos importantes. La consolidación de la carne de burro como producto comercial requiere marcos regulatorios claros, habilitaciones sanitarias y sistemas de trazabilidad que garanticen su calidad e inocuidad.

Asimismo, será necesario evaluar la capacidad de producción a escala, dado que el modelo actual se encuentra en una fase experimental. La expansión dependerá de la disponibilidad de animales, la inversión en infraestructura y la articulación con canales de comercialización.

Otro aspecto clave será la aceptación social, que puede variar según las regiones y los hábitos culturales. Si bien en zonas rurales el consumo de carnes no tradicionales es más frecuente, su adopción en mercados urbanos podría requerir estrategias de comunicación y posicionamiento.

Una señal del cambio en el consumo

El caso de Trelew ofrece una señal clara sobre la evolución del mercado: frente a precios altos y menor disponibilidad de carne vacuna, los consumidores están dispuestos a explorar nuevas opciones. La rápida venta de la carne de burro no solo refleja curiosidad, sino también una búsqueda de alternativas accesibles.

En un país con fuerte tradición ganadera, este tipo de iniciativas plantea interrogantes sobre el futuro del consumo y la producción de alimentos. La diversificación, impulsada por la necesidad y la innovación, podría redefinir el mapa de las proteínas animales en los próximos años.

Por ahora, la experiencia patagónica funciona como un ensayo que combina adaptación productiva, oportunidad comercial y cambio cultural, en un contexto donde la economía condiciona cada vez más las decisiones en la mesa de los argentinos.

 

 

 

 

 

 

 



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