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Del residuo al recurso: cómo los troncos de banano se convierten en textiles, papel y biomateriales

La industria impulsa el uso de pseudotallos de banano como materia prima sostenible, transformando millones de toneladas de desechos agrícolas

Del residuo al recurso: cómo los troncos de banano se convierten en textiles, papel y biomateriales
sábado 18 de abril de 2026

Los residuos del cultivo de banano, especialmente los pseudotallos que quedan tras la cosecha, están siendo transformados en materia prima industrial para la industria textil, papelera y de biomateriales en países productores como Brasil, en un proceso que cobra impulso en los últimos años debido a su potencial ambiental y económico. La reconversión de estos desechos responde a la necesidad de aprovechar hasta 220 toneladas de biomasa por hectárea, que hasta ahora eran subutilizadas o descartadas.

De acuerdo con estudios recientes sobre la circularidad en la producción de banano, solo una pequeña fracción de la planta se destina al consumo humano, mientras que el resto queda como residuo agrícola. Esta biomasa, que alcanza decenas de millones de toneladas anuales, comenzó a captar la atención de la industria por sus propiedades físicas, en particular por las fibras celulósicas presentes en los pseudotallos, que presentan una resistencia comparable e incluso superior a la de fibras tradicionales como el yute o el sisal.

El cambio más significativo en este proceso no radica en el descubrimiento del material, sino en su escala de aplicación industrial. Durante años, la fibra de banano fue utilizada en proyectos artesanales o de pequeña escala. Sin embargo, el desarrollo de cadenas de suministro industrializadas permitió estandarizar su producción, establecer controles de calidad y garantizar trazabilidad, lo que abre la puerta a su incorporación en mercados globales.

Del residuo al recurso: cómo los troncos de banano se convierten en textiles, papel y biomateriales

En Brasil, este avance fue impulsado por iniciativas vinculadas al sector industrial y tecnológico. Proyectos desarrollados por el Instituto SENAI de Tecnología Textil, Confección y Diseño lograron producir tejidos a partir de fibra de pseudotallo con estándares aptos para la industria. Una de estas iniciativas, denominada Banana Têxtil, alcanzó reconocimiento internacional al llegar a instancias finales de los BRICS Solutions Awards, lo que consolidó la viabilidad del material más allá del ámbito experimental.

El proceso productivo comienza generalmente en las cercanías de las plantaciones. Debido a su alto contenido de agua, el transporte de los pseudotallos a largas distancias resulta ineficiente y costoso. Por ello, las plantas de procesamiento se ubican cerca de los campos. Allí, los tallos son clasificados según tamaño, humedad y estado de conservación, factores que inciden directamente en la calidad final de la fibra.

La etapa central es la extracción mecánica, conocida como descortezado. Mediante rodillos y cuchillas, se separa la fibra resistente de la pulpa húmeda del pseudotallo. Este método es considerado el más adecuado para la producción a gran escala, ya que evita el uso de químicos agresivos y permite obtener fibras alineadas que pueden ser hiladas industrialmente. Investigaciones técnicas indican que estas fibras pueden alcanzar una resistencia a la tracción de hasta 570 megapascales, lo que las posiciona como una alternativa robusta y competitiva dentro de las fibras naturales.

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Tras la extracción, las fibras son sometidas a un lavado intensivo, necesario para eliminar residuos, mejorar su textura y reducir olores. Este paso, sin embargo, plantea desafíos ambientales, especialmente por el alto consumo de agua. En respuesta, algunas plantas incorporaron sistemas de recirculación y tratamiento de efluentes, con el objetivo de reducir el impacto y optimizar recursos.

El secado controlado es otra etapa crítica. Las fibras deben estabilizarse sin comprometer sus propiedades mecánicas. Para ello, se combinan métodos de secado al aire con hornos de temperatura controlada. Estudios recientes demostraron que las condiciones de secado influyen en la resistencia, durabilidad y color del material, por lo que se trata de un punto clave en el control de calidad industrial.

Una vez secas, las fibras pasan por procesos de apertura, alineación y acondicionamiento, similares a los utilizados en otras fibras vegetales. Posteriormente, pueden ser destinadas a distintas aplicaciones: hilado para textiles, producción de telas no tejidas o refuerzo en materiales compuestos.

En el ámbito textil, la fibra de banano ya se utiliza en mezclas con algodón y otras fibras para la confección de prendas de vestir y textiles para el hogar. En paralelo, avanza su aplicación en la industria del papel y los envases sostenibles. Ensayos recientes demostraron que la pulpa obtenida del pseudotallo puede emplearse en la fabricación de bandejas para frutas, con resultados mecánicos comparables —e incluso superiores— a los del papel reciclado tradicional, aunque con mayor absorción de humedad.

Del residuo al recurso: cómo los troncos de banano se convierten en textiles, papel y biomateriales

El aprovechamiento integral del pseudotallo es clave para la sostenibilidad del proceso. La pulpa y la savia resultantes de la extracción pueden transformarse en compost, fertilizantes orgánicos, biogás o biofertilizantes líquidos. Experimentos en este campo indicaron que estos subproductos pueden aportar nutrientes al suelo y reducir la dependencia de insumos químicos en la agricultura.

No obstante, la viabilidad económica y ambiental de estas iniciativas depende de la capacidad de utilizar la mayor parte de la biomasa generada. De lo contrario, los costos asociados a la gestión de residuos y los impactos en las comunidades locales podrían contrarrestar los beneficios.

Especialistas coinciden en que, si bien la fibra de pseudotallo de banano no reemplazará completamente a las fibras sintéticas, sí representa una alternativa estratégica para diversificar las materias primas en sectores como el textil, papelero y de envases. Además, su desarrollo contribuye a reducir la dependencia de recursos fósiles y a promover modelos productivos basados en la economía circular.

El desafío ahora radica en escalar estos procesos, mejorar la logística rural, capacitar a los productores agrícolas y optimizar el uso del agua en las plantas industriales. A medida que estas barreras se superen, el aprovechamiento de residuos agrícolas como el banano podría consolidarse como una solución sostenible de alcance global. Según reconstruyó Clarín, esta transformación marca un cambio de paradigma en la forma en que la industria entiende los desechos agrícolas.



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