El exministro de Economía Nicolás Dujovne afirmó que la inflación en Argentina durante 2026 se ubicará entre el 28% y el 29%, superando ampliamente la proyección oficial del 10,1%, durante una entrevista televisiva en el programa Odisea Argentina emitido por LN+. La estimación, basada en la evolución de los precios en el primer trimestre (9,4%), resulta relevante porque pone en duda la capacidad del Gobierno para sostener el proceso de desaceleración inflacionaria.
El economista analizó tanto el escenario local como el contexto internacional y remarcó que los procesos de desinflación suelen ser graduales, complejos y no lineales. “Si uno observa situaciones similares a la de Argentina, son procesos no lineales, con muchos avances y retrocesos”, sostuvo Dujovne durante la entrevista. En ese sentido, agregó que “en donde la prudencia fiscal se mantiene, la inflación se puede mejorar y puede seguir bajando”.
El exfuncionario contrastó su pronóstico con la pauta oficial establecida en el Presupuesto 2026, aprobado a fines del año pasado, y señaló que las cifras actuales hacen difícil sostener ese objetivo. En particular, el nivel alcanzado en los primeros meses del año anticipa, a su criterio, un cierre anual significativamente más alto.
Durante el diálogo, también se refirió a las dificultades para reducir la inflación por debajo de ciertos niveles. Consultado sobre por qué resulta complejo perforar el umbral del 2% mensual, explicó que intervienen tanto factores monetarios como factores políticos. “Al hablar de inflación se pueden dar explicaciones monetarias, pero también políticas”, indicó. Y añadió: “La política monetaria de Milei no fue tan contractiva. La política fue heterodoxa en lo económico y eso se notó en la inflación".
En otro tramo del análisis, Dujovne puso el foco en el impacto de la dinámica de precios sobre el poder adquisitivo. Señaló que los salarios reales se encuentran en niveles bajos, tanto en términos locales como medidos en dólares. “Hoy en la Argentina los salarios en dólares y en términos reales están muy bajos”, afirmó, al tiempo que vinculó el malestar social no solo a la inflación sino también a factores como la apertura económica, los impuestos distorsivos y la estructura impositiva vigente.
El economista también abordó la evolución de precios relativos, al mencionar que algunos rubros registraron aumentos significativos en el último año. “En el último año la carne subió un 55% y los precios de servicios también aumentaron”, detalló. Sin embargo, consideró que estas subas podrían moderarse en los próximos meses, lo que contribuiría a una desaceleración parcial del índice general de precios.
Para contextualizar la experiencia argentina, Dujovne mencionó casos de países de la región que lograron reducir la inflación a lo largo del tiempo. Citó a Chile y Uruguay como ejemplos de procesos prolongados de estabilización, en los que la estabilidad se alcanzó mediante políticas fiscales consistentes y apertura económica sostenida. “A Chile le llevó muchos años bajar la inflación”, explicó, mientras que sobre Uruguay recordó que tras la crisis de 2002 logró descensos progresivos desde niveles elevados.
En cuanto al crecimiento económico, el exministro consideró que una expansión del 4% anual sería un resultado positivo en el escenario actual. “Hoy el mundo no crece a grandes tasas. Crecer al 4% anual como la Argentina está bastante bien”, evaluó. No obstante, advirtió que para alcanzar mayores niveles de crecimiento sería necesario un aumento sostenido de los salarios reales, algo que —según su visión— depende de una mejora en la inversión privada a lo largo de varios años.
Dujovne también se mostró cauteloso respecto a las políticas implementadas por el Gobierno. Si bien reconoció que “no están mal”, señaló que todavía falta mayor claridad en el rumbo económico. Además, sostuvo que las posibles mejoras en materia fiscal serían limitadas en el corto plazo, en un contexto de restricciones macroeconómicas.
En su análisis histórico, comparó el actual nivel de apertura económica con el registrado en la década de 1990. “El Gobierno de Milei logró el nivel de apertura económica más grande desde los 90”, afirmó. Sin embargo, destacó que el contexto actual presenta cambios estructurales, especialmente en términos de tecnología, consumo digital y acceso directo a bienes importados, lo que modifica el funcionamiento de la economía.
Finalmente, el economista subrayó la necesidad de profundizar las reformas estructurales para mejorar la competitividad. En particular, destacó la importancia de reducir el costo del capital y facilitar el acceso al financiamiento productivo. “La mejor política industrial es bajar el costo del capital”, planteó, y agregó que una reforma laboral integral coordinada podría contribuir a ese objetivo, según reconstruyó La Nación a partir de la entrevista.