La empresa argentina Grimoldi, con más de 130 años de trayectoria en la industria del calzado, anunció su ingreso al segmento de la indumentaria a través de un acuerdo con la marca española Mango, cuyo primer local en el país abrirá en septiembre en el shopping Alto Palermo, en la ciudad de Buenos Aires. El desembarco forma parte de una estrategia de expansión que contempla la apertura de cinco locales en cinco años y refuerza la apuesta de la compañía por marcas internacionales en un contexto económico desafiante.
La compañía dirigida por la cuarta generación de la familia Grimoldi busca consolidar su transformación de fabricante y comercializador de calzado a operador integral de marcas globales, combinando licencias internacionales, desarrollo propio y canales de venta físicos y digitales.

El primer local de Mango contará con aproximadamente 700 metros cuadrados y abrirá a comienzos de septiembre, con el objetivo de operar plenamente durante la temporada previa al Día de la Madre. En paralelo, la firma activará su canal de ecommerce en el país. Un segundo punto de venta está previsto para 2027, mientras continúan las negociaciones con desarrolladores como IRSA.
El esquema acordado establece que Mango operará en la Argentina bajo un formato 100% importado, sin producción local. “Mango no tiene interés en producir en la Argentina”, señaló el director de la compañía, Hernán Grimoldi, en declaraciones reproducidas por el medio citado. Esta condición implica una fuerte dependencia del régimen de importaciones y del contexto macroeconómico.
En términos de posicionamiento, la marca española competirá directamente en el segmento de moda rápida con empresas como Zara, con una política de precios alineada a los estándares internacionales. El objetivo es replicar el modelo global de la firma, que combina diseño europeo con alta rotación de colecciones.

La incorporación de Mango se suma a un portafolio en el que Grimoldi ya gestiona marcas como Vans, The North Face, Hush Puppies, Caterpillar (CAT), Merrell y Kickers, además de desarrollos propios como aPie. En conjunto, la compañía opera más de 110 locales en Argentina, dos en Uruguay y seis plataformas de comercio electrónico.
El acuerdo con la firma española representa un cambio relevante dentro del esquema de negocios de la compañía, que históricamente concentró su actividad en el calzado. Si bien algunas marcas del portafolio ya incluyen indumentaria, este desembarco marca la primera incursión de gran escala en el negocio de la moda con una propuesta integral de colección.
La decisión se enmarca en una estrategia de largo plazo que no depende de la coyuntura económica. En ese sentido, la compañía sostiene que la expansión responde a una visión estructural del consumo y a la expectativa de una economía más abierta y con mayor disponibilidad de divisas.
Grimoldi atraviesa una etapa de estabilidad financiera relativa en un contexto de contracción del consumo. De acuerdo con su último balance, la empresa registró una ganancia neta de $14.935 millones durante 2025, prácticamente en línea con el ejercicio anterior. La facturación alcanzó los $276.000 millones, con una caída del 5% en términos reales.

A pesar de la baja en ingresos, la compañía logró incrementar el volumen de ventas, con 2,48 millones de pares comercializados, lo que representa un crecimiento del 16% interanual. Este desempeño refleja una estrategia orientada a sostener escala en un mercado competitivo y con presión sobre los márgenes.
Parte de la estructura operativa de Grimoldi combina producción local con importaciones, aunque en los últimos años creció el peso de los productos provenientes del exterior. Esta flexibilidad ha sido una de las claves para su adaptación a distintos ciclos económicos en la Argentina.
Fundada en 1895, la empresa nació como un emprendimiento familiar vinculado a la fabricación de calzado y fue incorporando progresivamente tecnología, redes de distribución y acuerdos internacionales. A lo largo de su historia atravesó etapas de expansión y crisis, ajustando su modelo de negocio a los cambios del mercado local y global.

Uno de los episodios más relevantes de su historia fue el vínculo con la familia Leiser en Alemania durante la década de 1930, una relación que sobrevivió incluso a la Segunda Guerra Mundial y que derivó en una historia de cooperación y migración hacia la Argentina.
En la actualidad, la compañía busca capitalizar esa experiencia para consolidar una nueva etapa de crecimiento, en la que las marcas globales ocupan un rol central. El desembarco de Mango se inscribe en ese proceso y representa una de las apuestas más relevantes de los últimos años.
Con una economía local aún marcada por la volatilidad, la compañía apuesta a un escenario de mayor previsibilidad que permita sostener la expansión de su red comercial y fortalecer su posicionamiento en el sector de la moda y el lifestyle. En el sector, analistas consultados por Forbes destacan que este tipo de alianzas refleja una tendencia creciente de operadores locales que buscan capturar valor mediante la gestión de marcas globales en mercados emergentes.