Las chacras de frambuesa en la Patagonia argentina se consolidaron como refugios clave para los polinizadores tras los incendios forestales, según un estudio difundido el 20 de abril por la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) y el CONICET. La investigación, basada en el análisis posterior a los incendios ocurridos en 2021 en Lago Puelo, demuestra que estos sistemas productivos funcionan como amortiguadores ambientales, al concentrar insectos benéficos que pierden su hábitat natural y sostener la polinización necesaria para la producción agrícola .
El trabajo fue liderado por la ingeniera agrónoma María Noel Szudruk, quien analizó el comportamiento de los insectos tras el incendio que afectó más de 11.000 hectáreas en la región. Los resultados evidencian un fenómeno de concentración: las chacras ubicadas a menos de 700 metros del área quemada registraron un 60% más de abejas nativas y escarabajos polinizadores en comparación con aquellas más alejadas del fuego,comento el medio especializado Agrolink.
“Mientras que en las zonas alejadas los insectos se distribuyen entre el bosque y los cultivos, en las áreas cercanas al fuego se concentraron en las chacras luego de perder su hábitat natural”, explicó Szudruk en el informe, difundido por el sector científico .
El estudio destaca que las chacras de frambuesa ofrecen condiciones favorables para los polinizadores gracias a su diversidad floral y disponibilidad de agua, factores que no siempre están presentes en los ecosistemas degradados tras los incendios.
En estos sistemas, el cultivo principal convive con otras especies como mora, corinto, frutales y producciones hortícolas, lo que genera una oferta continua de polen y néctar. A esto se suma la vegetación espontánea promovida por el riego, que cumple un rol clave tanto en la alimentación de los polinizadores como en el sostenimiento de insectos que actúan como controladores biológicos de plagas.
Según la investigación, esta combinación convierte a las fincas en espacios de alta resiliencia ecológica, capaces de sostener funciones esenciales del ecosistema incluso en escenarios de fuerte perturbación ambiental.
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que, pese al aumento en la densidad de insectos en las chacras cercanas a las zonas incendiadas, los rendimientos de fruta no se vieron afectados. Este dato refuerza la idea de que la presencia de polinizadores no solo es compatible con la producción, sino que puede contribuir a su estabilidad.
El trabajo pone especial énfasis en el rol de las abejas nativas, que aumentaron su presencia en estos sistemas sin generar efectos negativos sobre los cultivos. A diferencia de lo que puede ocurrir con la abeja de la miel (Apis mellifera), cuya sobrepoblación puede afectar la floración, las especies nativas interactúan de manera más equilibrada con el entorno productivo.
Este aspecto resalta la importancia de promover la biodiversidad como parte de las estrategias agrícolas, en lugar de considerarla un factor externo o secundario.
El estudio también propone recomendaciones concretas para potenciar el rol de las chacras como refugios ecológicos. Entre ellas, se sugiere adoptar un manejo intermedio de la vegetación, que permita conservar espacios sin desmalezar en bordes o entre hileras de cultivo.
Si bien estas plantas pueden competir parcialmente con el cultivo, su presencia resulta clave para mantener la disponibilidad de recursos para los insectos beneficiosos. Este enfoque busca equilibrar la producción con la conservación, integrando ambos objetivos en una misma estrategia.
En este sentido, las chacras de frambuesa aparecen como un ejemplo de cómo los sistemas productivos pueden contribuir activamente a la restauración ecológica, en lugar de limitarse a mitigar impactos.
Los incendios forestales representan una de las principales amenazas para la biodiversidad en la Patagonia. Además de transformar el paisaje, generan la destrucción de hábitats esenciales para numerosas especies, entre ellas los polinizadores, cuya función resulta clave para la reproducción de plantas y la producción de alimentos.
La pérdida de estos insectos puede tener efectos en cascada sobre los ecosistemas y las actividades productivas, lo que refuerza la importancia de contar con espacios alternativos que permitan su supervivencia.
En este contexto, el rol de las chacras cobra una dimensión estratégica, al ofrecer condiciones que permiten sostener poblaciones de polinizadores en momentos críticos.
Más allá de los resultados específicos, la investigación plantea la necesidad de avanzar hacia una planificación territorial integral que articule la producción agrícola con la conservación de los bosques nativos.
“Los bosques proveen servicios ecosistémicos indispensables para los productores y es fundamental mantenerlos”, señaló Szudruk, quien destacó que el conocimiento generado debe ser utilizado para diseñar políticas públicas y estrategias de gestión que contemplen la interacción entre distintos usos del suelo .
El enfoque propuesto apunta a integrar acciones de restauración forestal, manejo agrícola y prevención de incendios, con el objetivo de fortalecer la resiliencia de los territorios frente a eventos extremos.
La experiencia de las chacras de frambuesa en la Patagonia ofrece un modelo que podría ser replicado en otras regiones afectadas por disturbios ambientales. La combinación de diversidad productiva, manejo adecuado del suelo y disponibilidad de recursos se presenta como una estrategia efectiva para sostener la biodiversidad.
En un contexto de cambio climático y aumento de eventos extremos, la capacidad de los sistemas productivos para adaptarse y contribuir a la conservación será un factor clave para su sostenibilidad.
El estudio refuerza una idea central: la producción agrícola y la conservación ambiental no son objetivos opuestos, sino complementarios. La integración de ambos enfoques permite generar sistemas más resilientes, capaces de enfrentar los desafíos actuales y futuros.
En el caso de la Patagonia, las chacras de frambuesa demuestran que es posible producir alimentos y, al mismo tiempo, sostener funciones ecológicas esenciales, como la polinización.
Este enfoque abre nuevas perspectivas para el desarrollo del sector agropecuario, donde la sostenibilidad deja de ser un concepto abstracto para convertirse en una práctica concreta.