Un equipo de investigadores del CONICET inició en abril de 2026 un estudio en la provincia de Buenos Aires para analizar el potencial de canteras inundadas como espacios para la cría de pejerrey y el desarrollo de proyectos socioambientales. La investigación, que abarca unas 20 cavas distribuidas en distintos puntos del territorio bonaerense, busca determinar la calidad del agua, la biodiversidad y las condiciones físicas de estos ambientes artificiales, con el objetivo de transformarlos en recursos productivos y comunitarios.
Según informó TN, el trabajo es llevado adelante por especialistas del Instituto de Limnología de La Plata en articulación con la Subsecretaría de Minería bonaerense. La iniciativa apunta a resignificar espacios que surgieron de la actividad extractiva —como la extracción de tosca, conchilla y arena— y que, tras su abandono, se llenaron de agua por acción de las precipitaciones y las napas subterráneas.
De Izquierda a derecha: Darío Colautti, Javier Garcia de Souza y Ailén Solanas. (Foto: CONICET/R. Baridón).
Estas canteras, hoy convertidas en cuerpos de agua, presentan características distintas a las lagunas naturales. Suelen ser más profundas, con paredes abruptas y menor circulación hídrica, lo que genera condiciones particulares en términos de temperatura, oxigenación y disponibilidad de alimento.
El investigador Javier García de Souza explicó a TN que estas diferencias obligan a realizar estudios específicos antes de definir cualquier uso productivo. La evaluación incluye análisis físicos, químicos y biológicos del agua, además de relevamientos de microorganismos y estudios de la topografía del fondo mediante tecnología especializada.
En paralelo, los investigadores observan que muchas de estas cavas ya son utilizadas de manera informal por las comunidades cercanas. Actividades como la pesca recreativa, el baño o el avistaje de aves son frecuentes, aunque sin regulación, lo que puede implicar riesgos tanto para las personas como para el ambiente.
Uno de los ejes principales del proyecto es evaluar la viabilidad de implementar sistemas de acuicultura, en particular la cría de pejerrey, una especie emblemática de la región pampeana.
El Instituto de Limnología cuenta con antecedentes en el desarrollo de técnicas de cultivo en lagunas, basadas en el uso de jaulas flotantes con redes finas que protegen a las larvas de depredadores y permiten el ingreso de alimento natural, como el zooplancton.
Sin embargo, trasladar este modelo a las canteras implica desafíos específicos. El investigador Darío Colautti señaló a TN que estos ambientes presentan menor circulación de agua, lo que reduce la disponibilidad de alimento natural. A esto se suman factores como la profundidad y la menor penetración de luz, que influyen en el desarrollo de los organismos acuáticos.
El objetivo del equipo es adaptar estas técnicas para aprovechar las ventajas de las cavas —como el mayor control del entorno— y compensar sus limitaciones. En este sentido, la investigación busca generar conocimiento aplicado que permita diseñar sistemas productivos viables y sostenibles.

La red protege a los ejemplares de la agresión por parte de otros peces, pero permite el intercambio del agua y la entrada de zooplancton. (Foto: CONICET).
Las tareas de campo ya se desarrollan en localidades como Samborombón, Florencio Varela y el área del Gran La Plata. En cada sitio, los investigadores realizan muestreos periódicos y relevamientos detallados para construir un diagnóstico integral.
La becaria Ailén Solanas indicó a TN que no existe un patrón único entre las canteras estudiadas. Cada una presenta características propias según su origen, ubicación y uso previo, lo que obliga a analizar cada caso de manera individual.
Esta diversidad representa tanto un desafío como una oportunidad. Por un lado, dificulta la aplicación de modelos estandarizados; por otro, permite identificar distintas alternativas de uso según las condiciones de cada cava.
El proyecto no se limita a la producción de peces. En aquellos casos donde la acuicultura no resulte viable, los investigadores evalúan otras opciones, como el desarrollo de ecoturismo, espacios educativos o áreas de conservación.
El enfoque integral busca combinar producción, ambiente y comunidad, promoviendo iniciativas que puedan generar empleo local y, al mismo tiempo, preservar los ecosistemas.
La articulación con el Estado provincial resulta clave en este proceso. El trabajo conjunto con el área de Minería facilita el acceso a las canteras y aporta recursos para la investigación, además de sentar las bases para futuras políticas públicas.
En la provincia de Buenos Aires, las canteras abandonadas han sido históricamente consideradas pasivos ambientales. Sin embargo, este proyecto propone una mirada diferente: convertir esos espacios en activos estratégicos a través de la ciencia y la planificación.
El estudio busca aportar información que permita ordenar el uso de estos ambientes y evitar intervenciones improvisadas. En este sentido, la generación de datos confiables es un paso fundamental para definir políticas que integren desarrollo económico y sostenibilidad.
El contexto actual, marcado por la necesidad de optimizar recursos y reducir impactos ambientales, refuerza la relevancia de este tipo de iniciativas. La reutilización de espacios degradados se presenta como una alternativa viable frente a la expansión de nuevas áreas productivas.
Los resultados del estudio permitirán determinar qué canteras pueden destinarse a la acuicultura y cuáles requieren otro tipo de aprovechamiento. Aunque el proceso se encuentra en una etapa inicial, los investigadores coinciden en que el potencial es significativo.
El desafío será trasladar ese conocimiento a políticas concretas y proyectos que involucren a las comunidades locales. La experiencia podría, además, replicarse en otras regiones del país con características similares.
Según consignó TN, el enfoque adoptado por el equipo del CONICET marca un cambio de paradigma en la forma de abordar estos espacios. Lejos de ser considerados terrenos inutilizados, las cavas inundadas comienzan a ser vistas como oportunidades para el desarrollo sostenible.
En ese marco, la ciencia aplicada se posiciona como una herramienta central para transformar realidades territoriales. Donde antes hubo actividad extractiva, ahora se abre la posibilidad de construir nuevos usos productivos y sociales, con una mirada de largo plazo.