Un tambo mecanizado en Córdoba, liderado por el veterinario Luis Losino, impulsa la producción de leche de burra a escala industrial, con controles sanitarios y foco en su uso como alternativa en nutrición infantil, por sus similitudes con la leche humana.
El desarrollo de la leche de burra en Argentina comienza a consolidarse como un nuevo nicho dentro del sector alimentario. El proyecto, ubicado en las cercanías de Villa María, se presenta como el primer tambo mecanizado de estas características en el país, con un rodeo de aproximadamente 300 animales y un sistema que integra tecnología para la extracción y procesamiento del producto.
A diferencia de experiencias previas, este modelo incorpora un esquema industrial que permite garantizar estándares sanitarios específicos, un punto clave debido a que el producto está orientado, en gran parte, a la alimentación infantil. La producción se realiza bajo condiciones controladas y en articulación con un laboratorio del CONICET en la Universidad Nacional de Villa María, donde la leche es sometida a procesos de pasteurización, envasado y conservación bajo estrictos protocolos de bioseguridad.
En los últimos meses, el emprendimiento incorporó tecnología de liofilización, un proceso que permite transformar la leche líquida en polvo sin aplicar calor. Esta técnica resulta clave para preservar sus propiedades nutricionales, mejorar su vida útil y facilitar su distribución en distintos mercados.
Desde el punto de vista nutricional, la leche de burra presenta características que explican el creciente interés. Se trata de un alimento con bajo contenido graso y proteínas de menor capacidad alergénica en comparación con otras leches. Además, contiene péptidos bioactivos con propiedades antibacterianas, lo que refuerza su potencial uso en dietas especiales.

El proyecto también se apoya en antecedentes internacionales. En Europa, la leche de burra tiene una larga tradición que se remonta a más de mil años, especialmente en la alimentación de bebés y en aplicaciones vinculadas a la salud. Este respaldo histórico contribuye a validar su desarrollo en nuevos mercados como el argentino.
Actualmente, la comercialización se concentra en canales digitales y en nichos específicos vinculados a alimentos naturales. Sin embargo, uno de los principales objetivos del emprendimiento es ampliar su alcance y lograr un mayor reconocimiento institucional, similar al que posee en otros países donde incluso forma parte de políticas públicas de salud.
El crecimiento del proyecto está ligado a varios desafíos. Entre ellos, la necesidad de consolidar un marco regulatorio claro, ampliar la escala productiva y generar mayor conocimiento en el consumidor sobre las propiedades del producto. En ese contexto, la articulación con organismos científicos y el desarrollo tecnológico aparecen como factores clave.
La iniciativa liderada por Losino refleja una tendencia más amplia dentro del agro y la industria alimentaria, donde surgen propuestas innovadoras orientadas a productos diferenciados con valor agregado. En este caso, la leche de burra se posiciona como una alternativa con potencial de crecimiento, especialmente en segmentos que demandan soluciones específicas en nutrición.

Con una base científica, tecnología aplicada y un enfoque en calidad, el proyecto busca consolidarse en el mercado local y, a mediano plazo, expandirse hacia nuevos destinos, en línea con la creciente demanda global de alimentos funcionales.