La molienda de girasol en Argentina alcanzó en marzo de 2026 un volumen de 564.630 toneladas, el nivel más alto para ese mes desde 2009, según informó la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca. El dato marca un crecimiento del 52% respecto a marzo de 2025 y confirma el dinamismo del complejo oleaginoso en un contexto de buena cosecha y fuerte demanda externa, lo que posiciona al país como un actor relevante en el mercado global de aceites vegetales.
De acuerdo con la información oficial, el resultado se inscribe en una campaña 2025/26 que se encamina a cerrar con una producción de 6,5 millones de toneladas de girasol, lo que explica en gran medida el incremento en la actividad industrial. La combinación de mayor disponibilidad de materia prima y un alto nivel de utilización de la capacidad instalada permitió alcanzar registros que no se observaban desde hace más de una década.
Desde la cartera agropecuaria señalaron que “este volumen representa un notable incremento respecto del promedio de la última década y refleja la fortaleza productiva del sector oleaginoso nacional”. La dependencia oficial también destacó que el crecimiento sostenido de la molienda en los últimos años evidencia un proceso de consolidación de la industria, con mejoras en eficiencia y competitividad.
El dato de marzo no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia más amplia. En los últimos diez años, la molienda de girasol mostró una expansión progresiva, acompañando el desarrollo de la cadena productiva y la modernización de la industria aceitera.
El incremento del 52% interanual registrado en marzo es uno de los más significativos del período reciente y responde tanto a factores internos como externos. Por un lado, la cosecha actual presenta buenos rindes y un volumen considerable. Por otro, el mercado internacional mantiene una demanda firme de aceite y subproductos derivados del girasol, lo que incentiva el procesamiento local.
La industria aceitera argentina, que cuenta con una importante infraestructura instalada, logró aprovechar este escenario favorable para incrementar su nivel de actividad. La plena operación de las plantas permitió transformar la mayor producción primaria en valor agregado, consolidando el rol del país en la exportación de productos industrializados.
Uno de los factores clave detrás del crecimiento es la demanda sostenida en el mercado global. El aceite de girasol argentino es reconocido por su calidad, lo que lo convierte en un producto competitivo frente a otros aceites vegetales.
En este contexto, la Secretaría de Agricultura destacó que el desempeño del sector “es producto de la confluencia de una abundante cosecha y de la plena operación de la capacidad instalada de la industria aceitera, favorecida por la competitividad del sector y la demanda internacional sostenida”.
El comercio exterior cumple un rol central en esta dinámica. Argentina se ubica entre los principales exportadores mundiales de aceite de girasol y sus derivados, lo que le permite captar divisas y fortalecer su balanza comercial.

El crecimiento de la molienda tiene efectos directos sobre toda la cadena agroindustrial. Desde los productores primarios hasta las plantas procesadoras, el aumento en la actividad genera mayor movimiento económico, empleo y oportunidades de inversión.
Además, el agregado de valor en origen permite mejorar la rentabilidad del sector y diversificar la oferta exportable. En lugar de comercializar únicamente materia prima, el país exporta productos elaborados como aceite y harina de girasol, que tienen mayor valor en el mercado internacional.
Este proceso también contribuye a fortalecer la integración entre los distintos eslabones de la cadena, promoviendo una mayor coordinación entre producción, industria y comercialización.
A pesar del escenario favorable, el sector enfrenta desafíos vinculados a la sostenibilidad del crecimiento. Entre ellos se destacan la necesidad de mantener la competitividad frente a otros países productores, garantizar el abastecimiento de materia prima y adaptarse a las exigencias de los mercados internacionales.
En este sentido, el gobierno nacional señaló que continuará trabajando para fortalecer las condiciones productivas y comerciales que permitan al sector sostener e incluso superar los niveles actuales de actividad.
La evolución del mercado global, las condiciones climáticas y las políticas económicas serán factores determinantes para definir el desempeño del complejo girasolero en los próximos meses.
El girasol forma parte de los cultivos estratégicos de la Argentina dentro del complejo oleaginoso, junto con la soja. Su producción y procesamiento generan un aporte significativo a la economía, tanto en términos de exportaciones como de desarrollo regional.
El récord alcanzado en marzo refleja no solo un buen momento coyuntural, sino también la capacidad del sector para responder a condiciones favorables y aprovechar oportunidades en el mercado internacional.
Con una industria consolidada y una cadena productiva en expansión, el girasol se posiciona como uno de los pilares del sistema agroindustrial argentino.
De cara al futuro, el desafío será sostener este nivel de actividad y continuar generando valor agregado, en un contexto global cada vez más competitivo y exigente.