En el norte del Valle Calchaquí, en la provincia de Salta, el ingeniero agrónomo Raúl Dávalos junto a Paula Marra desarrollan desde hace años el proyecto Valle Arriba, una iniciativa que busca producir vinos de altura en terruños poco explorados, con el objetivo de lograr calidad diferencial y potenciar el turismo en la región.

El proyecto combina tradición familiar, innovación y exploración. Dávalos pertenece a una histórica familia vinculada a la vitivinicultura salteña y actualmente dirige la bodega ubicada en Tacuil, donde elabora vinos a partir de uvas cultivadas en distintas fincas del norte del valle.
Según informó Bichos de Campo, la iniciativa comenzó a tomar forma en 2006, cuando Dávalos decidió avanzar sobre terruños especiales que aún no habían sido desarrollados comercialmente. “Cuando me refiero a terruños especiales es sobre aquellos donde veía un potencial muy grande”, explicó.

Con el tiempo, el proyecto sumó a Paula Marra, ingeniera agrónoma con experiencia en gestión empresarial. Su incorporación en 2017 aportó estructura, planificación y una mirada estratégica para escalar la propuesta.
El corazón del desarrollo está en Cachi Adentro, donde el equipo proyecta consolidar una base con viñedos, una bodega propia y un restaurante orientado al turismo enológico. El viñedo principal se ubica a unos 2.500 metros de altitud, una condición clave que define el carácter de los vinos.

Dávalos explicó que el concepto de “Valle Arriba” surge porque la vitivinicultura tradicional de Salta se concentra en la zona sur del valle, con epicentro en Cafayate, mientras que el norte presenta mayores alturas y condiciones más extremas. Allí, los viñedos pueden alcanzar entre 2.000 y 3.100 metros, lo que influye directamente en la calidad de la uva.
Las condiciones geográficas imponen desafíos. Los caminos de acceso son complejos, muchas veces de cornisa y de una sola mano, lo que encarece la logística y dificulta el trabajo diario. Sin embargo, ese mismo entorno es el que permite obtener vinos únicos, con características distintivas.

El proyecto cuenta actualmente con siete viñedos distribuidos en Angastaco, Molinos, Seclantás y Cachi, donde cultivan distintas variedades como malbec, pinot noir, semillón, cabernet franc y criolla chica. Esta última tiene un valor histórico en la región, ya que fue introducida por los jesuitas en el siglo XVI.
En términos comerciales, desarrollan dos líneas principales. Una de entrada de gama llamada Mayuco, que combina uvas de distintos terruños, y otra línea premium denominada Valle Arriba, donde cada vino representa un origen específico.

Uno de los hitos recientes fue el reconocimiento de la indicación geográfica Valle de Pucará por parte del Instituto Nacional de Vitivinicultura, lo que refuerza la identidad del proyecto y su posicionamiento en el mercado.
La producción actual ronda las 40.000 botellas anuales, con una proyección de crecimiento controlado hasta un máximo de 100.000 botellas. El objetivo no es la escala masiva, sino mantener la calidad y la identidad del producto.
Marra destacó el valor social del emprendimiento: “Me encanta ayudar a generar trabajo y arraigo”. Además, el proyecto busca integrar cultura y turismo, con la idea de desarrollar actividades como peñas y experiencias gastronómicas en el futuro restaurante.

El enfoque de Valle Arriba combina producción vitivinícola, desarrollo territorial y turismo, en una región donde las condiciones naturales son exigentes pero ofrecen un potencial diferencial.