La familia Justo transformó un campo degradado de 2400 hectáreas en la zona de Luan Toro, La Pampa, mediante un sistema de ganadería regenerativa basado en pastoreo rotativo, descansos prolongados y manejo sustentable del pastizal natural. Según informó La Nación, en una nota de Carlos Marin Moreno, el establecimiento logró mejorar sus índices productivos y aumentar la producción de carne en una región marcada por condiciones climáticas extremas.
La historia de la cabaña La Florida comenzó en 1928, cuando el abuelo de Gabriel Justo adquirió el establecimiento en el oeste pampeano. Décadas después, la tercera generación familiar impulsó un cambio profundo en el modelo productivo para revertir el deterioro del campo natural y mejorar la sustentabilidad del sistema ganadero.

“La premisa central siempre fue conservar los recursos existentes, aprender a producir de manera más sustentable y maximizar el aprovechamiento del pasto sin degradarlo”, explicó Gabriel Justo.
El establecimiento está ubicado en una región compleja del Caldenal, con lluvias promedio de 550 milímetros anuales, altas temperaturas en verano y cerca de 90 heladas por año. Los suelos franco-arenosos y limosos, sumados a la variabilidad climática, representaban un desafío para sostener la productividad ganadera.
Frente a ese escenario, la familia avanzó con una estrategia de ganadería regenerativa. El sistema incluyó subdivisión de potreros, instalación de aguadas y un esquema de pastoreo rotativo con alta carga instantánea y largos períodos de descanso.

En los años 80 el campo tenía apenas siete potreros distribuidos en 2400 hectáreas. Actualmente cuenta con 45 lotes, lo que permitió ordenar el uso del forraje y mejorar la recuperación del pastizal.
“Descansos planificados permiten el rebrote y la recuperación de especies de mayor calidad, la formación de una cobertura para evitar el sobrepastoreo y la mejora de las condiciones del pastizal año tras año”, sostuvo Justo.
El modelo se basa en mantener una parte reducida de la superficie bajo pastoreo mientras el resto permanece en recuperación. De acuerdo con el productor, entre el 5% y el 15% del campo está ocupado por hacienda en un momento determinado, mientras el resto descansa.

La estrategia permitió diferenciarse de los sistemas tradicionales de la región, donde el pastoreo continuo suele acelerar la degradación del recurso forrajero. En muchos establecimientos similares, productores sostienen alrededor de 400 vacas y producen menos de 20 kilos de carne por hectárea.
En La Florida, en cambio, los resultados mejoraron de manera sostenida. Los índices de los últimos diez años muestran una tasa de preñez del 94%, destete del 93% y producción de 28 kilos de carne por hectárea.
La genética también fue parte del proceso. Debido a las condiciones del agua y el ambiente, la familia eligió trabajar con rodeos Braford adaptados a la zona. Además, incorporaron inseminación artificial a tiempo fijo en algunos sectores para mejorar la calidad genética.
Otro de los pilares del sistema es el manejo flexible del destete y la suplementación estratégica durante el invierno para optimizar el uso del forraje de menor digestibilidad.

“El pastoreo rotativo no constituye una herramienta novedosa, pero su aplicación en este tipo de sistemas aumenta la productividad”, afirmó Justo.
La experiencia de la cabaña La Florida integra además un programa regional impulsado por Wildlife Conservation Society Argentina (WCS), que reúne a 10 campos y unas 30.000 hectáreas bajo manejo regenerativo.
El objetivo de esta red es revertir la degradación de los suelos, mejorar la biodiversidad y generar mayor estabilidad productiva en el oeste pampeano. También apunta a obtener certificaciones internacionales que permitan acceder a mercados con valor agregado.

En un contexto de mayor presión climática y productiva, el caso de La Florida aparece como un ejemplo de cómo el manejo sustentable del pastizal natural puede mejorar la rentabilidad ganadera y conservar los recursos a largo plazo.