Dos ingenieras agrónomas argentinas, Mariana Moulin y Victoria Majkowki, crearon una línea de mieles saborizadas artesanales bajo la marca Melka, con el objetivo de agregar valor a un producto tradicional. El emprendimiento, que nació en 2025, ya se utiliza en gastronomía y llegó incluso a la Antártida, consolidando su crecimiento.
El proyecto comenzó como una idea gestada durante sus años de estudio en la Facultad de Agronomía de la UBA. Aunque cada una siguió su camino profesional, mantuvieron el vínculo y el interés por desarrollar un emprendimiento conjunto. Años después, decidieron avanzar con una propuesta innovadora dentro del mercado de la miel gourmet.

El objetivo fue claro desde el inicio: transformar la miel en un producto diferenciado mediante la incorporación de ingredientes naturales. “Vimos que la miel es un producto que se vende a granel y no tiene diversificación. Por más que se fraccione, no hay muchas iniciativas que le agreguen valor, y la verdad es un alimento muy noble y puro”, explicó Victoria.
El desarrollo implicó meses de pruebas hasta definir un método propio. La clave del proceso es la infusión en frío, que permite mantener intactas las propiedades del producto. “Esto es 100% artesanal. Es un proceso muy cuidado que se hace frasco por frasco y consta de miel pura con un agregado de productos naturales”, detalló Mariana.

El resultado es una amplia variedad de mieles saborizadas, que incluyen opciones como naranja, frambuesa, jengibre y limón, además de alternativas menos convencionales como miel ahumada, con pimienta o con frutos secos. Este enfoque amplía el uso del producto más allá del consumo tradicional.
La versatilidad es uno de los puntos fuertes del emprendimiento. Las mieles pueden utilizarse como reemplazo del azúcar o la mermelada, pero también como ingrediente en preparaciones gastronómicas. Se emplean en bebidas, cócteles, yogures, pastelería y ensaladas, además de combinar con carnes, quesos y chocolate.

El proyecto se sostiene sobre un esquema artesanal y descentralizado. Una de las socias se encarga de la selección de la materia prima, proveniente de productores orgánicos, mientras que la otra realiza la elaboración. Ambas coordinan el proceso para garantizar la uniformidad del producto.
Uno de los hitos más destacados fue la llegada de sus productos a la Antártida, donde fueron utilizados en la cocina de una base científica. “Fue muy loco. Fue por una chica que es periodista y que, como vive ahí, se llevó varios gustos para que la cocinera de la base lo usara en las comidas”, relató Mariana.

Además de las mieles, el emprendimiento comenzó a diversificar su oferta con productos derivados como bálsamos elaborados con cera de abeja y miel en panal, ampliando su presencia en el mercado.
El crecimiento del proyecto refleja una tendencia en alza: la búsqueda de alimentos naturales con valor agregado. En ese contexto, la propuesta de Melka apunta a posicionarse dentro del segmento gourmet con identidad propia y potencial de expansión.
“Creemos mucho en este producto y le estamos poniendo todas las fichas para seguir creciendo”, resumió Mariana.
