Josep Serra y Marta Pedra fundaron la bodega La Vinyeta tras una llamada inesperada en 2002, cuando aún estudiaban. Hoy, su proyecto en el Alt Empordà recibe unas 15.000 visitas anuales y se consolidó como un modelo de enoturismo y producción sostenible.
La historia comenzó con una oportunidad. El padre de Serra lo llamó en medio de una clase para contarle que un anciano vendía viñas en Mollet de Peralada. Sin experiencia previa en viticultura familiar, ambos decidieron avanzar. “Pensé: ¿por qué me llama, si sabe que estoy en clase? ¡Quizá ha pasado algo malo!”, recordó. No era una urgencia, sino el inicio de un proyecto.
Las primeras parcelas incluían variedades tradicionales como cariñena y garnacha. Durante los primeros años, combinaron sus estudios con el aprendizaje directo en el campo junto al antiguo propietario. “Él fue quien nos enseñó el trabajo del campo y quien nos contagió su amor”, explicó Serra. La decisión implicaba riesgo. “Fue como comprarnos un piso”, agregó.

El proyecto tomó forma cuando comprendieron que debían dedicarse por completo. Pedra diseñó la bodega como parte de su formación y Serra se enfocó en el desarrollo de viñedos. Tiempo después, adquirieron el terreno donde hoy se ubica la finca productiva, consolidando una estructura que no existía previamente.
La propuesta de La Vinyeta se diferencia por integrar producción y relato. El nombre remite tanto a una pequeña viña como a una historia. Esa identidad se refleja en la experiencia para visitantes, donde el recorrido incluye no solo vinos sino también otros productos elaborados en la finca.
El crecimiento del proyecto estuvo vinculado al enoturismo, una estrategia adoptada cuando aún no eran conocidos. En ese momento, abrir las bodegas al público no era habitual en la región. La decisión les permitió construir una relación directa con los consumidores y posicionarse en un mercado dominado por cooperativas.
La diversificación productiva es otro eje central. A partir de los subproductos del vino, desarrollaron una producción integrada que incluye huevos, miel, quesos y aceite de oliva. Todo bajo un modelo de agricultura ecológica, sin uso de pesticidas, que incorpora animales para mantener el equilibrio del ecosistema.
El camino no estuvo exento de dificultades. Problemas con animales, limitaciones técnicas y desafíos productivos marcaron los primeros años. Sin embargo, el proyecto logró sostenerse y escalar. Actualmente producen alrededor de 190.000 botellas anuales, con una fuerte presencia en mercados locales y una porción menor destinada a exportación.
“Si disfrutas con lo que haces, el objetivo no es maximizar beneficios, sino maximizar la felicidad”, afirmó Pedra, sintetizando la filosofía detrás del emprendimiento. Esa visión también se traduce en iniciativas sociales, como la producción de vinos solidarios y proyectos educativos vinculados a la viticultura.

Con el tiempo, La Vinyeta se convirtió en un caso representativo de emprendimiento rural, donde la combinación de conocimiento técnico, identidad cultural y experiencia turística genera valor agregado. Lo que comenzó como una decisión impulsiva durante la universidad hoy es un proyecto consolidado que atrae miles de visitantes cada año.