La industria química y petroquímica de la Argentina renovó este martes su agenda de competitividad, innovación y desarrollo industrial en el marco del 77° aniversario de la Cámara de la Industria Química y Petroquímica (CIQyP®), una entidad creada el 12 de mayo de 1949 que hoy representa a uno de los sectores estratégicos del entramado productivo nacional. La conmemoración se dio en un contexto en el que el sector busca consolidar inversiones, mejorar el acceso a insumos energéticos y fortalecer su inserción en los mercados internacionales.
De acuerdo con estimaciones sectoriales difundidas por la CIQyP®, la actividad química y petroquímica representa alrededor del 12% de la industria manufacturera local y cerca del 19% de las manufacturas de origen industrial, además de generar más de 70.000 empleos directos y unos 250.000 indirectos. A su vez, es un proveedor transversal de insumos industriales para más del 96% de las actividades productivas del país, lo que refuerza su peso dentro de la cadena de valor.
El sector se posiciona como un componente clave para la producción agroindustrial, energética, minera, de salud y manufacturera, con una fuerte incidencia en el comercio exterior. En ese sentido, desde la entidad remarcaron que la industria es la segunda en importancia dentro de las exportaciones de manufacturas de origen industrial, lo que la convierte en un actor relevante para la generación de divisas.
En el marco del aniversario, la CIQyP® subrayó que el desarrollo de Vaca Muerta y el acceso a gas natural a precios competitivos constituyen factores centrales para mejorar la competitividad industrial del sector y habilitar nuevas inversiones productivas. La disponibilidad de energía a menor costo es considerada una condición determinante para expandir la producción petroquímica y avanzar hacia productos de mayor valor agregado.
El escenario internacional también influye en la agenda del sector. Según la entidad, las tensiones geopolíticas que afectan el mercado energético global generan disrupciones en la oferta de derivados del petróleo y el gas, lo que refuerza la importancia de contar con recursos energéticos locales que permitan garantizar previsibilidad productiva.
“El sector químico-petroquímico es industria de industrias y llega a todas las cadenas de valor de la economía productiva. Argentina tiene una rica historia de producción doméstica de químicos y una capacidad profesional relevante que permitió la expansión de la industria desde el siglo pasado”, señaló Jorge de Zavaleta, director ejecutivo de la CIQyP®. En esa línea, agregó que el sector “ha mostrado una gran capacidad de adaptación y de aprovechar materias primas competitivas para consolidar una industria que no solo abastece al mercado interno, sino que también participa activamente en exportaciones industriales”.
Desde la cámara también remarcaron que el objetivo de largo plazo es sostener un esquema de crecimiento basado en la sustentabilidad, la eficiencia productiva y la innovación tecnológica. En ese sentido, se promueve la adopción de nuevas tecnologías industriales, el desarrollo de modelos de economía circular y la mejora continua en indicadores ambientales.
La agenda institucional incluye además el fortalecimiento de la articulación público-privada, con iniciativas orientadas a mejorar la competitividad sistémica del sector y a generar información técnica que contribuya a la toma de decisiones. También se destacan programas vinculados a seguridad industrial, salud ocupacional y cuidado del ambiente, considerados pilares para la evolución del sector.
En este contexto, la CIQyP® reafirmó su compromiso con el desarrollo de una industria química y petroquímica moderna, capaz de sostener su rol como motor del entramado industrial argentino. El desafío, según plantean desde la entidad, es consolidar un sendero de crecimiento de largo plazo que permita aumentar la producción industrial, mejorar la inserción internacional y potenciar el impacto en el empleo y la economía real.
Con más de siete décadas de trayectoria, el sector se mantiene como un engranaje central del sistema productivo argentino, con capacidad de incidencia transversal en múltiples cadenas industriales y con potencial de expansión apoyado en los recursos energéticos no convencionales y en la integración con mercados globales.