Carinata, camelina y colza se consolidan en Argentina como alternativas agrícolas vinculadas a la producción de biocombustibles avanzados y combustible sostenible para aviación. El crecimiento de estos cultivos responde a una demanda internacional en expansión, contratos integrados entre empresas y productores y un mercado que exige trazabilidad y certificaciones ambientales para abastecer a la industria energética global.
A diferencia de cultivos tradicionales como soja o girasol, estas cadenas funcionan bajo un esquema integrado. Las empresas semilleras no solo desarrollan genética, sino que también proveen semillas, financiamiento, asistencia técnica y garantizan la compra de la producción. El objetivo es asegurar estándares de sostenibilidad y calidad exigidos por Europa y por el mercado de combustibles renovables.
En Argentina, el avance de estas oleaginosas se apoya principalmente en tres especies: colza, carinata y camelina. Cada una tiene características agronómicas y comerciales diferentes, aunque comparten un mismo destino estratégico: la producción de aceites para biocombustibles avanzados y SAF, el combustible sostenible para aviación.

En el caso de la carinata, una sola compañía concentra el desarrollo genético y articula toda la cadena comercial. La producción se exporta principalmente a Europa y tiene como destino final la fabricación de combustible sostenible para aviones. Incluso existe un acuerdo internacional de compra de aceite certificado vigente hasta 2050.
La camelina también avanza bajo esquemas contractuales. Parte de su producción ya se procesa en Argentina para obtener aceite y harina proteica destinada a alimentación animal, mientras crecen las inversiones en infraestructura industrial para ampliar el crushing local.
La colza, en tanto, presenta un esquema más abierto. Conviven empresas que integran toda la cadena con productores que operan de forma independiente y venden en el mercado disponible. Además, algunas variedades se utilizan para consumo humano y otras para biodiésel y lubricantes industriales.
Uno de los puntos centrales del negocio es que el productor conoce referencias de precios antes de sembrar. Esto reduce incertidumbre y mejora la planificación financiera. Para colza y carinata se utilizan referencias del mercado francés MATIF, mientras que la camelina toma como base la soja en Chicago más una prima adicional.
Según estimaciones oficiales para la campaña 2025/26, los márgenes brutos proyectados fueron positivos para los tres cultivos. La colza encabezó los resultados con 261,8 dólares por hectárea, seguida por la camelina con 143,6 dólares y la carinata con 103,7 dólares por hectárea.

El avance de estas cadenas también depende de las certificaciones de sostenibilidad, indispensables para ingresar a los mercados energéticos regulados. Europa exige trazabilidad completa, reducción de emisiones y auditorías independientes para validar el origen sustentable de los aceites destinados a biocombustibles.
Por eso aparecen esquemas como 2BSvs, RSB e ISCC, que verifican las prácticas productivas y ambientales desde la siembra hasta el destino industrial final. Estas certificaciones permiten que los aceites argentinos ingresen al mercado europeo bajo la normativa RED III, orientada a expandir el uso de energías renovables hacia 2030.
Además, carinata y camelina integran el Anexo IX Parte A de la regulación europea, la categoría más valorada dentro de los biocombustibles avanzados, lo que les permite acceder a incentivos especiales y mayor demanda internacional.
La industria aérea mundial aparece como uno de los principales motores de expansión. Tanto aerolíneas como organismos internacionales asumieron compromisos de reducción de emisiones hacia 2050, lo que impulsa la búsqueda de combustibles sostenibles para reemplazar parcialmente al combustible fósil tradicional.
En ese escenario, Argentina cuenta con ventajas competitivas. Tiene más de 10 millones de hectáreas aptas para estos cultivos, experiencia exportadora, capacidad agroindustrial instalada y nuevas inversiones orientadas al procesamiento local.

En enero de 2026, una empresa agroexportadora inauguró en Timbúes una línea de molienda capaz de procesar hasta 3.000 toneladas diarias de camelina, carinata y canola. El objetivo es avanzar hacia una integración más completa de la cadena dentro del país y capturar mayor valor agregado.
La demanda global todavía supera ampliamente la oferta disponible. Por eso, especialistas consideran que estas oleaginosas podrían transformarse en uno de los nuevos negocios estratégicos del agro argentino, especialmente en regiones donde los cultivos tradicionales enfrentan mayores limitaciones productivas.