El Gobierno nacional oficializó modificaciones en el esquema de valuación fiscal de la hacienda de invernada para establecimientos ganaderos y feedlots, una medida que busca reducir la presión tributaria sobre el proceso de engorde y mejorar la rentabilidad de los productores. La decisión quedó incorporada a través de la Ley 27.802/2026 de Modernización Laboral, sancionada este año, y fue destacada este martes por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía.
La nueva normativa introduce cambios en la forma en que los productores podrán calcular el valor fiscal de categorías como vaquillonas y novillos durante el período de engorde. El objetivo central de la medida es evitar que los establecimientos tributen sobre incrementos patrimoniales derivados únicamente de la tenencia de animales en proceso de producción y no de una venta efectivamente realizada.
Según explicó la cartera agropecuaria, la modificación impactará principalmente sobre establecimientos dedicados a la invernada y al engorde a corral, dos segmentos claves dentro de la cadena de producción bovina argentina.
La aplicación del artículo 193 de la ley habilita a los productores a utilizar un sistema de valuación basado en el costo estimativo por revaluación anual para calcular el valor del stock ganadero. En ese marco, para las categorías de vaquillonas y novillos podrán emplearse los índices de relación previstos en las tablas anexas de la ley 23.079.
De esta manera, todas las vaquillonas pasarán a ser valuadas bajo el índice correspondiente a la categoría “vaquillona de uno a dos años”, mientras que los novillos utilizarán el parámetro de “novillo de uno a dos años”, según corresponda.
La modificación implica un cambio técnico relevante para el sector porque permite reducir la valuación tributaria respecto de los precios corrientes de mercado. En términos prácticos, el productor dejará de tributar durante la etapa de crecimiento del animal sobre valores de plaza que todavía no se transformaron en ingresos concretos.
Desde el Gobierno señalaron que el esquema anterior generaba una carga impositiva anticipada sobre un proceso productivo de largo plazo, especialmente sensible en la ganadería bovina, donde el ciclo completo puede extenderse durante varios meses o incluso años.
Con el nuevo sistema, el gravamen se trasladará principalmente al momento de la venta efectiva del animal terminado, es decir, cuando exista una renta realizada. Para el sector, esto representa un alivio financiero importante en un contexto donde los costos de alimentación, sanidad y financiamiento continúan teniendo fuerte incidencia sobre la actividad.
La Secretaría de Agricultura sostuvo que la medida apunta a fortalecer la competitividad de la cadena de ganados y carnes, uno de los complejos exportadores más relevantes de la economía argentina.
En la práctica, el diferimiento impositivo podría incentivar a muchos productores a extender los períodos de engorde y apostar por animales de mayor peso, una estrategia históricamente limitada por cuestiones tributarias y financieras.
Hasta ahora, numerosos establecimientos optaban por acelerar la salida de hacienda para evitar incrementos en la carga fiscal asociados al cierre de balances contables. El nuevo mecanismo busca eliminar parte de esa distorsión y permitir decisiones productivas más vinculadas a criterios técnicos y comerciales.
Dentro del sector ganadero, distintos actores vienen reclamando desde hace años modificaciones en los sistemas de valuación impositiva aplicados al stock bovino, al considerar que no reflejaban adecuadamente la dinámica propia de una actividad biológica y de ciclos prolongados.
La ganadería argentina, además, enfrenta desde hace tiempo el desafío de aumentar el peso promedio de faena para mejorar la productividad general del rodeo y elevar el volumen exportable sin necesidad de incrementar significativamente el número de animales.
En ese contexto, desde el oficialismo consideran que una estructura tributaria menos distorsiva puede contribuir a mejorar los incentivos para producir animales más pesados y con mayor valor agregado.
La cadena bovina continúa siendo una de las actividades agroindustriales más importantes del país tanto por su aporte al mercado interno como por su capacidad exportadora. Argentina se mantiene entre los principales productores y exportadores mundiales de carne vacuna, con presencia en mercados como China, la Unión Europea, Israel y Estados Unidos.
El complejo ganadero también tiene un peso significativo en el empleo y en las economías regionales, con miles de productores distribuidos en distintas provincias y una extensa red vinculada al transporte, la industria frigorífica y la comercialización.
En los últimos años, el sector atravesó distintos escenarios marcados por cambios macroeconómicos, variaciones en los precios internacionales, restricciones comerciales y modificaciones tributarias. Frente a ese panorama, las entidades agropecuarias insistieron en reiteradas oportunidades sobre la necesidad de contar con reglas estables y esquemas fiscales adaptados a las características productivas de la actividad.
El Gobierno enmarcó la nueva medida dentro de una estrategia más amplia orientada a impulsar sectores considerados estratégicos para la generación de divisas y empleo. Según indicó Agricultura, la combinación entre estabilidad macroeconómica, previsibilidad normativa y reducción de distorsiones impositivas busca generar mejores condiciones para incrementar la inversión y la producción.
El nuevo esquema de valuación comenzará a regir para los productores alcanzados por la normativa y podría modificar la planificación financiera y tributaria de numerosos establecimientos ganaderos durante los próximos ejercicios fiscales.
Aunque el impacto concreto dependerá de factores como el tamaño de los rodeos, la duración de los ciclos de engorde y la evolución de los precios del ganado, en el sector existe expectativa por el efecto positivo que podría tener sobre la rentabilidad y la capacidad de inversión.
Con esta modificación, el Gobierno busca enviar una señal al sector agropecuario en un momento donde la producción ganadera continúa siendo una pieza central para las exportaciones argentinas y para el ingreso de divisas a la economía.