En el marco de la Semana de la Miel, la FAO, la Cámara Argentina de Fraccionadores de Miel (CAFRAM) y la Sociedad Argentina de Apicultores (SADA) lanzaron una agenda conjunta en Argentina para promover el consumo de miel, visibilizar el rol estratégico de las abejas y fortalecer una actividad productiva con presencia en 22 provincias. La iniciativa adquiere relevancia por el peso que tiene el país en el mercado internacional y por el desafío pendiente de ampliar el consumo local.
La apicultura argentina se ubica entre las principales actividades exportadoras del mundo en su segmento. El país registra una producción promedio de 80.000 toneladas de miel por año, de las cuales cerca del 95% se comercializa a granel en mercados externos. Sin embargo, el consumo interno mantiene cifras considerablemente menores respecto de otras naciones: alcanza apenas 200 gramos por habitante al año, mientras que en países como Alemania supera el kilo por persona.
Uno de los rasgos distintivos de la producción nacional es su diversidad. En el territorio argentino se identifican más de 80 variedades de mieles determinadas por su origen botánico, lo que permite obtener productos con sabores, colores y composiciones diferentes. Aun así, gran parte del mercado interno todavía presenta un bajo nivel de reconocimiento sobre estas características y no suele diferenciar entre tipos u origen del producto.
Además del aporte económico, el sector apícola desempeña un papel determinante para el funcionamiento de los sistemas agroalimentarios. La actividad de las abejas cumple una función central en los procesos de polinización, un mecanismo del que depende parcialmente alrededor del 75% de los cultivos destinados a la alimentación. En consecuencia, el fortalecimiento de la actividad impacta tanto en la producción de miel como en la productividad agrícola y la sustentabilidad.
Desde la FAO remarcaron también el componente social y territorial que sostiene a la actividad. María Julia Cabello, responsable del Área de Desarrollo Rural Sostenible del organismo en Argentina, afirmó: "Detrás de cada frasco de miel hay un productor que combina saberes ancestrales con innovación, y nuevas generaciones que están renovando la actividad, en estrecho vínculo con el territorio", según información difundida por la entidad.
Según plantearon desde el sector, el crecimiento de la demanda de alimentos naturales, productos de origen y sistemas productivos trazables abre una oportunidad para agregar valor, impulsar las economías regionales y ampliar la presencia de la miel argentina en el mercado doméstico.