La expansión de las malezas resistentes volvió a encender alarmas en el agro argentino luego de que la Red de Manejo de Plagas de Aapresid (REM) confirmara nuevos casos de resistencia en la especie Chloris virgata, conocida como “cola de caballo”. Los estudios realizados por especialistas del INTA Manfredi detectaron en el centro de Córdoba dos biotipos con resistencia diferenciada a herbicidas ampliamente utilizados en agricultura, una situación que preocupa por el rápido avance territorial de esta gramínea y por el fuerte impacto productivo que puede generar en los cultivos, informo el medio Bichos de Campo
La alerta roja fue emitida tras comprobarse resistencia a glifosato y haloxifop R-metil en poblaciones relevadas en las localidades de Costa Sacate y Colonia Cocha, dentro de la provincia de Córdoba. Según los investigadores, la maleza ya se encuentra presente en más de 11 millones de hectáreas agrícolas y continúa expandiéndose sobre las principales regiones productivas del país.
El problema adquiere especial relevancia debido a la capacidad invasiva de esta especie. La “cola de caballo” puede superar el metro de altura, producir más de 40.000 semillas por planta y provocar pérdidas de rendimiento superiores al 80% en lotes con alta infestación.
Los relevamientos realizados por la REM muestran que el género Chloris experimentó un crecimiento sostenido durante los últimos años. Inicialmente concentrada en el norte y centro del país, la maleza avanzó hasta cubrir gran parte del área agrícola argentina.
Durante 2025 fue reportada en 185 departamentos productivos, con mayor presencia en provincias como Córdoba, Santa Fe y Santiago del Estero, actualmente las regiones más afectadas por esta problemática.
Hasta ahora, Chloris había sido considerada principalmente una especie tolerante al glifosato, es decir, con respuestas variables y naturalmente menos sensibles al herbicida. Sin embargo, los nuevos estudios muestran que algunos biotipos ya desarrollaron mecanismos de resistencia confirmada, resultado de procesos de selección derivados del uso reiterado de determinados principios activos.
Desde Aapresid explicaron que la tolerancia implica una capacidad innata de supervivencia frente a un herbicida, mientras que la resistencia aparece cuando la presión de selección provoca cambios adaptativos dentro de una población vegetal.
Los nuevos hallazgos indican que en ciertas zonas agrícolas ese proceso ya ocurrió y comenzó a consolidarse.
Uno de los casos detectados corresponde a la localidad cordobesa de Costa Sacate, donde los ensayos realizados bajo condiciones controladas confirmaron resistencia moderada a glifosato.
Según detalló la REM, a la dosis comercial recomendada de 756 gramos equivalentes ácido por hectárea, aproximadamente el 60% de las plantas logró sobrevivir.
“A la dosis de marbete, el 60% de las plantas sobrevivió bajo condiciones controladas, confirmando que la presión de selección ha desplazado la respuesta hacia una resistencia moderada”, indicaron desde Aapresid.
Los investigadores advirtieron además que en condiciones de campo la situación puede agravarse, especialmente cuando las plantas alcanzan estadios avanzados de desarrollo como macollaje.
En este biotipo puntual, la especie todavía mantiene sensibilidad frente a otros principios activos como haloxifop R-metil y cletodim.
El segundo caso confirmado corresponde a Colonia Cocha, donde se detectó un perfil diferente de resistencia.
Allí, la maleza mostró resistencia específica a haloxifop R-metil. Incluso utilizando dosis equivalentes a 16 veces la recomendación comercial, parte de las plantas logró sobrevivir.
“Una proporción significativa de plantas sobrevivió incluso a dosis muy superiores a las recomendadas”, señalaron desde la REM.
En este caso, el biotipo todavía conserva susceptibilidad frente a cletodim y no presenta resistencia confirmada a glifosato, aunque los investigadores observaron menor sensibilidad comparada con otras poblaciones.
Los especialistas remarcan que estos nuevos casos reflejan el impacto acumulado de estrategias de control basadas de manera repetitiva sobre pocos mecanismos de acción herbicida.
La utilización reiterada de glifosato y graminicidas específicos favoreció procesos de selección natural que permitieron la supervivencia y reproducción de individuos menos sensibles.
Con el tiempo, esos individuos pasan a dominar la población y generan biotipos resistentes capaces de tolerar aplicaciones que antes resultaban efectivas.
Para los técnicos de la REM, el problema no se limita únicamente a la aparición de nuevas resistencias, sino también a la velocidad de dispersión territorial que muestra la maleza.
La elevada producción de semillas y la capacidad de adaptación a distintos ambientes agrícolas convierten a Chloris virgata en una especie difícil de controlar, especialmente en sistemas dominados por monocultivos y baja rotación de prácticas.
Frente a este escenario, desde Aapresid recomendaron avanzar hacia estrategias integrales de manejo y evitar depender exclusivamente de controles químicos postemergentes.
Uno de los puntos centrales señalados por los especialistas es la necesidad de incorporar herbicidas residuales que permitan reducir la emergencia escalonada de nuevas plantas y minimizar la cantidad de escapes.
“Cualquier estrategia de control debe complementarse con herbicidas residuales que permitan reducir las posibilidades de escapes y disminuir al máximo la variabilidad de los flujos”, indicaron desde la REM.
También remarcaron que las aplicaciones postemergentes deben realizarse de manera temprana, sobre malezas pequeñas y en estadios iniciales de desarrollo.
Dentro de las alternativas químicas disponibles, la mezcla de glifosato con cletodim aparece actualmente como una de las estrategias de base recomendadas para algunos biotipos.
En cambio, el uso de haloxifop R-metil debería limitarse únicamente a lotes donde exista certeza de que la población presente todavía mantiene sensibilidad al activo.
Más allá de los herbicidas, los investigadores insisten en que la solución de fondo requiere modificar los esquemas agronómicos que favorecen la presión de selección.
Entre las prácticas recomendadas aparecen la rotación e intensificación de cultivos, la diversificación de sitios de acción herbicida y la incorporación de herramientas culturales capaces de reducir la capacidad reproductiva de las malezas.
La problemática de las resistencias se transformó en uno de los principales desafíos agronómicos de la agricultura argentina, especialmente en regiones de alta intensificación productiva.
En ese contexto, el avance de Chloris virgata refleja cómo la dependencia de pocas tecnologías puede acelerar procesos adaptativos difíciles de revertir.
Para los especialistas, la aparición de nuevos biotipos resistentes confirma la necesidad de abandonar estrategias simplificadas y avanzar hacia sistemas de manejo más diversos, integrados y sostenibles a largo plazo.