La provincia de Santa Cruz avanza en un ambicioso proyecto ganadero y ambiental que busca contener el avance del guanaco sobre las zonas productivas de la Patagonia sur mediante la construcción de un gigantesco sistema de cercado de más de 350 kilómetros de extensión. La iniciativa, impulsada por productores ovinos y respaldada por organismos provinciales y nacionales, contempla la creación de un área protegida de 2,2 millones de hectáreas destinada a recuperar la rentabilidad de la ganadería ovina y ordenar el manejo de la fauna silvestre.
El plan, denominado “Modelo Integral de Ganadería Ovina Sustentable en el Corredor Estratégico de la Ruta Nacional N°3”, propone levantar un alambrado de dos metros de altura inspirado en el histórico sistema australiano utilizado para contener al dingo, el perro salvaje que durante décadas afectó a los productores de aquel país.
La iniciativa comenzó a tomar forma tras años de reclamos de productores rurales que denuncian el impacto de la creciente población de guanacos sobre los campos patagónicos. Según estimaciones preliminares, actualmente existen más de dos millones de guanacos en territorio santacruceño, una cifra que genera una fuerte presión sobre las pasturas naturales y afecta directamente la productividad de las majadas ovinas, informo LMNeuquen.
De acuerdo con información difundida por el medio +P, el dirigente ganadero Sebastián Apesteguía, uno de los impulsores del proyecto, explicó que la propuesta surgió ante la necesidad de pasar de los reclamos históricos a un esquema concreto de solución productiva.

Sebastián Apesteguía, referente ganadero, impulsa la creación del "súper corral" estratégico.
“El productor está cansado de discutir todos los años el mismo problema sin resultados. Ahora hay un plan integral que busca resolver una situación que afecta directamente la rentabilidad y la permanencia de la ganadería en la región”, sostuvo el referente rural.
El corazón del proyecto es la instalación de un gran corredor cercado entre Caleta Olivia y Puerto Deseado, siguiendo el margen oeste de la Ruta Nacional 3. La barrera tendría como límite natural la costa atlántica y buscaría evitar que los guanacos continúen avanzando sobre áreas productivas y banquinas, donde además generan accidentes de tránsito.
El modelo replica parcialmente la experiencia australiana iniciada a fines del siglo XIX para contener el avance del dingo sobre los establecimientos ovejeros. En ese país, el sistema de cercado supera actualmente los 5.600 kilómetros.
En el caso santacruceño, la obra incluiría materiales reutilizados de la industria petrolera, como caños tubing, además de varillas de plástico reciclado para mejorar la durabilidad y reducir costos de mantenimiento.
Los productores sostienen que los alambrados tradicionales resultan insuficientes porque el guanaco puede saltar cercos de hasta 1,60 metros de altura. Por esa razón, el nuevo diseño contempla una altura superior y un esquema de monitoreo permanente.

El proyecto contempla el uso de bonos de carbono como una vía de financiamiento sostenible.
La preocupación de los productores está vinculada principalmente a la competencia por el alimento y el agua en una región donde la ganadería ovina representa prácticamente la única actividad agropecuaria viable.
Apesteguía explicó que el exceso de animales silvestres deteriora la condición corporal de las ovejas, reduce la producción de lana y afecta la señalada de corderos, un indicador central para sostener la actividad.
“Si la oveja está flaca, baja la producción de lana y también la cantidad de corderos. Cuando el campo pierde productividad, se pone en riesgo todo el sistema”, señaló el dirigente rural.
Según estimaciones del sector, los más de dos millones de guanacos equivaldrían, en términos de consumo forrajero, a varios millones de ovejas adicionales sobre campos que ya presentan limitaciones naturales.
El problema también alcanza a las aguadas. Los productores denuncian que realizan inversiones permanentes para extraer agua subterránea y sostener molinos, bombas y perforaciones, pero gran parte de esa infraestructura termina siendo utilizada por la fauna silvestre sin ningún tipo de control poblacional.
Uno de los puntos más novedosos del proyecto es su esquema de financiamiento. La inversión inicial estimada ronda los 350.000 dólares, aunque los impulsores consideran que el monto podría recuperarse a largo plazo mediante mejoras productivas y nuevos mecanismos de sustentabilidad.
La propuesta incluye la posibilidad de ingresar en programas de bonos de carbono, con participación coordinada entre productores y el gobierno provincial. Bajo ese esquema, las empresas mineras y petroleras que operan en Santa Cruz podrían adquirir créditos ambientales vinculados al manejo sustentable del pastizal patagónico.
La idea apunta a generar ingresos adicionales mientras se recuperan los suelos y se mejora la eficiencia de los establecimientos ovinos.
Además, el proyecto contempla un sistema de repago similar al utilizado históricamente en la Ley Ovina, donde los productores devolverían parte de la inversión a valor producto y en plazos de varias décadas.
El diseño también incorpora mecanismos de manejo de fauna para evitar el aislamiento total de las poblaciones de guanacos. Para eso se prevé instalar “ecoductos” o compuertas de habilitación periódica cada cinco o diez kilómetros.
Estos pasos permitirían mantener el flujo genético entre poblaciones y, al mismo tiempo, facilitar un manejo controlado de la sobrepoblación dentro del área protegida.
El excedente de animales podría destinarse a aprovechamiento comercial mediante la producción de fibra de guanaco y carne bajo normas regulatorias vigentes.
“Todo lo que exceda la capacidad definida podrá transformarse en un recurso económico”, explicaron los impulsores del proyecto.
La iniciativa ya despertó interés dentro del gobierno provincial y también en organismos nacionales vinculados al ambiente y la producción. Según trascendió, el Ministerio de Producción de Santa Cruz trabaja actualmente en el desarrollo del proyecto ejecutivo para definir costos, etapas y aspectos técnicos.
Además, funcionarios nacionales mantuvieron conversaciones con representantes de la embajada de Australia para analizar experiencias similares aplicadas en aquel país.
El proyecto también contempla herramientas complementarias para enfrentar otros problemas que afectan a la actividad, como la depredación causada por pumas y zorros. Entre las medidas previstas figuran perros protectores de majada, cámaras trampa, geolocalización de ataques y monitoreo satelital.
Para los productores, el objetivo de fondo es sostener una actividad que consideran estratégica para la Patagonia. En vastas regiones de Santa Cruz, la producción ovina continúa siendo el principal motor económico y social de numerosas localidades rurales.
“La historia de Santa Cruz está ligada a la ganadería. Muchas familias pudieron desarrollarse gracias al campo y hoy necesitamos herramientas para que esa producción siga existiendo”, resumió Apesteguía.