La científica argentina Raquel Chan fue distinguida con el premio internacional Premio Internacional L'Oréal-UNESCO Por las Mujeres en la Ciencia por sus aportes en biología vegetal y el desarrollo de tecnologías orientadas a mejorar la tolerancia de los cultivos frente a sequías, temperaturas extremas y otros factores de estrés ambiental. El reconocimiento, otorgado en 2026, destacó el trabajo de la investigadora del CONICET y profesora de la Universidad Nacional del Litoral, cuyos desarrollos ya tienen aplicaciones concretas en trigo y otros cultivos estratégicos para la agroindustria.
La distinción internacional volvió a poner en primer plano el papel de la ciencia argentina dentro de la innovación agrícola global, especialmente en un contexto atravesado por el cambio climático y la necesidad de producir alimentos en ambientes cada vez más exigentes, segun el medio AgriTotal
Según informó originalmente el medio Bichos de Campo, el trabajo liderado por Chan permitió identificar genes y mecanismos biológicos capaces de mejorar la respuesta de las plantas frente al déficit hídrico y otras condiciones ambientales adversas.
Esos avances abrieron la posibilidad de desarrollar variedades de trigo, maíz, arroz y soja con mayor tolerancia a situaciones extremas, un aspecto considerado clave para regiones productivas afectadas por la variabilidad climática.
Uno de los desarrollos más conocidos vinculados a la trayectoria de Chan es la incorporación de genes asociados a tolerancia a sequía en cultivos extensivos.
La investigadora explicó que esa tecnología ya llegó al mercado en trigo y actualmente se utiliza en Argentina, Brasil y Paraguay, además de haber sido aprobada en otros países como Bolivia, Australia y Nueva Zelanda.
El avance científico tiene impacto directo sobre la producción agropecuaria porque apunta a reducir pérdidas de rendimiento en campañas atravesadas por estrés hídrico, un problema recurrente en amplias zonas agrícolas de Sudamérica.
Durante la conferencia de prensa posterior al reconocimiento, Chan destacó que los logros científicos no son el resultado de un trabajo individual, sino de equipos de investigación construidos durante años.
“Creo que es un reconocimiento a todo mi equipo. Yo a veces soy la cara visible, pero yo tengo un equipo y nada de lo que hice, lo hice sola”, afirmó la investigadora.
También remarcó la importancia del trabajo colectivo dentro de la investigación experimental y explicó que la validación científica requiere discusión permanente, repetición de ensayos y construcción conjunta de conocimiento.
“Nos sentamos a discutir los experimentos y somos un montón. Yo decido, pero sin ellos es imposible”, sostuvo.
Además del reconocimiento internacional, Chan aprovechó la exposición pública para reflexionar sobre las condiciones en las que trabaja gran parte del sistema científico argentino.
La investigadora señaló que el desarrollo científico en el país muchas veces se sostiene en contextos de limitaciones presupuestarias y dificultades administrativas.
“Ese es el secreto recordado, trabajar mucho, no aflojar y ser resiliente, muy resiliente”, expresó al describir la realidad cotidiana de los equipos científicos.
En esa línea, planteó que la resiliencia no solo se vincula con la investigación de laboratorio, sino también con la necesidad de gestionar recursos, compras y financiamiento en un sistema frecuentemente condicionado por restricciones económicas.
“Tenemos como una cultura de la resiliencia, de trabajar atando con alambres, y de pelearla contra el dulce de leche, que yo creo que en eso no nos gana nadie”, afirmó.
La científica también cuestionó la falta de financiamiento sostenido para investigación básica y remarcó que, en la mayoría de los países desarrollados, ese tipo de estudios recibe respaldo estatal debido a que el sector privado rara vez invierte en etapas donde no existe rentabilidad inmediata.
Chan sostuvo además que Argentina todavía enfrenta dificultades para conectar investigación científica con inversión empresarial y desarrollo tecnológico.
“Nos falta un eje vinculador entre esa ciencia básica y la inversión del privado”, señaló durante la conferencia.
Según explicó, otros países cuentan con incentivos fiscales, leyes de promoción o sistemas de mecenazgo que favorecen la articulación entre empresas y ciencia aplicada.
Para la investigadora, el desafío no pasa por copiar modelos externos de manera automática, sino por adaptar experiencias exitosas a la realidad argentina.
“No tenemos por qué ser los primeros en todo, hay que mirar un poco qué funcionan otros países y adaptar lo nuestro”, indicó.
La discusión resulta especialmente relevante para el agro argentino, donde el desarrollo de nuevas tecnologías aparece como una herramienta estratégica para mejorar productividad, resiliencia y competitividad internacional.
Con esta distinción, Argentina se consolidó como el país latinoamericano con mayor cantidad de científicas reconocidas por el programa L'Oréal-UNESCO.
Hasta el momento, el país acumula 12 investigadoras premiadas entre laureadas y talentos emergentes.
Dentro de la comunidad científica, el reconocimiento fue interpretado como una validación internacional de la calidad de las investigaciones desarrolladas en universidades e institutos argentinos.
Chan también consideró que parte de las críticas que recibe el sistema científico local están relacionadas con una insuficiente divulgación hacia la sociedad.
“Hay una parte de nuestra responsabilidad, que es no haber divulgado lo suficiente y no haber hecho entender al resto de nuestra población que, para salir de ser un país pobre, hay que hacer ciencia”, afirmó.
Y agregó: “Estoy convencidísima de que la ciencia nos hace soberanos, nos hace independientes, nos hace libres”.
Además de sus investigaciones en cultivos extensivos, Chan destacó desarrollos orientados a la agricultura familiar y pequeños productores hortícolas.
Uno de ellos consiste en una técnica simple basada en aplicar peso sobre determinadas plantas en etapas específicas de crecimiento, con el objetivo de estimular producción de semillas y frutos.
Según detalló, el método fue probado en tomate, berenjena y pimiento, obteniendo incrementos productivos de entre 30% y 50%, además de adelantos en la floración.
Ese anticipo permite a pequeños productores ingresar antes al mercado y mejorar competitividad comercial en períodos de menor oferta.
La investigadora explicó además que el equipo desarrolló materiales audiovisuales en español e inglés para facilitar el acceso abierto a la información y promover capacitaciones en municipios, cooperativas y organizaciones vinculadas a la agricultura familiar.
El reconocimiento internacional a Raquel Chan volvió a instalar el debate sobre el papel estratégico de la ciencia aplicada en un país atravesado por eventos climáticos extremos y la necesidad de agregar valor a su producción agroindustrial.
Dentro del sector agropecuario, la posibilidad de desarrollar cultivos más tolerantes al estrés hídrico aparece como una herramienta central para sostener productividad frente a campañas cada vez más variables.
En ese contexto, el premio otorgado por L'Oréal-UNESCO no solo destacó una trayectoria científica individual, sino también el impacto que puede tener la investigación pública argentina sobre la producción de alimentos y la competitividad del agro en los próximos años.