En 1978, con apenas 19 años, Daniel Paradiso abrió una heladería en el garage de una casa en la localidad bonaerense de Victoria. Casi cinco décadas después, Helados Daniel cuenta con 92 franquicias, produce más de 2 millones de kilos de helado por año y opera desde una planta industrial en Garín. Según informó TN, el crecimiento de la empresa se apoyó en la innovación de sabores, la expansión familiar y un modelo de franquicias enfocado en el AMBA.
La historia comenzó mucho antes de la apertura del primer local. Paradiso trabajaba desde adolescente en una heladería de barrio durante los veranos, mientras terminaba la secundaria técnica y hacía trabajos como electricista. Su objetivo era claro: tener un emprendimiento propio.
Con pocos recursos, alquiló un garage sobre la calle Palacios, en Victoria, y compró máquinas usadas equivalentes al valor de cuatro Fiat 600. “Pensábamos pagar el derecho de piso y luego irnos a un lugar más importante, pero fue un éxito desde el primer momento”, recordó, según informó TN.
El fundador explicó que el aprendizaje fue completamente práctico. “En la otra heladería había aprendido el trabajo mecánico, pero el oficio real lo aprendí estando al frente”, sostuvo. También destacó que su formación como técnico electrónico le aportó conocimientos de química y física aplicados a la producción artesanal de helado.
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El crecimiento fue progresivo. El garage original se convirtió en local comercial y luego llegó la expansión. En 1985 abrió la primera sucursal en La Horqueta, que todavía sigue funcionando. Décadas más tarde, la marca se consolidó como una de las cadenas de heladerías más reconocidas del Área Metropolitana de Buenos Aires.
Uno de los hitos más importantes llegó a comienzos de los años 90 con la creación del súper dulce de leche, un sabor que terminó convirtiéndose en un clásico del mercado argentino. “En esa época, la manera de diferenciarnos era innovar en sabores”, explicó Paradiso.
La empresa también impulsó otros productos que luego se popularizaron en el sector, como el alfajor helado, el bombón suizo y la crema moka con almendras, que actualmente se comercializa bajo el nombre de cappuccino al caramelo para captar consumidores más jóvenes.
Hoy, Helados Daniel funciona bajo un esquema de franquicias y concentra sus operaciones en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense. Además, cuenta con una planta de producción de 2.600 metros cuadrados en Garín, inaugurada hace diez años para acompañar el crecimiento del negocio.
La conducción operativa quedó en manos de la segunda generación familiar. María Sol y Florencia Paradiso, junto a Javier Giunta, yerno del fundador y responsable de la planta, lideran actualmente la gestión diaria. Daniel Paradiso continúa vinculado a la empresa desde la dirección estratégica.

Según informó TN, la compañía mantiene además cinco locales propios que funcionan como espacios de prueba para promociones y nuevos productos antes de expandirlos al resto de las franquicias.
A pesar de la consolidación de la marca, Paradiso reconoció que el contexto económico actual impacta sobre el consumo. “El objetivo es surfear la situación actual y que las franquicias tengan salud”, afirmó.
El empresario también destacó cómo cambió el mercado del helado en las últimas décadas. Antes, las heladerías reducían drásticamente su actividad durante el invierno. Hoy, gracias al delivery y las aplicaciones, el consumo se sostiene durante todo el año.
El nombre de la marca también tiene una historia particular. Paradiso decidió bautizar la empresa con su propio nombre, inspirado en la heladería donde trabajó de joven. Aunque en sus comienzos algunos cuestionaban la decisión por considerarla poco “marketinera”, con el tiempo se transformó en una identidad reconocida.
Después de atravesar crisis económicas como la hiperinflación de 1989, el colapso de 2001 y la crisis internacional de 2008, Paradiso mantiene intacta una filosofía basada en el trabajo cotidiano y el vínculo cercano con el producto y los clientes.