El presidente del Centro de la Industria Lechera (CIL) y titular de Manfrey, Ercole Felippa, aseguró durante la exposición Todo Láctea realizada en San Francisco, San Francisco, que la industria láctea argentina no atraviesa una crisis generalizada, aunque advirtió que numerosas empresas, especialmente pymes, enfrentan un escenario complejo por la elevada presión tributaria y la pérdida de competitividad.
Según reconstruyó Bichos de Campo a partir de una entrevista realizada durante el evento, Felippa buscó despejar la percepción instalada tras las dificultades financieras que atraviesan compañías históricas del sector como SanCor y Verónica. Para el dirigente empresario, los problemas puntuales de algunas firmas no reflejan una situación homogénea dentro del negocio lechero.
“Yo no hablaría de una crisis generalizada de la industria láctea. En Argentina hay más de 600 empresas y aparecen en los diarios dos o tres casos puntuales”, señaló Felippa a Bichos de Campo. También sostuvo que existen compañías, incluso pequeñas y medianas, que mantienen inversiones y logran sostener buenos niveles de actividad pese al contexto.

El dirigente explicó que la actividad posee características estructurales que la diferencian de otras industrias. La producción primaria depende de un proceso biológico que impide ajustar rápidamente la oferta cuando cae la demanda. “A las vacas no les podés explicar que bajó el consumo”, resumió.
La actividad, además, quedó expuesta a una fuerte transformación macroeconómica durante los últimos años. Felippa sostuvo que la economía argentina atravesó una etapa de desequilibrios severos y consideró que las medidas de ordenamiento aplicadas por el Gobierno generaron un impacto inicial muy fuerte sobre distintos sectores productivos.
El presidente del CIL recordó que cerca del 75% de la producción láctea argentina históricamente se orienta al mercado interno. En ese sentido, afirmó que durante 2024 se registró una caída significativa del consumo y que, aunque la demanda mostró cierta recuperación durante 2025 y el inicio de 2026, todavía permanece debajo de niveles históricos.
Al mismo tiempo, destacó que la producción creció alrededor de un 10% durante ese período, lo que obligó a las industrias a buscar mercados externos para absorber el excedente.

Ese aumento de la oferta también impactó sobre el valor recibido por los tambos. Felippa, quien además de industrial se desempeña como productor, reconoció que el precio de la leche cruda registró un retroceso real y hoy se ubica entre 36 y 37 centavos de dólar por litro, luego de haber alcanzado niveles cercanos a los 45 o 47 centavos.
“Hay explotaciones a las que esos valores no les cierran y necesitan precios superiores a los 40 centavos”, afirmó.
Según explicó, los valores previos estaban impulsados por situaciones extraordinarias y necesidades de abastecimiento industrial más que por una dinámica genuina del mercado. Esa situación generó, a su juicio, una corrección posterior que afectó a muchos productores.
Sin embargo, fue una frase la que sintetizó la principal preocupación del dirigente: “Tenemos la leche más barata del mundo y tenemos los productos lácteos más caros del mundo. ¿Qué pasa en el medio?”, planteó durante la entrevista con Bichos de Campo.

Para Felippa, la explicación central está vinculada con la estructura impositiva argentina. El dirigente sostuvo que aproximadamente el 40% del precio final de un producto lácteo corresponde a impuestos distribuidos entre Nación, provincias y municipios.
“Cada 100 pesos que vale un producto, 40 son impuestos”, señaló.
Según su análisis, ese peso tributario no solo afecta a las empresas sino también al consumidor y al empleo formal. Explicó que el costo laboral incorpora una elevada carga impositiva y que esa situación reduce el ingreso disponible y el consumo.
En ese contexto, reclamó reformas estructurales que abarquen todos los niveles del Estado y cuestionó la superposición de gravámenes que, según su visión, distorsionan la actividad económica.
Felippa también advirtió sobre otro fenómeno que considera crítico: el avance de la informalidad dentro del negocio lácteo.
“La informalidad es una competencia desleal y genera enormes distorsiones”, sostuvo. Además, indicó que las diferencias de costos entre quienes operan dentro del sistema formal y quienes trabajan al margen terminan afectando la competitividad del conjunto del sector.
El presidente del CIL aseguró que la entidad mantiene conversaciones con el Gobierno nacional para discutir alternativas. Indicó que incluso varios estudios técnicos sobre carga tributaria fueron elaborados a pedido de funcionarios.
Otro punto de discusión gira alrededor del esquema exportador. Tras la eliminación de las retenciones para el sector lácteo, la actividad también perdió los reintegros a las exportaciones. Felippa explicó que esos mecanismos permitían compensar parte de la carga tributaria incorporada a los productos que salen al exterior.
“El sector lácteo no tiene retenciones, pero tampoco tiene reintegros”, señaló. Y agregó que eso implica exportar productos que arrastran costos fiscales internos, una situación que limita la capacidad de competir internacionalmente.
Mientras algunas empresas enfrentan dificultades y otras avanzan con inversiones, la discusión sobre costos, impuestos y competitividad vuelve a instalarse en el centro del debate de una actividad que sigue siendo estratégica para el entramado agroindustrial argentino.