La necesidad de fortalecer la representación política del agro y construir consensos para impulsar políticas públicas de largo plazo dominó uno de los debates centrales del Congreso Maizar 2026, realizado en la Ciudad de Buenos Aires. Funcionarios nacionales, legisladores y referentes del sector agroindustrial coincidieron en que la Argentina necesita consolidar un esquema de mayor participación parlamentaria del campo y tomaron como referencia el modelo brasileño, donde la agroindustria logró conformar un bloque político con fuerte incidencia legislativa, informo TNCampo.
El planteo surgió durante el panel “Del potencial a los resultados”, desarrollado en el complejo Goldencenter y moderado por el presidente de Maizar, Federico Zerboni. Del encuentro participaron el secretario de Desregulación de la Nación, Alejandro Cacace; el diputado nacional Luis Picat; el presidente de la Associação Brasileira dos Produtores de Milho (Abramilho), Paulo Bertolini; y el empresario agropecuario y miembro de CREA, Germán Weiss.
A lo largo del debate, los expositores coincidieron en que el sector agroindustrial argentino necesita mejorar su capacidad de diálogo con la política y ampliar su presencia institucional para influir en la elaboración de leyes vinculadas a producción, comercio exterior, infraestructura y tributación.
Uno de los conceptos más repetidos durante la jornada fue la necesidad de “salir de la tranquera”, una expresión utilizada para señalar que el campo debe involucrarse más activamente en la discusión pública y fortalecer su capacidad de comunicación con el resto de la sociedad.
Para los referentes del sector, el crecimiento del agro brasileño en las últimas décadas no solo respondió a factores productivos y tecnológicos, sino también a una estrategia política organizada que permitió defender intereses comunes dentro del Congreso.
El dirigente brasileño Paulo Bertolini expuso la experiencia de representación política desarrollada en Brasil a partir del fortalecimiento del denominado Frente Ruralista, un espacio parlamentario integrado por legisladores vinculados al sector agropecuario.
“Cuando volvió la democracia a Brasil, esa bancada no existía”, recordó Bertolini durante el panel. Según explicó, el bloque comenzó a consolidarse inicialmente para enfrentar conflictos vinculados a ocupaciones de tierras y luego evolucionó hacia una estructura política más amplia y organizada.
Con el crecimiento de la agroindustria brasileña, el sector comenzó a ganar peso dentro del Congreso y logró construir herramientas institucionales de apoyo técnico y político. Entre ellas se destacó la creación del Instituto Pensar Agro (IPA), una entidad integrada por más de 50 organizaciones vinculadas a la producción agropecuaria.
“Se trata de un ente técnico de apoyo a los legisladores, pero sobre todo una herramienta política que organiza la agenda de discusión del agro en el Parlamento”, explicó Bertolini.
El dirigente detalló que actualmente el agro posee una representación parlamentaria decisiva dentro de Brasil. “En Brasil los diputados del agro son 330 sobre un total de 500, y los senadores son 44 sobre un total de 88”, afirmó.
Según explicó, esa capacidad de articulación permitió impedir el avance de medidas consideradas perjudiciales para el sector, como retenciones o restricciones a las exportaciones agropecuarias.
Además, Bertolini vinculó directamente el crecimiento del agro brasileño con la estabilidad de las políticas públicas. “Las políticas contra el campo en Argentina han ayudado mucho al crecimiento del agro en países como Brasil, Paraguay y Estados Unidos”, señaló durante su exposición.
En el panel también se discutieron las dificultades estructurales que enfrenta la agroindustria argentina para expandir producción, inversiones y generación de empleo.
El productor bonaerense Germán Weiss cuestionó la falta de políticas de incentivo para el sector y sostuvo que la Argentina desaprovechó el crecimiento global de la demanda de alimentos durante las últimas décadas.
“En este siglo, el consumo de alimentos a nivel mundial creció más de 50 %, pero como país no lo aprovechamos”, afirmó.
Weiss también criticó el esquema tributario aplicado sobre la producción agropecuaria y aseguró que el agro argentino opera bajo un sistema inverso al de otros países competidores.
“A diferencia del Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI) o de la promoción de Tierra del Fuego, el agro tiene también un régimen especial pero que funciona al revés”, sostuvo.
Durante su exposición, el empresario remarcó que tanto Brasil como Estados Unidos destinan recursos de apoyo al sector agropecuario equivalentes al 0,4 % y 0,5 % de su PBI respectivamente, mientras que en la Argentina el impacto es negativo debido a la presión impositiva.
Las críticas también apuntaron contra las retenciones agropecuarias, consideradas por gran parte del sector como uno de los principales factores que limitan inversiones y expansión productiva.
Según Weiss, el agro argentino no logró explicar adecuadamente ante la sociedad el impacto económico de esos tributos. “Durante muchos años no supimos explicar que las retenciones fueron dramáticas para el país y no solo para la producción”, afirmó.
El diputado nacional Luis Picat, ex dirigente rural y ex intendente de Jesús María, consideró que los productores deben incrementar su participación en instituciones intermedias, entidades rurales y espacios políticos.
“Hace falta más participación en las entidades y comunidades, hay que salir de la tranquera”, expresó.
Picat también señaló que muchas provincias defienden con firmeza sus economías regionales en el Congreso, pero advirtió que el desafío pendiente es representar al agroindustrialismo como una cadena integrada.
En ese contexto, destacó el trabajo de la Fundación Barbechando, organización integrada por productores y técnicos que sigue la agenda parlamentaria vinculada al agro y mantiene diálogo permanente con legisladores nacionales.
“Antes del conflicto de la 125 no teníamos representación política; la mesa de enlace nos dio esa representación”, recordó.
El presidente de Maizar, Federico Zerboni, también valoró el rol de Barbechando por su trabajo técnico y de articulación institucional. Según sostuvo, el objetivo debe ser construir consensos y evitar una relación confrontativa con el sistema político.
En paralelo, el secretario de Desregulación, Alejandro Cacace, planteó que el nuevo escenario económico obliga al agro a cambiar su lógica de discusión y avanzar hacia acuerdos de largo plazo.
“Con estabilidad y crecimiento, tenemos que cambiar el chip para actuar con las nuevas reglas”, afirmó.
El funcionario adelantó además que el Gobierno trabaja en nuevas medidas vinculadas al mercado de semillas y propiedad intelectual. Entre ellas, mencionó una futura habilitación para que privados puedan participar en tareas de fiscalización y la conformación de una mesa de discusión para una nueva ley de semillas.
Cacace consideró que uno de los desafíos centrales es mejorar la productividad agropecuaria mediante incentivos a la innovación tecnológica y protección de la propiedad intelectual.
Durante el cierre del panel, varios expositores insistieron en que la agroindustria argentina necesita construir una agenda común y comunicar con mayor claridad el impacto económico y social del sector.
“El agro es la producción más federal que hay”, sostuvo Weiss, quien además aseguró que existen millones de hectáreas sin explotar productivamente debido a la falta de condiciones competitivas.
La discusión planteada en el Congreso Maizar dejó expuesta una preocupación compartida entre empresarios, dirigentes y funcionarios: la necesidad de que el campo gane mayor capacidad de representación política para impulsar reformas estructurales y recuperar competitividad frente a otros países de la región.