La actividad económica en Argentina registró en abril un crecimiento interanual del 5,5%, de acuerdo con el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). El dato se conoce en un contexto de ajuste fiscal y transformación del esquema macroeconómico impulsado por el Gobierno de Javier Milei, y refleja una mejora generalizada en la mayoría de los sectores productivos, con excepción de la administración pública.
El informe oficial indica que la economía no solo creció en términos interanuales, sino que también mostró un avance del 3,5% respecto de marzo, tras la caída registrada en febrero. A su vez, el indicador tendencia-ciclo acumula 25 meses consecutivos de variaciones positivas, lo que sugiere una continuidad en la recuperación de la actividad, aunque con diferencias entre sectores.
El desempeño estuvo liderado por ramas vinculadas a la producción primaria y a las exportaciones. La agricultura, ganadería y silvicultura registró un incremento del 17,9% interanual, mientras que la minería y las canteras avanzaron un 16,3%. En tanto, la pesca mostró el mayor salto relativo, con una suba del 30,9%, y la construcción creció 7,6% en el mismo período.

La industria manufacturera también mostró signos de recuperación, con un aumento del 4,6% interanual, en un escenario de debate sobre la competitividad, la apertura comercial y las reformas estructurales en curso. Estos datos contrastan con la caída del sector de administración pública y defensa, que retrocedió 1,12%, siendo el único rubro con variación negativa dentro del relevamiento del INDEC.
El Gobierno interpreta estos resultados como una señal de reordenamiento de la estructura económica, con menor incidencia del sector público en el crecimiento y mayor protagonismo de los sectores exportadores. Sin embargo, economistas advierten que la evolución de la actividad aún depende de factores como la estabilidad cambiaria, el acceso al financiamiento y la evolución del poder adquisitivo.
En paralelo al desempeño del mercado interno, el frente externo mostró una mejora significativa. En abril, Argentina registró un superávit comercial de 2.711 millones de dólares, lo que representa un aumento interanual del 1.166%. En el acumulado del primer cuatrimestre, el saldo positivo alcanzó los 8.277 millones de dólares.

Las exportaciones crecieron un 33,6% interanual y llegaron a 8.914 millones de dólares, con un máximo histórico en ventas de energía y combustibles. Este comportamiento está asociado principalmente al desempeño del complejo agroindustrial, energético y minero, que viene ganando participación dentro de la canasta exportadora.
El fortalecimiento del sector externo es uno de los elementos centrales del actual esquema económico, en un país históricamente condicionado por la escasez de divisas. La mayor generación de dólares por exportaciones contribuye a reducir la presión sobre el Banco Central y mejora la capacidad de intervención en el mercado cambiario.
En este contexto, también se observó una mejora en los indicadores financieros. El riesgo país se ubicó cerca de los 500 puntos básicos, nivel considerado por el mercado como un umbral de mayor estabilidad relativa respecto de períodos anteriores de tensión macroeconómica.
Uno de los motores del nuevo perfil exportador es el desarrollo energético, en particular el avance de Vaca Muerta, que continúa ampliando la producción de petróleo y gas no convencional. A esto se suma el crecimiento de la minería metalífera y del litio, sectores que incrementaron su participación en las exportaciones totales.
Según estimaciones de la consultora Abeceb, Argentina podría alcanzar exportaciones por 94.400 millones de dólares en el año, lo que implicaría un nuevo récord nominal. La directora de Operaciones de la firma, Natacha Izquierdo, señaló que “2026 no solo marcaría un récord nominal, sino que consolidaría un cambio cualitativo en la composición de las exportaciones argentinas”. Además, destacó que “a la fortaleza tradicional del agro se suma con peso creciente el aporte de Vaca Muerta, la minería metalífera y el litio”.

Desde el Gobierno nacional, el equipo económico sostiene que la combinación de equilibrio fiscal, superávit comercial y reducción de la emisión monetaria sienta las bases para una etapa de mayor estabilidad. El ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó recientemente que “el nivel de actividad económica alcanzó un nuevo máximo histórico en marzo”, y proyectó que la recuperación podría acelerarse en los próximos meses.
En esa línea, el Ejecutivo impulsa una agenda de reformas que incluye cambios laborales, desregulaciones y un esquema de concesiones de infraestructura. El objetivo es estimular la inversión privada y ampliar la participación del sector productivo en el crecimiento.
El Gobierno considera que la mejora de las exportaciones y la mayor previsibilidad macroeconómica podrían generar un efecto de retroalimentación positiva sobre la actividad. “Cuando se entra en un periodo bueno, esa bonanza se empieza a retroalimentar”, sostuvo Caputo en declaraciones recientes.
A pesar de los datos positivos en algunos indicadores, analistas del mercado remarcan que la sostenibilidad de la recuperación dependerá de la evolución del consumo interno, la inversión y la capacidad de consolidar el proceso de estabilización macroeconómica en un contexto aún volátil.
Con un crecimiento heterogéneo entre sectores y un fuerte impulso de las exportaciones, la economía argentina muestra señales de reacomodamiento tras un período de ajuste, mientras el Gobierno busca consolidar un nuevo esquema de crecimiento basado en la expansión del sector privado y el ingreso de divisas.