La cabaña Agromelú celebró sus 90 años de trayectoria con un remate especial realizado en San Antonio de Areco, donde reproductores y vientres de genética superior alcanzaron destacados valores de mercado y evidenciaron el sostenido interés de los productores por invertir en mejoramiento genético. La subasta, desarrollada el 8 de junio, reunió a criadores, consignatarios y referentes de la actividad ganadera en una jornada que combinó negocios, historia y expectativas positivas para el futuro del sector.
De acuerdo con información publicada por el portal especializado Bichos de Campo, el remate organizado por la firma Colombo y Magliano dejó en evidencia una demanda activa por reproductores registrados, en un contexto donde la ganadería argentina mantiene perspectivas favorables de mediano plazo y donde la incorporación de genética aparece como una de las principales herramientas para mejorar la productividad de los rodeos.
La venta tuvo un significado especial para la familia Elizalde y para buena parte del sector ganadero nacional. Fundada en 1936, Agromelú alcanzó nueve décadas de actividad ininterrumpida dedicadas al desarrollo de genética bovina, convirtiéndose en una de las cabañas de mayor reconocimiento dentro de la raza Angus.
Durante la jornada estuvieron presentes distintas generaciones vinculadas a la empresa familiar, así como productores de diversas provincias que participaron de una subasta que se extendió durante varias horas debido a la cantidad de animales ofrecidos y al interés de los compradores.
Según explicó Juan Pedro Colombo, consignatario de Colombo y Magliano, el remate reflejó la confianza que mantienen los productores en el negocio ganadero.
"El remate tuvo la particularidad de que este año la cabaña cumplió 90 años. Estuvo toda la hacienda de pedigree presente en el Parque Criollo y fue una muy buena muestra de lo que la genética de Agromelú derrama en los diferentes rodeos", señaló Colombo al portal Bichos de Campo.
La actividad comenzó luego de una serie de homenajes destinados a repasar la historia de la cabaña y reconocer el trabajo de quienes contribuyeron a su desarrollo a lo largo de las décadas. Posteriormente se dio inicio a la comercialización de vientres certificados y reproductores.
Los valores alcanzados durante la subasta reflejaron el interés por incorporar genética de calidad. Las vacas paridas certificadas se comercializaron entre 3,8 y 4 millones de pesos, mientras que los vientres puro controlado rondaron los 3,5 millones de pesos.
Por su parte, las vaquillonas para entorar registraron precios de entre 2 y 2,5 millones de pesos, en tanto que las terneras destacadas alcanzaron valores de entre 2,5 y 2,7 millones de pesos.
Sin embargo, uno de los momentos más relevantes de la jornada llegó con la salida a pista de los reproductores machos.
"Había cerca de 80 toros de pedigree y el promedio estuvo cerca de los 15 millones de pesos", destacó Colombo en declaraciones difundidas por Bichos de Campo.
Las operaciones se realizaron de manera individual y con financiación a cinco cuotas, una modalidad que facilitó la participación de productores de distintas regiones del país.
Más allá de los resultados económicos obtenidos durante la subasta, los referentes del sector destacan que el creciente interés por la genética responde a una transformación más profunda que atraviesa la actividad ganadera.
La mejora genética se consolidó en los últimos años como una herramienta clave para aumentar la eficiencia productiva, mejorar índices reproductivos, incrementar ganancias de peso y responder a las exigencias de los mercados internos e internacionales.
En ese contexto, las cabañas especializadas vienen registrando una demanda sostenida por parte de productores que buscan incorporar reproductores capaces de generar mejoras concretas en sus rodeos.
Para Colombo, esta tendencia no es exclusiva de Agromelú sino que se observa en numerosos remates realizados durante la presente temporada.
"Los remates que hemos realizado nosotros y los que hemos visto en las últimas semanas muestran una demanda muy dinámica y muy firme por productos de buena calidad", afirmó.
Según explicó, el interés por los reproductores de elite guarda relación con las buenas perspectivas que ofrece la actividad ganadera para los próximos años.
La recuperación de los precios de la hacienda durante los últimos ciclos, sumada a una visión favorable sobre la evolución futura del negocio, alienta inversiones que años atrás resultaban más difíciles de concretar.
El buen desempeño de los remates de genética también encuentra respaldo en la situación que atraviesan los productores de cría.
De acuerdo con Colombo, quienes buscan incorporar toros o vientres cuentan actualmente con una relación de compra favorable y observan oportunidades de crecimiento en el mediano plazo.
"Creo que replica un poco lo que estamos viendo en la invernada. El criador que va a reponer y buscar un toro o un vientre tiene un buen poder de compra y, sobre todo, una expectativa a futuro alentadora. A mediano plazo la expectativa para la ganadería es buena", sostuvo.
La apreciación coincide con el desempeño registrado durante la reciente zafra de terneros, considerada por numerosos operadores como una de las más dinámicas de los últimos años.
Si bien los valores experimentaron una corrección luego de los máximos observados entre marzo y abril, los precios continúan ubicándose en niveles históricamente atractivos para la actividad.
Otro elemento que podría fortalecer la demanda de genética bovina es la reciente implementación del Régimen de Incentivo a las Nuevas Inversiones (RINI) para reproductores registrados.
La herramienta permite amortizar este tipo de inversiones en un plazo reducido, generando beneficios fiscales para quienes decidan incorporar animales de alto valor genético.
"Los reproductores se amortizan en un año y eso puede ser algo positivo para muchos criadores. Hay que mirar bien los detalles, pero es una herramienta interesante para quien quiera mejorar genéticamente su rodeo", explicó Colombo a Bichos de Campo.
Desde distintos sectores de la actividad consideran que este tipo de medidas puede acelerar la adopción de genética superior, especialmente entre productores medianos y pequeños que buscan aumentar la competitividad de sus establecimientos.
La celebración por los 90 años de Agromelú tuvo también un fuerte componente emotivo. Durante el encuentro se repasó la historia de la cabaña y el aporte realizado por distintas generaciones de la familia Elizalde al desarrollo de la ganadería argentina.
Uno de los momentos más destacados fue la presencia del padre de Martín Elizalde, quien recientemente cumplió 100 años y participó de los festejos.
El remate dejó una señal positiva para la actividad ganadera: la inversión en genética continúa siendo una prioridad para numerosos productores, incluso en escenarios de volatilidad económica.
Mientras el sector busca mejorar índices productivos y responder a mercados cada vez más exigentes, la genética aparece como uno de los pilares para sostener el crecimiento de la ganadería argentina.
Los resultados obtenidos por Agromelú en su aniversario número 90 no sólo reflejan el reconocimiento a una trayectoria histórica, sino también la confianza que mantiene el sector en la incorporación de tecnología y conocimiento para construir los rodeos del futuro.